14 Ιούλιος 2009

ΣΤΗ ΣΑΡΚΑ ΤΟΥ Η ΘΕΡΜΗ ΠΕΡΑΣΕΝ Η ΕΡΩΤΙΚΗ

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

En el aburrido pueblo (1925)

Es muy joven
y vive en un pueblo aburrido, donde trabaja
empleado como dependiente.
Aún hay que esperar
que pasen dos o tres meses
para que el trabajo disminuya,
y pueda ir a la ciudad a divertirse.
En el aburrido pueblo donde espera,
una noche, enfermo de deseo, se mete en la cama,
su juventud ardiente de lujuria,
padece una bella intensidad;
y en su sueño llega la voluptuosidad,
y en él ve y posee el cuerpo que imagina...

*****

Vino con la intención de leer (1924)

Vino con la intención de leer;
dos o tres libros están abiertos, poetas e historiadores.
Había leido apenas diez minutos
y los hizo a un lado. Dormita sobre el sofá.
Es un gran aficionado a la lectura;
pero tiene veintitrés años, y es tan bello.
Esta tarde, el amor penetró
en su ideal cuerpo, en sus labios.
Por su carne, que es toda belleza
pasó la fiebre del deseo,
sin sentirse avergonzado por esta forma de embeleso.

Contantino Cavafis: Poesía erótica 1892-1931 (Ácrono, 2001)
Trad.: Cayetano Cantú

9 Ιούλιος 2009

ΥΠΝΩΤΙΣΜΕΝΟΣ ΑΠΟ ΤΗΝ ΑΝΟΜΗ ΗΔΟΝΗ

Preguntaba por la calidad (1927)

Desde la oficina donde lo habían tomado
para un puesto insignificante y mal pagado
(como ocho liras al mes: con los extras)
salió al terminar su maldito trabajo
donde la tarde entera había estado agachado:
salió a las siete, e iba caminando lentamente
haraganeando por la calle.- Hermoso,
e interesante: de tal modo que mostraba haber llegado
a su plena realización sensual.
Los veintinueve años, los había cumplido el mes pasado.
Vagaba por la calle, y por los pobres
pasajes que llevaban a su casa.
Al pasar frente a un pequeño negocio
donde vendían unos artículos
falsificados y baratos para obreros,
vio dentro una cara, vio una figura
que le atrajo y entró, como buscando
ver unos pañuelos de color.
Preguntaba por la calidad de los pañuelos
y cuánto costaban con voz ahogada,
casi apagada por el deseo.
Y de igual manera vinieron las respuestas,
distraídas, en voz baja,
con un consentimiento subentendido.
Seguían hablando sobre la mercancía -pero
único objetivo: que se tocaran las manos
sobre los pañuelos; que se acercaran
los rostros, los labios como por casualidad:
un contacto momentáneo del cuerpo.
Rápida y furtivamente, para que no se diera cuenta
el dueño de la tienda que estaba sentado al fondo.

Costantino Cavafis / Grecia
Trad.: Miguel Castillo Didier
.
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Yannis Tsarouchis (Grecia)

Su Origen (1921)
.
El ansia de su ilícito placer
sa ha saciado. Del colchón se han levantado
y aprisa se visten sin hablar.
Por separado salen, a escondidas, de la casa
y por la calle van inquietos, parece
como si sospecharan que algo en ellos les traiciona
por la clase de lecho en que hace poco cayeron.

Cómo se ha enriquecido, en cambio, la vida del poeta.
Mañana, pasado o años más tarde se escribirán
los versos vigoroso que aquí tuvieron su comienzo.
.
Costantino Cavafis / Grecia
Trad.: Pedro Bádenas de la Peña
.
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Yannis Tsarouchis (Grecia)
.
En la calle (1916)

Su simpático rostro un poco pálido
y los ojos castaños aún absortos.
Veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte.
Algo le da en su atuendo vago aire de artista:
la corbata tal vez o la forma del cuello.
Marcha sin fin preciso por la calle
como aún poseído del placer ilegal,
del prohibido amor que acaba de ser suyo.
.
Costantino Cavafis / Grecia
Trad.: José Ángel Valente

4 Ιούλιος 2009

ΣΑΡΚΑΣ ΑΠΟΛΑΥΣΙΣ

La vitrina de la cigarrería (1917)
.
Junto a una iluminada vitrina
de una cigarrería estaban, entre otros muchos.
Casualmente sus miradas se encontraron,
y el ilícito deseo de sus cuerpos
expresaron tímidamente, con vacilación.
Después, unos pocos pasos inquietos en la acera -
hasta que sonrieron, y se hicieron una leve seña.
Y enseguida ya el coche cerrado...
el acercamiento sensual de los cuerpos;
las manos unidas, los labios unidos.

Costantino Cavafis / Grecia
Trad.: Miguel Castillo Didier

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Yannis Tsarouchis (Grecia)
.
A permanecer (1919)
.
Sería la una de la madrugada,
o la una y media.
En un rincón de la taberna:
detrás del tabique de madera.
Fuera de nosotros dos, el negocio totalmente vacío.
Una lámpara de petróleo lo alumbraba apenas.
En la puerta, dormitaba el sirviente trasnochado.
No nos veía nadie. Pero ya
nos habíamos inflamado tanto,
que fuimos incapaces de precauciones.
Las ropas se entreabrieron -muchas no eran
porque ardía un divino mes de julio.
Goce de la carne entre
las ropas semiabiertas:
desnudez fugaz del cuerpo -cuya imagen
veintiséis años ha atravesado: y ahora vino
a permanecer en este poema.
.
Constantino Cavafis /Grecia
Trad.: Miguel Castillo Didier

29 Ιούνιος 2009

ΟΠΩΣ ΜΠΟΡΕΙΣ ΠΙΑ ΔΟΥΛΕΨΕ, ΜΥΑΛΟ

Un joven ilustrado a sus veinticuatro años (1928)

Cómo puedes, cabeza, todavía trabajar.-
Un goce insatisfecho lo consume.
Se halla en un estado de ansiedad.
Besa a diario el rostro que ama,
sus manos acarician los miembros más extraordinarios.
Jamás amó con tan inmensa
pasión. Mas le falta la hermosa satisfacción
del amor; falta la satisfacción
que ambos deben anhelar intensamente.

(No se entregan por igual al placer anormal.
Sólo a él lo ha avasallado por completo).

Y se consume, y los nervios lo destrozan por completo.
Se encuentra además cesante, y esto contribuye mucho.
A duras penas pide algo prestado (casi
a veces lo mendiga) y difícilmente sobrevive.
Besa los labios adorados; sobre
el cuerpo maravilloso –pero que ahora sabe
que sólo se limita a consentir- sacia su placer.
Luego, bebe y fuma; bebe y fuma;
se arrastra por los cafés el resto del día,
arrastra con hastío el desaliento de su hermosura.-
Cómo puedes, cabeza, todavía trabajar.

C. P. Cavafis: Poesía completa (Alianza, 1982)
Trad.: Pedro Bádenas de la Peña

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

A los 25 años de su vida (1925)

Con frecuencia va a la taberna
donde el mes anterior se conocieron.
Pregunta; no le dicen nada concreto.
De lo que responden, concluye que su amigo
ha conocido a alguien:
uno de los sospechosos
y gente joven que acuden allí.
Pero él va cada noche a la taberna,
y se queda mirando hacia la puerta,
la vigilia hasta el cansancio.
Quizá entre. Aún puede llegar.

Durante tres semanas espera;
su mente enferma de lujuria.
Los besos permanecen en su boca,
su carne toda sufre el persistente deseo.
El roce de ese cuerpo está en el suyo.
Desea unirse a él nuevamente.

Por supuesto, trata de no traicionarse;
a veces es casi indiferente.
Además, sabe bien a qué se expone,
lo presiente. Es muy posible que esta vida
lo lleve a un desastroso escándalo.

Contantino Cavafis: Poesía erótica 1892-1931 (Ácrono, 2001)
Trad.: Cayetano Cantú

24 Ιούνιος 2009

ΤΡΙΑ ΧΡΟΝΙΑ ΜΑΖΙ

Dos jóvenes de veintitrés y veinticuatro años (1927)

Desde la diez y media estaba en el café,
esperando verlo aparecer.
Llegó la medianoche - y él esperaba todavía.
La una y media; y ya vacío
quedó el café.
Dejó de leer maquinalmente
los periódicos. De sus tres únicos chelines
sólo uno le restaba: esperando
había gastado todo en café y coñac.
Había fumado todos los cigarillos.
La larga espera lo había extenuado. Y además
después de tantas horas solo,
amargos pensamientos sobre su vida
hicieron presa en él.

Pero cuando vio entrar a su amigo, de golpe
la fátiga, el aburrimiento, los amargos pensamientos desaparecieron.

Su amigo le traía una inesperada noticia.
Había ganado sesenta libras en la casa de juego.

Su hermoso rostro, su maravillosa juventud,
el sensual amor que los unía,
sintiéronse renacer, fortalecidos
por las sesenta libras de la casa de juego.

Y llenos de alegría y vigor, radiantes de belleza
se dirigieron – no a sus casas respetables
(donde además no eran demasiado queridos):

sino a una de mala fama, que ya les era familiar,
y allí alquilaron un dormitorio
y pidieron bebidas caras, y de nuevo empezaron a beber.

Y cuando las costosas bebidas fueron consumidas,
y esto sucedió hacia las cuatro,
al amor felices se entregaron.

Konstantino Kavafis: Poesías completas (Hiperión, 1976)
Trad.: José María Álvarez

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

Abandono (1930)

Era de muy buen gusto y extremada inteligencia,
y joven de la buena sociedad,
para considerar, poniendose en ridículo,
una tragedia su abandono.
Pero aún así, cuando su amigo dijo «para siempre
amor tendremos» -tanto el que lo dijo
como el que lo escuchó, sabían que era un decir sólo.
Después del cine y de los diez minutos
que se quedaron en el bar, se había encendido
una noche es sus ojos y en su sangre el deseo
y se fueron juntos, y se dijo el «para siempre».

Aún así el «para siempre» les duró tres años.
A veces dura mucho menos.

Era de muy buen gusto y extremada inteligencia
para tomarlo aquello por tragedia;
y era muy hermoso –de cara y de cuerpo-
para sentir herido el narcisismo de su carne

C.P. Cavafis: Poesía completa (Colección Visor de Poesía, 2003)
Trad.: Anna Pothitou y Rafael Herrera

19 Ιούνιος 2009

ΠΡΙΝ ΧΑΘΕΙ Η ΤΡΥΦΕΡΟΤΗΤΑ

El sol de mediatarde (1919)
.
Ay, esta habitación, qué bien que la conozco.
Ahora se alquilan ésta y la contigua
como oficinas. Todo el edificio ahora
alberga agencias, compañias y despachos.

Ay, esta habitación, qué familiar me es.

Aquí estaba el sofá, junto a la puerta,
con una alfombra turca a sus pies;
cerca, un estante y dos jarrones amarillos.
A la derecha... no, al frente, un mueble con espajo.
Y en el centro la mesa en que escribía
y las tres sillas cómodas de paja.
Y junto a la ventana aquella cama
en la que nos amamos tantas veces.

Habrán ido a parar a cualquier parte aquellas cosas.

Y junto a la ventana aquella cama:
El sol de media tarde le llegaba a la mitad.

...Nos separamos a las cuatro de la tarde
por sólo una semana... Y, ay de mí,
esa semana luego resultó ser para siempre.

C.P. Cavafis: Poesía completa (Colección Visor de Poesía, 2003)
Trad.: Anna Pothitou y Rafael Herrera

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

Antes que el tiempo los transforme (1924)

Penosa fue su separación,
no la deseaban -eran las circunstancias-;
necesidades vitales obligaban a uno de ellos
a irse lejos, Nueva York o Canadá.
Su amor, en verdad, había cambiado;
disminuido como la atracción,
pero no querían separarse, eran las circustancias;
o quizá, como arte, apareció la suerte.
Separados ahora.
Antes que desapareciera el cariño;
antes que el tiempo los transforme,
el uno permanecerá para el otro como fueron:
un bello joven de veinticuatro años.

Contantino Cavafis: Poesía erótica 1892-1931 (Ácrono, 2001)
Trad.: Cayetano Cantú

14 Ιούνιος 2009

ΣΕ ΑΠΟΓΝΩΣΗ

Desesperado (1923)

Lo perdió por completo.... Y ahora busca
en los labios ...de cada nuevo amante
los labios del amado; ...en la unión
de cada nuevo amante, ...busca engañarse
pensando que es el mismo ...amor al que se entrega.

Lo perdió por completo. ...Como si nunca hubiera sido.
Porque quería -así lo decía- ...salvarse
del estigma… ...del enfermizo placer carnal;
Aún había tiempo -decía- ...para salvarse.

Lo perdió por completo. ...Como si nunca hubiera sido.
En su imaginación, ...se engaña,
en los labios de otros ...busca sus labios;
añora sentir de nuevo ...el amor que vivió.

Contantino Cavafis: Poesía erótica 1892-1931 (Ácrono, 2001)
Trad.: Cayetano Cantú

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

Por las tabernas (1926)

Por todas las tabernas ...y todos los tugurios
de Berito me arrastro. ...No quería quedarme
allá en Alejandría. ...Me abandonó Tamides
y se fue con el hijo ...del Prefecto, a ganar
una villa en el Nilo, ...en la ciudad un palacio.
No había de quedarme ...allá en Alejandría-
Por todas las tabernas ...y todos los tugurios
de Berito me arrastro. ...En el libertinaje
más bajo me revuelco. ...Lo único que me salva
como hermosura eterna, ...como un perfume que
quedó sobre mi piel, ...es que dos años fue
Tamides mío, el joven ...más estimado, mío
no a cambio de una casa ...o una villa en el Nilo.

C.P. Cavafis: Poesía completa (Colección Visor de Poesía, 2003)
Trad.: Anna Pothitou y Rafael Herrera

9 Ιούνιος 2009

ΩΡΑΙΑ ΛΟΥΛΟΥΔΙΑ ΚΙ ΑΣΠΡΑ ΩΣ ΤΑΙΡΙΑΖΑΝ ΠΟΛΥ

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

Hermosas flores blancas que le iban bien (1929)

Volvió al café donde solían ir juntos;
fue aquí cuando su amigo le había dicho, tres meses antes:
“no tenemos un centavo; somos dos jovenes en la miseria
sujetos a lo más barato; te digo sinceramente,
no puedo seguir contigo;
alguien más, debes saber, me desea”.
Este “algien más” le había prometido
dos trajes y unos pañuelos de seda.
Para atraerlo de nuevo, movió cielo y tierra,
consiguió veinte libras;
volvió con él por veinte libras,
y por el amor que sentían;
por la vieja amistad, por el sentimiento.
El “alguien más” fue un avaro, mintió,
sólo le dió in traje después de mil ruegos.

Mas ahora, no desea ni los trajes ni nada,
ni pañuelos de seda,
ni veinte libras o veinte piastras.

El domingo lo enterraron
a las diez de la mañana.

El domingo hace una semana; sobre el pobre féretro, puso flores,
hermosas flores blancas que le iban bien;
matizaban con su bellaza y sus veintidós años.

En la noche, cuando fue al café al que solían ir juntos
(encontró un trabajo, la necesidad de comer);
una cuchillada fue el recuerdo
del desolado lugar que frecuentaba.

Contantino Cavafis: Poesía erótica 1892-1931 (Ácrono, 2001)
Trad.: Cayetano Cantú

4 Ιούνιος 2009

Η ΕΜΟΡΦΙΑ ΤΟΥΣ, ΠΟΥ ΕΧΑΘΗΚΕ ΓΙΑ ΠΑΝΤΑ

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Miris: Alejandría del 340 D.C. (1929)
.
Cuando supe la desgracia, que había muerto Miris,
fui a su casa, a pesar de que evito
entrar a las casas de Cristianos,
sobre todo cuando tienen duelos o festejos.
Me detuve en un pasillo. No quise
avanzar más adentro, pues percibí
que los parientes del muerto me miraban
con manifiesto asombro y desagrado.
Lo tenían en una sala grande
que desde el extremo donde me detuve
vi un poco: toda tapices preciosos,
y utensilios de oro y de plata.
Yo estaba de pie llorando al final del pasillo.
Y pensaba que nuestras reuniones y excursiones
sin Miris no tendrían ya valor
y pensaba que ya no lo vería
en nuestras bellas trasnochadas inmorales
regocijarse, y reír, y recitar versos
con su perfecto sentido del ritmo griego;
y pensaba que había perdido para siempre
su belleza, que había perdido para siempre
al joven que adoraba con locura.
Unas ancianas, cerca de mí, hablaban en voz baja
del último día que vivió-
continuamente en sus labios, el nombre de Jesús,
tenía una cruz en sus manos.-
Entraron después al aposento
cuatro sacerdotes Cristianos, y decían sus oraciones
con fervor y unas súplicas a Jesús
o a María (no conozco bien su religión)
Sabíamos, ciertamente, que Miris era Cristiano.
Lo sabíamos desde el primer momento, cuando
el año antepasado entró a nuestro grupo.
Pero vivía absolutamente como nosotros.
De todos nosotros el más entregado a los placeres;
disipando con largueza su dinero en las diversiones.
Sin cuidado por el juicio de la gente,
se metía de adrede en riñas nocturnas en las calles
cuando nuestra cuadrilla acertaba
a hallar un grupo opuesto.
Nunca hablaba de su religión.
Más aun, cierta vez le dijimos
que lo llevaríamos con nosotros al Serapion.
Pero como que se disgustó
con esa broma: ahora recuerdo.
Ah y también me vienen a la mente otras dos ocasiones.
Cuando hicimos libaciones a Poseidón,
se apartó de nuestro grupo y volvió la vista a otra parte.
Cuando entusiasmado uno de nosotros
dijo "el grupo nuestro que esté
bajo el favor y protección del grande,
del hermosísimo Apolo" -Miris susurró
(los demás no lo oyeron) "con excepción de mí'.
Los sacerdotes Cristianos en alta voz
suplicaban por el alma del joven.-
Yo observaba con cuánto esmero
y con qué atención concentrada
se preparaba todo en las formas
de su religión para el funeral Cristiano.
Y de repente me dominó una extraña impresión.
De una manera indefinida, sentía
como si Miris se marchase de mi lado.
Sentía que se había unido, Cristiano,
con los suyos, y que me había vuelto
yo un extraño, muy extraño, sentía además
que una duda se me allegaba: acaso hubiera sido engañado
por mi afecto, y siempre le fui extraño.-
Me lancé fuera de la horrible casa de ellos,
huí velozmente antes que el recuerdo de Miris me
fuera arrebatado, cambiado por el cristianismo de ésos.

Constantino Cavafis/Grecia
Trad.: Miguel Castillo Didier

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Tumba de Lanes (1918)

El Lanes que amaste, Marco, no está aquí,
en la tumba a que vienes a llorar, y te quedas horas y horas.
Al Lanes que tú amaste, lo tienes más cerca de ti,
en tu casa, cuando te encierras y contemplas el cuadro,
que ha conservado algo de lo que en él de más valor había,
que ha conservado algo de lo que amaste en él.

Recuerdad, Marco, que trajiste del palacio
del procónsul a aquel famoso pintor de Cirene,
y con qué astucia de artista él,
apenas vio a tu amigo, os quiso convencer
de que por encima de todo representarlo como Jacinto
(de esta manera se celebraría el cuadro más).

Pero tu Lanes su belleza no la prestaba de esa manera;
y, oponiendose con firmeza, dijo que de ningún modo
representaría a Jacinto, ni nigún otro,
sino a Lanes, hijo de Ramético, alejandrino.

Constantino Cavafis/Grecia
Trad.: Ramón Irigoyen

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30 Μάϊος 2009

ΕΛΛΗΝΙΚΟΣ ΚΑΙΝΟΥΡΙΟΣ ΚΟΣΜΟΣ, ΜΕΓΑΣ

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.
Constantino Kavafis (1863-1933) tuvo un extraordinario respeto por Grecia, la Grecia real de su tiempo. Pero no se consideró griego jamás, sino helénico; luego podemos decir que, más precisamente, alejandrino.
La Grecia macedónica o helenística fue (a partir de Alejandro Magno, fundador de Alejandría) la expansión de la cultura griega sobre territorios del Asia Menor, el Medio Oriente y el norte de África, donde existían otras culturas. El helenismo triunfará sobre ellas, sin abolirlas. El helenismo –una Grecia que no estaba ni era Grecia- se encarna principalmente en los reyes –débiles reyes- herederos de Alejandro: Ptolemeo en Egipto. Seleuco en Siria y en Babilonia. Sus capitales fueron Alejandría y Antioquía, ciudades-simbolo amadas por Kavafis. Ciudades lujosas, morbosas, a favor de la delicia y de la vida.
A ese mundo griego llegó Roma, y antes del año 30 a.J.C (anexión de Egipto) todo el oriente helenístico era romano. Así fue hasta que en 395, a la muerte del emperador Teodosio, llamado el Grande, se separan definitivamente el Imperio occidental, latino, de Honorio y el oriental, griego, de Arcadio. El Imperio romano nunca había cuestionado la fuerza, la singularidad o aun la supremacía cultural de las ciudades del orbe griego, pero su autonomía –en lo que sería el Imperio bizantino- revivió momentáneamente el esplendor helenístico, si bien el cristianismo imperante mantuvo alta la guardia para evitar licencias. Con añadidos raciales o culturales –con la pugna un tiempo entre paganos y cristianos-, el mundo griego (helenístico mejor) seguía pujante. La caída de parte del Imperio bizantino en poder de los arabes del califato Omeya, y luego del Imperio entero en manos turcas, a veces pudo poner en peligro el helenismo (y desde luego la literatura en griego se resintió), pero la Iglesia ortodoxa y la vigencia del mismo espíritu griego mantuvieron el valor, la eficacia de esas comunidades griegas, fuera de la Grecia continental, a las que pertenecía la familia Kavafis.
Con la existencia del reino de Grecia, que en 1864 incorpora las islas jónicas, surge de inmediato una voz que no se ha apagado todavía: la énosis o incorporación a la patria griega de todas las comunidades del Asia Menor y del Inmediato Oriente. Pero la anhelada énosis (sentida íntimamente por Kavafis, aunque no de igual modo que los políticos de Atenas) comienza su caída, definitiva al parecer, cuando al fin del Imperio otomano, y su derrota en la primera guerra mundial, la nueva Turquía se apodera plenamente de aquellas ciudades griegas del Asia Menor, y con la toma de Esmirna, en 1922, esas comunidades griegas emigran. Egipto sigue bajo la tutela británica, pero tras la segumda guerra mundial –Kavafis no lo verá- se prevé su arabización plena. La énosis quedaba como una relíquiaactiva en la isla de Chipre. Como un sueño de neoimperio macedónico, pero de otro modo, en Kavafis. Constantino no soño con un único Estado griego –con capitalidad en Atenas- sino con una vasta comunidad helénica cultural, que tuviera en Grecia un ancestro y punto de referencia, pero que viviera, prevaleciente y contaminada, en territoriow plurales, distintos, plurirraciales, mundanos. Kavafis – ya lo he dicho- amó a Grecia, pero se sintió heleno, perteneciente a la tradición del alejandrismo, griego decadente del extrarradio, habitante de Alejandría y Antioquía, las ciudades antiatenienses de su secreto deseo. Ciudades de la carne, del cuerpo y de una cultura que no niega el placer. Ello le hizo el habitante de un tiempo histórico ideal. Habitante de una ciudad –Alejandría- cosmopolita también en su tiempo. Y sobre todo habitante de un hedonismo radical –o sea, algo escéptico- que abundaba en el «amor –dijo lord Alfred- que no se atreve a decir su nombre». Kavafis fue (realmente, no figutadamente) el último notable del helenismo. La ciudad que él vivió –la Alejandría anterior a la segunda guerra- ya no existe.
.
Luis Antonio de Villena: Carne y tiempo (Lecturas e inquisiciones sobre Constantino Kavafis) [Planeta, 1995]
.
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EN EL 200 a.J.C.
Alejandro, hijo de Filipo, y los griegos,
salvo los lacedemonios...
PLUTARCO, Alejandro, 16


Podemos muy bien imaginar
qué total indiferencia tendrían en Esparta
por esta insripción: «Salvo los lacedemonios»,
pero es natural. No eran los espartanos
gente que se dejaran conducir y mandar
como siervos de valía. Además,
una expedición panhelínica sin
un rey espartano como jefe,
no debía parecerles demasiado importante.
¡Ah, precisamente «salvo los lacedemonios»!
Esto es también una postura. Se entiende.
Así, salvo los lacedemonios, en Gránico:
y en Iso, después; y en la última
batalla, donde quedó barrido el terrible ejército
que en Arbelas concentraron los persas;
que desde Arbelas se puso en marcha hacia el triunfo y
resulto aniquilado.

Y de esta sorpredente expedición panhelénica,
victoriosa, respadeciente,
afamada, gloriosa
como ninguna otra lo fue, surgimos nosotros,
un nuevo mundo griego, inmenso.

Nosotros: alejandrinos, antioquenos,
seléucidas y los otros
griegos incontables de Egipto y de Siria,
y los de Media y Persia, y tantos otros.
Con estados enormes,
con la rica influencia de nuestra hábil adaptación.
Y nuestra Común Lengua Griega,
hasta el corazón de Bactriana la llevamos, hasta la India.
¡Hablar ahora de los lacedemonios!

C. P. Cavafis: Poesía completa (Alianza, 1982)
Trad.: Pedro Bádenas de la Peña

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25 Μάϊος 2009

ΕΠΙΘΥΜΙΕΣ

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Raymond Voinquel (Francia)
.
ΕΠΙΘΥΜΙΕΣ

Σαν σώματα ωραία νεκρών που δεν εγέρασαν
και τάκλεισαν, με δάκρυα, σε μαυσωλείο λαμπρό,
με ρόδα στο κεφάλι και στα πόδια γιασεμιά —
έτσ’ η επιθυμίες μοιάζουν που επέρασαν
χωρίς να εκπληρωθούν' χωρίς ν’ αξιωθεί καμιά
της ηδονής μια νύχτα, ή ένα πρωί της φεγγερό.
.
DESEOS

A cuerpos hermosos de muertos que no envejecieron
y los guardaron, con lágrimas, en un bello mausoleo,
con rosas a la cabeza y a los pies jazmines -
se asemejan los deseos que pasaron
sin cumplirse; sin merecer una
noche de placer, o una mañana luminosa.

Μετάφραση στα ισπανικά: Miguel Castillo Didier

DESIRAK

Gorputz ederrak bezala zaharkitu ez diren hilenak
eta hertsi dituztenak, malkoez, hilobi jori batetan,
arrosak buruan eta oinetan jazminak-
horrela ematen dute desirek igaro direnak
bete gabe; erdietsi gabe ezta
plazerrezko gan bakar bat ere, edo goiztiri leinurutsu bat.

Trad. vasca: Andonin Eguzkitza – Olga Omatos

DESIGS

Com cossos bells de morts que no han envellit
i els han tancats, amb llágrimes, dins una tomba espléndida,
amh roses per capça i llessamins als peus-
així semblen talment els desigs que han passat
sense que els satisfessin; sense una sola nit
de goig que els fos donada, o un sol matí lluent.

Trad. catalana: Carles Riba
.
DESEOS
Como cuerpos bellos de muertos que nun avieyaron
y trancáronlos, con llágrimas, nun mausoléu espléndidu,
na cabecera roses y xazrnines nos pies-
talmente así semeyen los deseos que pasaron
ensin ser satisfechos; Ensin que consiguieran
nin una nueche sola de placer o un riscar lluminosu.

Trad. Asturiana: Xosé Gago

DESEJOS
.
Como corpos belos dos que morrem sem ter envelhecido
- e são guardados, em lágrimas, num mausoléu magnífico,
com rosas na fronte e com jasmins aos pés –
assim os desejos são, desejos que esfriaram
sem serem consumados, sem que um só fruísse
uma noite de prazer, ou uma aurora que a lua inda ilumina.

Trad. portuguesa: Jorge de Sena

Constantino Cavafis / Grecia
Cavafis (Litoral / Ediciones Unesco, 1999)
.

20 Μάϊος 2009

ΑΝΔΡΑΣ ΤΟΝ ΑΝΔΡΑ Ν' ΑΓΑΠΑ

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George Platt Lynes (EEUU)

Un cantor muy hermoso se enamoró de un bello joven.
Una excesiva pasión sentía en su lánguido pecho
y con sus labios pálidos cantaba su dolor:
“Me sentaré frente a ti para hablarte, para escucharte,
para ver tus rubios cabellos y tus frescos labios
que tienen el color de la granada y la dulzura del cantuesco”.
Las solteras y las casadas escucharon la canción.
Las hermosas muchachas y las novias gritaron:
“Un hombre arrastra con su canto a amar a un hombre.
Caerán en el olvido las bodas y los noviazgos
y pasaremos la noche sin un marido a nuestro lado.
Las tetas de nuestros pechos no amamantarán a los niños”.
Amaneció un día de fiesta, allá, en las provincias turcas
y los pueblos se congregaron. Acudieron hombres y mujeres.
Acudió también el cantor con su propio laúd
y empezó a entonar su canción solitaria,
mientras le respondía la dulce melodía del laúd.
Las jovenes palidecieron como pálidas flores
y se irritaron enormemente en sus corazones.
Las solteras y las casadas cogieron piedras y quijarros
y golpearon al cantor mientras cantaba.
El dorado laúd dejó en silencio sus acordes.
El cantor, desconocido entre su sangre, yace en el suelo
y ninguna plañidera le entona sus lamentos.
Las enloquecidas muchachas le cortaron la cabeza
y la arrojaron al río junto al laúd.
Pero el río los hizo salir a la playa, entre las olas.
Caminan como compañeros la cabeza y el laúd.
La ola que pasaba iba resonando dulcemente
y el mar la transportó a numerosas islas.
Todo el derredor de las islas escuchaba, por la tarde
y por la noche, escuchaba la melodía sin saber su procedencia.
Los niños pequeños gritaban: “La produce el mar”.
La melodía se detuvo en un punto profundo,
como una estrella que brilla a medianoche en un lugar.
Parecía que se trataba dal canto de mil ruiseñores.
Los expertos marineros acudieron con sus barcas
y cogieron la cabeza. También cogieron el laúd
y enterraron la cabeza y el laúd en una tumba.
Desde aquel tiempo, en las aldeas de las islas,
las jovenes y los muchachos tocan hermosos órganos
y adornan los laúdes con plata y oro.
Las madres dan a luz hijas de dulces voces
que tienen rostros de ángeles y son ángeles del canto.
Sin embargo, en tierra firme, entre las mujeres asesinas,
los hombres cogieron un hierro, lo pusieron al rojo vivo
en el fuego y marcaron las frentes y espaldas de las muchachas
para que no se recocijaran demasiado por el crimen cometido.

Yeoryios Tertsetis (1800-1874) / Grecia
de la Antología de la Poesía Griega. Desde el siglo XI hasta nuestros días (Ediciones Clásicas, 1997)
Traducción: José A. Moreno Jurado

15 Μάϊος 2009

Ο ΕΡΑΣΤΗΣ ΤΟΥ ΛΟΡΔΟΥ ΒΥΡΩΝΑ

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Missolongi (Grecia), enero de 1824.
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Mi recordada Lily: Cuando empieces a leer sueña a tu amigo en el fin del mundo. Éste es un pueblo pequeño y húmedo, donde la fiebre camina por la calle con harapos de niebla. Está el caserío rodeado completamente de pantanos y cañaverales pútridos y la gente está casi negra por la miseria. No son los griegos de los libros. Pero esos griegos, de los que te he hablado, existen. Ahora duerme Endimión a mi lado, en una yacija de paja. Endimión, el muchacho del que se enamora la inconstante Luna. Lukas es recio y duro, ha matado ya a varios hombres. Es posible que se emborrache a menudo, y es más que probable que haya follado bien a una mujer. ¿A quién si no a ti, que eres sabia, contarle esto? Lukas es alto y moreno, tiene un cuerpo de piel suave, delicadamente fuerte. Los músculos son duros. Sus ojos grandes, negrísimos, adornados con tantas pestañas como siervas hay en un gran harén. Está a punto de cumplir dieciséis años, yo he cumplido ya treinta y seis. Sobre los labios, con la sensualidad del verano, un tierno bozo sombrea el amor. La polla es larga y oscura y ahora le cuelga, descansando, sobre un muslo donde finaliza el tiempo. ¡Es tan hermosamente masculino y joven, tan dulce su voz selvática, que he llorado mirándole muchas veces! Ángel de la Destrucción –imploro- socórreme. Cuando le conocí en Cefalonia con su familia (todos luchadores por la libertad de su patria) no dudé en tenerle conmigo. Sus padres acogieron con sumo inter´s mi gesto. Les prometió –él- que cuidaría de mí. Les di no sé cuántas esterlinas para que pudieran continuar peleando. Los Calandritsianos miran como un honor que el joven Lukas, su hijo menor, trabaje para mí. ¿Me vieron suspirar por la belleza? Pero ¿quién no suspiraría? Su madre ¿no habrá bendecido a Dios mil veces, al mirarlo? Jehová debiera detener el sol para él. Será injusto –más injusto en su caso- que la flor perezca. Lukas, como los griegos, no sintió nunca rubor cuando le indiqué (apenas podemos entendernos) que durmiera conmigo. Dejé que entrara en mí, porque no parecía interesarle otra cosa. Y sentí, junto a él, el coraje de los guerreros. Estoy seguro que los amantes del Batallón tebano hacían lo mismo para luchar con más ardor contra su enemigo.
Pero Lukas no me ama. Y yo quizá le ame más por ello. Es mi amigo, mi copero, mi paje, mi siervo, mi camarada, mi leal, pero no puede amarme. Los hombres follan, parece decir, pero no se aman. Y entonces yo busco el alivio de la desesperación. Sólo a Augusta la he amado así, pero mi hermana me ama también. Me vio escribir have algunas noches un corto poema, y adivinó que era suyo. Me besó en los labios, y salió riéndose. Como un vencedor. Como un atleta. Dice Fletcher que los suliotas comprnden y aprueban. Pero que dicen también y es verdad- que los ingleses están locos: persiguen muchachos en la guerra de Grecia...
La verdad es que no sé qué hago aquí, mi querida (...)

Luis Antonio de Villena: El burdel de Lord Byron (Planeta, 1995)

10 Μάϊος 2009

Η ΠΑΠΙΣΣΑ ΙΩΑΝΝΑ

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Frumencio sacó de la alforja un hábito y pidió a su amiga que se lo pusiera para ser admitida como novicio en el monasterio de Fulda.
Así –añadió, ruborizándose, el jovenzuelo- podemos cohabitar en la misma celda sin problemas, comiendo del mismo plato y mojando el estilo en el mismo tintero. Pero si descubren que eres mujer, los priores te encerrarán con las demás novicias en las dependencias reservadas a mujeres, a donde sólo a ellos les está permitido entrar, y yo moriré de desesperación ante la puerta”.
Juana se negó rotundamente a ponerse ropas de hombre, por considerarlo un acto impío, objetando a los ruegos de su enamorado las palabras de Las Escrituras: “No habrá atuendo de hombre sobre una mujer y el hombre no llevará traje de mujer”. Pero él insistió, y al versículo del Deuteronomio opuso la opinión de Orígenes, según el cual las mujeres serán tranformadas en hombre el día del Juicio. Juana respondió que Orígenes era hereje y además eunuco. El joven, por su parte, le recordó el ejemplo de santa Tecla, hermana del apóstol Pablo, y también a las santas Margarita, Eugenia, Matrona y otras muchas santas que ocultaron bajo hábito masculino su cuerpo ‘blanco como las alas de angel’ y alcanzaron la santidad, a pesar se que cohabitaron con monjes, como los turcos alcanzan el Paraíso viviendo entre mujeres.
La juventud, la belleza y la pasión eran argumentos que hacían irrefutable la elocuencia del joven conquistador, de manera que Juana pisoteando sin más dilación con sus pequeños pies los preceptos de Las Escrituras y su hábito femenino, se vistió el de monje, y se calzó aquellas sandalias que años más tarde daría a besar a los poderosos de la Tierra, arrodillados en torno a su trono.
Cuando hubo concluido la transformación, Frumencio la condujo de nuevo a la orilla del lago para que se viera reflejada en el agua. Jamás cíngulo alguno había ceñido la cintura de más bello monje. El rostro de nuestra heroína resplandecía bajo la capucha, como una perla dentro de su concha. Frumencio no se cansaba de admirar al hermano ‘Juan’. Se arrodilló ante él extasiado y comenzó a labar su hermosura con uno de aquellos místico-anatómicos himnos con los que monjes del medioevo ensalzaban uno por uno los miembros de la Virgen: sus cabellos, sus mejillas, sus pechos, su vientre, sus piernas y sus pies, como los vendedores de caballos las hermosuras de su mercancía.

Emmanuil Roídis: La Papisa Juana. Un estudio sobre la Edad Media (Universidad de Sevilla, 2006)
Traducción: Carmen Vilela Gallego

5 Μάϊος 2009

ΤΟ ΑΝΔΡΙΚΟ ΓΥΜΝΟ ΣΤΟ ΕΡΓΟ ΤΟΥ ΔΟΜΗΝΙΚΟΥ ΘΕΟΤΟΚΟΠΟΥΛΟΥ

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Domenico Theotocopoulos (El Greco)

Resurrección (Madrid) / San Martín y el mendigo (Washington)
Laoconte (Washington)
San Sebastián (Palencia) / San Sebastián (Madrid)
Crucifixión (Madrid) /Trinidad (Madrid) / El Bautismo de Cristo (Madrid)
Martirio de san Mauricio (Madrid)
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Epimeteo

30 Απρίλιος 2009

ΑΔΕΛΦΟΠΟΙΗΣΗ. Ο ΓΑΜΟΣ ΤΩΝ ΑΝΔΡΩΝ ΣΤΟ ΒΥΖΑΝΤΙΟ

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El rito de adelphopoiesis de Basilio, el más tarde emperador bizantino
Basilio I el Macedonio (867-886) con Juan, hijo de Danielis,
rica viuda en la ciudad de Patras.
(miniatura que ilustra la cronica del historiador bizantino Juan Skylitzes,
Madrid, Biblioteca Nacional)
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Adelphopoiesis
La adelphopoiesis, fraternitas iurata u ordo ad fratres faciendum es una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Época Moderna en Europa para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres). Adelphopoiesis proviene del griego ἀδελφός (adelphos) «hermano» y ποιῶ (poio) «yo hago», literalmente «hacer hermanos».
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El rito de la adelphopoiesis
La primera noticia moderna que se tiene del rito de la adelphopoiesis (en eslavo pobratimstwo) es de 1914, cuando Pável Florenski1 cita los elementos clave de la liturgia del rito:
1. los hermanos, que están colocados en la iglesia delante del atril, en el cual se encuentra la cruz y las escrituras; el mayor de los dos se coloca a la derecha, mientras que el más joven se coloca a la izquierda;
2. se realizan oraciones y letanías que piden que los dos sean unidos en el amor y se les recuerda ejemplos de amistad de la historia de la Iglesia;
3. los dos son atados con un cinturón, sus manos colocadas en los evangelios y una vela ardiendo es entregada a cada uno;
4. los versos de Corintios primera 12:27 a 13:8 (Pablo de Tarso sobre el amor) y Juan 17:18-26 (Jesús de Nazaret sobre la unidad) son leídos;
5. se leen más oraciones y letanías como las indicadas en el punto 2;
6. se lee el Padre nuestro;
7. los futuros hermanos reciben los regalos santificados de una copa común;
8. se les conduce alrededor del atril mientras se dan la mano y se canta el siguiente troparion: «Señor, mira desde el cielo y ve»;
9. intercambian besos; y
10. los presentes cantan: «¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!» (Salmos 133:1).
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Una de las oraciones, que se recitan durante la ceremonia, es la siguiente (en traducción española):
Dios todopoderoso, que fuiste antes que el tiempo y serás por todos los tiempos, que se rebajó a visitar a los hombres a través del seno de la Madre de Dios y Virgen María, envía a tu santo ángel a estos tus servidores [nombre] y [nombre], que se amen el uno al otro, así como tus santos apóstoles Pedro y Pablo se amaban y Andrés y Jacobo, Juan y Tomás, Jacobo, Felipe, Mateo, Simón, Tadeo, Matías y los santos mártires Sergio y Baco, así como Cosme y Damián, no por amor carnal, sino por la fe y el amor del Espíritu Santo, que todos los días de su vida permanezcan en el amor. Por Jesucristo, nuestro señor. Amén
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El rito del hermanamiento o adelphopoiesis ha ganado en relevancia entre los historiadores que se ocupan de la historia de la homosexualidad en los últimos años, ya que ha modificado la imagen que se tenía de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna. John Boswell tomó la institución como demostración de que el cristianismo no siempre fue homófobo en su libro Same-Sex Unions in Premodern Europe (Uniones homosexuales en la Europa premoderna), también publicada como The marriage of likeness (El matrimonio de semejanza). Boswell da el texto y la traducción de una serie de versiones de esta ceremonia en griego y la traducción para una serie de versiones en eslavónico. (...)
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es.wikipedia.org

25 Απρίλιος 2009

ΠΟΛΙΕΥΚΤΟΣ ΚΑΙ ΝΕΑΡΧΟΣ ΜΑΡΤΥΡΕΣ

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SAN POLIEUCTO Y SAN NEARCO, MÁRTIRES
La ciudad de Melitene en Armenia, que era una ciudad militar romana, es ilustre por el gran número de sus mártires. Entre ellos, el mártir de mayor alcurnia fue Polieucto, un oficial romano de padres griegos.
La crónica del martirio de Polieucto data del siglo IV.
Cuenta que él y otro soldado, el cristiano Nearco, eran “hermanos no de nacimiento sino por afecto” (una crónica del s. X recoge la tradición según la cual “cada uno de ellos creía vivir y respirar por entero en el cuerpo del otro”). Ambos eran de origen griego. La historia se desarrolla en Armenia.
Sucedió que Félix, suegro de Polieucto, funcionario romano, promovió una persecución contra los cristianos, hacia quienes éste sentía simpatía. Trató entonces su suegro de apartarlo de ellos mentándole a su esposa e hijos para que por amor a ellos ofreciera un sacrificio a los ídolos, pero Polieucto se negó.
Sabiendo Nearco que de ser descubierto sería decapitado, se entristeció por la posibilidad de no hallar en la otra vida a Polieucto, quién sentenció: “aún cuando la muerte nos separase, nadie sería capaz de disminuir la devoción y el amor que tenemos el uno por el otro.” Y le confesó que también él creía en Cristo, Quien Se le había aparecido en visión.
Así, Polieucto, “unido a Nearco por un amor sin límites”, compareció voluntariamente ante Félix declarando su fe. Ni las suplicas de su mujer Paulina quebrantaron su decisión. “Pero nunca olvidó a Nearco, pues eran una sola alma, una alianza en dos cuerpos”. Sus últimas palabras fueron para Nearco – de quien la crónica no dice si padeció martirio -: “Hermano, recuerda nuestro pacto sagrado”. Al punto, fue decapitado.
Sucedió esto durante la persecución de Decio o Valeriano hacia el 259.

20 Απρίλιος 2009

ΝΕΟΣ ΚΑΙ ΠΑΝΕΜΟΡΦΟΣ

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JOVEN Y HERMOSÍSIMO
Aba Jordán nos dijo también que el mencionado aba Nicolás le había contado la siguiente historia:
Sucedió a comienzos del reinado del muy piadoso emperador Mauricio. Naamán, el capitán de los sarracenos, saqueaba este territorio. Yo recorría las proximidades del Arnón y el Edón, cuando, de repente, descubrí a tres sarracenos que se llevaban a un prisionero joven y hermosísimo, de unos veinte años. Cuando me vio, rompió a llorar; pedía que le liberara de ellos.Yo comencé a suplicarles que lo soltaran, pero uno de los tres me dijo en griego:
- No lo soltamos.
- Cogedme a mí y soltadle a él, que no puede más.
- No lo soltamos.
- Y a cambio de una recompensa, ¿lo soltaréis? Entregádmelo, que venga conmigo y yo os traeré lo que queráis.
- No podemos entregártelo, porque le hemos prometido a nuestro sacerdote: “Si encontramos a uno que sea guapo, te lo traeremos para que lo sacrifiques”. Ahora, ¡vete, o hecemos rodar tu cabeza por el suelo!”.
Entonces, me arrodillé ante Dios y le supliqué:
- ¡Señor Dios, Salvador nuestro, salva a tu esclavo! –y en ese mismo momento los tres sarracenos fueron víctimas del demonio: desvainaron sus espadas y se las clavaron el uno al otro.
Yo, por mi parte, llevé al joven a mi cueva y ya no quiso separarse de mí. Renunció al mundo y, al cabo de siete años de vida monástica, descansó en paz. Era natural de Tiro.

Juan Mosco: El prado
en Historias bizantinas de locura y santidad (Siruela, 1999)
traducción: José Simón Palmer

15 Απρίλιος 2009

ΘΕΟΔΩΡΟΣ. ΟΙ ΑΝΑΜΝΗΣΕΙΣ ΕΝΟΣ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΟΥ ΒΥΖΑΝΤΙΝΟΥ ΜΟΝΑΧΟΥ

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THEODORE, LAS MEMORIAS HERÉTICAS DE UN SACERDOTE HOMOSEXUAL
de Christopher Harris
Ediciones Jaguar
Nacido en la época en la que el Imperio bizantino se encuentra invadido por los paganos, debilitado por una guerra civil y dividido por los conflictos religiosos, Theodore, un monje bizantino homosexual con tendencias heréticas e inclinación hacia la filosofía platónica, nos relata sus memorias, protagonizadas por la búsqueda incansable del amor en un mundo sumido por el caos y la guerra. Sus continuas tribulaciones sobre su homosexualidad, su fe y la guerra le acabarán llevando a Inglaterra, donde se convertirá en arzobispo de Canterbury con la misión de civilizar a los anglosajones paganos, y donde junto a su amante y compañero Adriano, creará la Iglesia inglesa, en la forma en la que se la conoce en la actualidad.
A través de la intensa vida de este personaje histórico Christopher Harris se acerca a uno de los momentos más oscuros del Imperio Bizantino, que sucumbe bajo los efectos de la guerra civil y las divisiones religiosas. Junto a las novelas Memoirs of a Byzantine Eunuch y False Ambassador, Theodore forma parte de la Trilogía bizantina creada por su autor

10 Απρίλιος 2009

Η ΓΥΝΑΙΚΕΙΑ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ

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de Apolodoro, Museo Arqueológico de Tarquinia
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HOMOSEXUALIDAD FEMENINA EN GRECIA Y ROMA
Juan Francisco Martos Montiel - Universidad de Malaga
Comparada con el ingente volumen de publicaciones científicas acumulado en los últimos veinticinco o treinta años sobre el tema general de la mujer y la sexualidad en el mundo antiguo, la bibliografía específica acerca de la homosexualidad femenina en este ámbito de estudios es, sin duda, todavía escasa (...)
Uno de estos modos, probablemente el más extendido, encontraba su fundamento en un pudor hipócrita e intransigente que llevaba simplemente a evitar la cuestión o incluso a tratar de ocultarla omitiendo o tergiversando los textos. Recordemos, por no citar más que un par de ejemplos, la larga serie de enmiendas, conjeturas y otras filigranas filológicas soportadas durante todo el siglo XIX y una buena porción del XX por gran parte de los fragmentos de Safo, y especialmente por su conocida Oda a Afrodita, sobre todo por el participio final (ethéloisa) de su penúltima estrofa, único elemento del poema que explicita el género femenino del destinatario del amor de la poetisa (...)
El otro modo de acercamiento a la cuestión del homoerotismo femenino en la Antigüedad, relacionado en cierta forma con el primero y extrañamente presente aún en algunos estudios recientes, consiste precisamente en no acercarse en absoluto a la cuestión, sino más bien despacharla de un plumazo alegando la pretendida escasez de fuentes antiguas que tratan de la sexualidad femenina en general y de la homosexualidad en particular. Es cierto que, en comparación con la sexualidad (y la homosexualidad) del varón, la de la mujer cuenta con un número mucho menor de testimonios, la mayoría de ellos, además, escritos y concebidos por y para hombres, y a menudo imprecisos y confusos. Pero una serie de trabajos, aparecidos casi todos, como decíamos, en el último cuarto de siglo, han sabido indagar e interpretar con buen juicio las fuentes antiguas, tanto literarias como iconográficas, para demostrar, entre otras cosas, que, por muy parciales y oscuros que sean los testimonios conservados, no son en absoluto desdeñables ni inútiles para el investigador, y también que, pese a todo, no son tan escasos como a menudo se afirma (…)
Hoy sabemos, por ejemplo, o al menos es una opinión mayoritariamente aceptada, que la homosexualidad de Safo se manifiesta con claridad en sus poemas, y que, como demuestran también los partenios de Alcmán y algunas referencias posteriores, debemos encuadrarla en el contexto de antiguas instituciones femeninas (existentes no sólo en Lesbos, también en Esparta y probablemente en otras zonas) en cuyo seno las relaciones homoeróticas tenían un carácter propedéutico y de iniciación, similar en muchos aspectos al que encontramos en la homosexualidad masculina.
Conocemos también mucho mejor la larga tradición que durante toda la antigüedad y todavía bastante después hacía de Safo una hetera homosexual (una tradición que remonta probablemente a la Atenas del siglo V a. C., donde se representaron ya algunas comedias tituladas con su nombre), y sabemos que la mala fama que tuvieron en general las mujeres de Lesbos se basaba al principio en su promiscuidad sexual (...)
Se ha avanzado mucho, asímismo, en el análisis del material mitológico, logrando desterrar la idea, sostenida hasta hace relativamente poco por bastantes estudiosos, de que no existían mitos clásicos que se refirieran a relaciones homosexuales femeninas: la realidad es que noticias como las de Calímaco sobre las relaciones de especial afectuosidad entre Ártemis o Atenea y algunas ninfas de su séquito, o determinadas versiones de los mitos de Zeus y Calisto o de Leucipo y Dafne, en las que el travestismo del personaje masculino es el medio empleado para la seducción del personaje femenino, o episodios como el de las Dionisíacas de Nono de Panópolis, cuando Aura, una de las compañeras de Ártemis, acaricia los pechos de la diosa y alaba su belleza, o como la historia ovidiana de los amores de Ifis y Yante, en la que se describe perfectamente la pasión homosexual que abrasa a una de las protagonistas, apuntan más bien en la dirección contraria. (...)
Y no podemos olvidarnos de las fuentes iconográficas, que cada vez aportan más imágenes interpretadas verosímilmente también como testimonios de la existencia de relaciones homoeróticas entre mujeres en la Antigüedad.(...)
Sin embargo, a pesar de todos esos avances en la investigación que venimos exponiendo, y aunque ya nadie pueda poner en duda o tratar de eludir la existencia de prácticas homosexuales femeninas en la Antigüedad, quedan aún algunos puntos oscuros o no lo suficientemente aclarados: cómo fue real y objetivamente la práctica del lesbianismo, cuáles eran sus motivaciones y sus consecuencias sociales, si hubo relaciones homoeróticas estables entre mujeres, si se puede hablar de matrimonios lésbicos , qué papel desempeñaban las iniciaciones, ritos y celebraciones entre las jóvenes en el desarrollo de lazos homoerótcos duraderos, si estas relaciones se establecían entre mujeres de la misma edad o diferente, del mismo nivel socioeconómico y cultural o diferente, etc.(...)
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(El texto entero se halla en el primer comentario)

5 Απρίλιος 2009

Ο ΑΝΔΡΙΚΟΣ ΕΡΩΤΑΣ ΣΕ ΚΕΡΑΜΙΚΑ ΤΟΥ 6ου ΑΙΩΝΑ π.Χ

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Colección de Shelby White y Leon Levy
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Museo de la Universidad de Misisipi
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Museo Languedocien, Montpellier

31 Μάρτιος 2009

ΔΟΥΡΙΣ

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Museo de Louvre, Paris
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Museo Británico, Londres
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Künstnach, Colección Hirschmann
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Museo Metropolitano de Nueva York
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Museo de Bellas Artes, Boston
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Dúrides (griego Δοῦρις, Doũris) era un pintor de vasos de figuras rojas, activo de 500 a 460 a. C.
Empieza su carrera trabajando para los ceramistas Cleofrades y Eufronios, antes de empezar una larga colaboración con Pitón. Firma 39 vasos como pintor, e igualmente uno como alfarero y un vaso únicamente como ceramista. Entre 250 y 300 vasos le son atribuidos. La mayoría de estos vasos son kílix, es decir, copas. Su nombre parece haber sido popular, pues se lo encuentra sobre otros vasos: figura así sobre un vaso llevado por una chica en una copa de Onésimos. En la base de estas firmas, de las inscripciones kalos y de la decoración subsidiaria de los vasos, el historiador del arte John Beazley ha distinguido en su carrera cuatro grandes fases:
Fase I
Está caracterizada por una decoración recargada y por la diversidad de motivos de orladura. Los temas preferidos son los banquetes, los komoi (cortejos deèges de gente borracha) o los guerreros. El nombre de kalos favorito es Queréstrato. Beazley sugiere que en esta época, Dúrides pudo trabajar junto con Onésimos, otro gran pintor de copas del período. Respecto a este último, en Dúrides privma la gracia de sus personajes.
Fase II
La colaboración con Eufronios se acaba; Dúrides trabaja en adelante con Pitón. Khærestratos queda como nombre del kalos preferido, paralelamente con Panaitios, que se encuentra igualmente sobre las obras de Onésimos. La decoración subsidiaria es menos importante; la mayoría de los medallones no tienen borde. Los temas preferidos son las escenas de jóvnes y de atletas. El trazo de Dúrides se singulariza en adelante por el uso de una clase de garabato para figurar la extremidad interna de la clavícula. La obra maestra de este periodo es un psykter (vase para enfriar) adornado con sátiros borrachos.
Fase III
Es la fase más característica de Dúrides, y su apogeo. Las orladuras de los medallonesn se caracterizan por la alteernancia de un elemento de meandro y de cuadrados; las asas de la copa están decoradas con palmetas. El nombre de kalos preferido es en adelante Hipodamas; las firmas se hacen raras. Dúrides vuelve a las escenas de banquete, y se interesa por los estudios de guerreros y por escenas escolares. La obra maestra del periodo es la copa llamada la «pietá de Memnon»: Eos lleva el cuerpo de su hijos Memnón, muerto por Aquiles durante la guerra de Troya.
Fase IV
Dúrides vuelve a una ornamentación recargada. Las orladuras comprenden en adelante dos elementos de meandro por cada cuadrado; las palmetas en las asas se complican y motivos de loto aparecen en paralelo. Las firmas desaparecen y los nombres de kalos se hacen más raros. El dibujo pierde gracia y vigor.
(es.wikipedia.org)
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26 Μάρτιος 2009

ΜΕΤΑΦΡΑΖΟΝΤΑΣ ΕΝΑ ΠΟΙΗΜΑ ΤΗΣ ΣΑΠΦΩΣ


Un poema de Safo
Por Gabriel Said
letraslibres.com, Marzo de 2008

Hay unos versos de Safo que (afortunadamente) se conservan por un manual de métrica que los puso como ejemplo, ocho siglos después de que fueron escritos. Pueden leerse como un poema completo, si es que no lo eran. En México, han sido traducidos al menos cuatro veces. Rafael Ramírez Torres (Bucólicos y líricos griegos, Jus, 1970) los tradujo en prosa:

Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.

José Emilio Pacheco (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 1980) publicó una versión escueta y eficaz, donde cada verso va añadiendo una circunstancia, hasta desembocar en el yo:
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Se fue la Luna.
Se pusieron las Pléyades.
Es medianoche.
Pasa el tiempo.
Estoy sola.
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Carlos Montemayor (Safo. Poemas, Trillas, 1986) los transcribe en griego y los traduce así:
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Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media
noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.
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Rubén Bonifaz Nuño (Antología de la lírica griega, UNAM, Nuestros Clásicos, 1988) también presenta el original griego y la traducción en dos versos:
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Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias
noches. Y resbala tiempo. Y yo estoy sola acostada.
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La versión rimada que aparece en Píndaro y otros líricos griegos (Porrúa, Sepan Cuantos) es de Joseph y Bernabé Canga-Argüelles (Obras de Sapho..., 1797):
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La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad.
La hora pasó, y, en vela,
sola en mi lecho, en tanto,
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.
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(continúa en los comentarios 1 y 2)

21 Μάρτιος 2009

ΤΟ ΤΕΛΕΥΤΑΙΟ ΠΟΙΗΜΑ ΤΗΣ ΣΑΠΦΩΣ

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Resignación
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Vosotras cuidad, hijas, de los dones hermosos de las Musas
de fragante regazo, y de la vibrante lira compañera del canto.
Pero mi piel que antes fue tan suave la sometió ya la vejez
y blancos se han vuelto mis negros cabellos de antaño.
Pesado se ha hecho mi ánimo, y no me sostienen las rodillas
que otro tiempo fueron tan ágiles como corzas en la danza.
De eso me lamento día tras día. ¿Pero qué puedo hacer?
Cuando se es humano, no es posible dejar de envejecer.
De Titono, en efecto, contaban que la Aurora de brazos de rosa,
inflamada de amor, lo raptó para llevarlo al confín de la tierra
porque era bello y joven. Mas de igual modo a él con el tiempo
lo atrapó la grisácea vejez, aun teniendo una esposa divina.
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Traducción: Carlos García Gual

16 Μάρτιος 2009

ΑΥΤΗΝ ΠΟΥ ΑΓΑΠΑΣ

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Johann Heinrich Dannecker (Alemania)
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Dicen unos que una tropa de jinetes, otros de infantería
y otros que una escuadra de navíos, sobre la tierra
oscura es lo más bello: mas yo digo
que es lo que una ama.

Y es muy fácil hacerlo comprensible
a todos: pues aquella que tanto destacaba
en belleza entre todos los humanos, Helena,
a su muy noble esposo

dejándolo tras sí marchó a Troya embarcada
y en nada de su hija o de sus padres
amados se acordó, sino que la sedujo
Cipris.

......
......
Porque ahora me has hecho recordar a Anactoria
que no está junto a mí
y de ella quisiera contemplar
su andar que inspira amor y el centelleo radiante de su rostro
antes que los carruajes de los lidios y antes que los soldados
en pie de guerra.

Safo
Los dados de Eros. Antología de poesía erótica griega
(Hiperión, 2000)
Traducción : Aurora Luque

11 Μάρτιος 2009

ΚΑΛΥΤΕΡΑ ΝΑ ΠΕΘΑΝΩ ΠΑΡΑ ΝΑ ΜΗΝ ΜΠΟΡΩ...

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Mejor morir que no poder..., de Estratón

Ayer, aunque tuve a mi disposición a Filóstrato toda la noche,
no pude, por más que él -¿cómo decirlo?- estaba dispuesto a todo.
¡Ea! No me tengáis más, amigos, por amigo: arrojadme
de lo alto de una torre, dado que me he convertido por completo en un Astianacte.

Te castigaré por tu impotencia, de Escitino

Derecha te alzas ahora, desconocida, y no te marchitas,
como si no fueras jamás a dejar de estar tiesa.
En cambio, cuando Nemeseno se acostó todo él junto a mí
ofreciéndome cuanto deseara, pendías como un muerto.
Estírate, hínchate y llora. Todo en vano:
no obtendrás compasión alguna de mi mano

Ya no puedo, de Estratón

Ya tengo la cabellera cana sobre mis sienes
y mi pene cuelga inactivo entre mis muslos.
Mis testículos me son inútiles y la cruel vejez me alcanza.
¡Ay de mí! Sé dar por el culo y no puedo.

Epigramas Eróticos Griegos. Antología Palatina (Libros V y XII) [Alianza Editoral, 2001]
Traducción: Guillermo Galán Vioque, Miguel Á. Márquez Guerrero

6 Μάρτιος 2009

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΠΟΡΝΕΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 1

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La prostitución masculina en la Antigua Grecia
Había también en Grecia πόρνοι (pórnoi, 'prostitutos'). Una parte de ellos se dirigía a una clientela femenina: la existencia de gigolós está atestiguada desde la época clásica. Así, en el Pluto (versos 960-1095), Aristófanes pone en escena a una vieja y a su joven doncel, obligado por la pobreza a mimarla a cambio de dinero contante y sonante, medidas de trigo o vestidos. Sin embargo, la gran mayoría de los prostitutos son para la clientela de hombres adultos.
Contrariamente a la prostitución femenina, que moviliza a mujeres de todas las edades, la prostitución masculina está básicamente reservada a los adolescentes.
El periodo durante el cual los adolescentes son juzgados deseables se extiende, aproximadamente, desde la pubertad hasta la llegada de la barba, pues la vellosidad de los chicos era objeto de pronunciado asco para los griegos (en este sentido, la depilación constituía una necesidad para los jóvenes adultos que quisiesen practicarla).
Igual que su equivalente femenino, la prostitución masculina no es para los griegos un objeto de escándalo. Las casas de citas de chicos esclavos existían no sólo en los «barrios calientes» del Pireo, del Cerámico o del Licabeto, sino por todas partes de la ciudad.
Uno de los más célebres de estos jóvenes prostitutos es, sin duda, Fedón de Elis: reducido a la esclavitud al ser conquistada su ciudad, debe trabajar en una casa de citas hasta el momento en que es rescatado por Sócrates, quien le hará destacar entre sus discípulos. El joven se convierte enseguida en discípulo del filósofo y da su nombre al Fedón de Platón, narrando la muerte de éste.
Las ciudades instauran también un impuesto sobre los prostitutos. En uno de sus discursos, el Contra Timarco (I, 74), el orador Esquines puede permitirse describir en el tribunal un burdel masculino; sus clientes no eran ni reprobados por la ley, ni por la opinión pública.
Prostitución masculina y ciudadanía
La existencia de una prostitución masculina a gran escala muestra que los gustos pederásticos no están relegados a una clase social favorecida. Si los ciudadanos menos acomodados no tienen el tiempo ni los medios de practicar los rituales aristocráticos (en el gimnasio, corte amorosa, regalos), cada uno tiene la posibilidad de saciar sus inclinaciones recurriendo a la prostitución.
Como las mujeres, los chicos son protegidos por la ley contra todo ataque físico, y no se conocen ejemplos de relación sexual entre un dueño y su esclavo antes de que lo mencionara Jenofonte. Otro motivo del recurso a la prostitución es la existencia de tabúes sexuales: así, el hecho de practicar una felación es para los griegos un acto degradante. Por consiguiente, en una relación pederástica, el erastés (amante) no considera pedir este favor a su erómeno (amante), futuro ciudadano: debe dirigirse a un prostituto.
Por consiguiente, aunque es legal, el ejercicio de la prostitución es socialmente vergonzoso. Es, normalmente, el recurso de los esclavos o, de manera general, de los no-ciudadanos.
En Atenas, para un ciudadano, entraña consecuencias políticas importantes, como la atimía (en griego ἀτιμία), la pérdida de los derechos cívicos públicos. Así se explica en Contra Timarco: Esquines es atacado por Timarco; para defenderse, Esquines acusa a su acusador de haberse prostituido en su juventud. Por consiguiente, Timarco debería ser privado de sus derechos políticos entre los cuales está el derecho de denunciar a alguien. Consecuentemente, prostituir a un adolescente u ofrecer a un adolescente dinero a cambio de favores sexuales está prohibido severamente, pues eso llega a privar al joven de sus futuros derechos cívicos.
El razonamiento griego es explicitado por Esquines (§ 29), que cita la ley en el artículo δοκιμασία: el ciudadano que se ha prostituido (en griego, πεπορνευμένος, peporneuménos) o se hace entretener (en griego, ἡταιρηκώς, hêtairêkốs) es privado de la palabra pública porque «ha vendido su propio cuerpo para que los otros se sirvan de él según su capricho» (en griego, ἐφ’ ὕϐρει, eph’ hybris) no vacilando en vender los intereses de la comunidad en su conjunto». Las acusaciones de Timeo de Tauromenio (según Polibio, XII, 15, 1) en contra de Agatocles de Siracusa retoman exactamente la misma temática: un prostituto es, por definición, alguien que abdica de su propia dignidad para satisfacer los deseos del prójimo: un «vulgar prostituto (en griego, κοινὸν πόρνον, koinòn pórnon) a disposición de varios disolutos, un cernícalo, que presenta su trasero a quien quiera».
Tarifas
Como en el caso de las mujeres, las tarifas de los prostitutos eran muy variables. Ateneo menciona a un chico ofreciendo sus favores por un óbolo; suma tan ínfima inclina a la duda. Estratón de Sardes, un autor de epigramas del siglo II, evoca una transacción de cinco dracmas (Antología Palatina, XII, 239). Una carta del pseudo-Esquines (VII, 3) estima en 3.000 dracmas el montante ganado por un tal Melanopos, probablemente a lo largo de toda su carrera.Esquines en Contra Timarco (§ 29, cf. supra) distingue así entre el prostituto y el chico mantenido. Añade en (§ 51-52) que si Timarco se hubiera contentado con ser su primer protector, su conducta habría sido menos reprensible. Ahora bien, no sólo Timarco ha abandonado a este hombre — que no tenía más medios para mantenerle — por otro, sino que ha coleccionado protectores, probando así, según Esquines, que no es un chico mantenido (hêtairêkôs) sino un vulgar prostituto (peporneumenos).
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en.wikipedia.org

1 Μάρτιος 2009

ΟΜΟΡΦΟΣ ΚΙ ΕΡΩΤΕΥΜΕΝΟΣ ΜΕ ΤΟΝ ΚΛΕΙΝΙΑ

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Ajileas Drugas (Grecia)
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Critóbulo dijo en ese momento: “Debo decir entonces por mi parte las razones por las que me siento orgulloso de mi belleza”. “Dilas”, le contestaron. “Pues bien, si no soy hermoso como lo creo, vosotros en justicia deberíais ser castigados por engaño, pues sin que nadie os obligue a ello, continiamente estáis afirmando bajo juramento que soy hermoso. Yo os creo, porque os considero hombres de bien. Pero si realmente soy hermoso y os pasa a vosotros conmigo lo que mismo que me ocurre a mí con el que me parece que es hermoso, juro por todos los dioses que no cambiaría el hecho de ser hermoso por el imperio del Gran Rey. Porque yo ahora disfruto más contemplando a Clinias que a todas las demás bellezas del mundo. Antes preferiría quedarme ciego para todo lo demás que para Clinias aun siendo uno solo. Estoy incluso molesto con la noche y con el sueño porque no le veo a él, pero me siento muy agradecido con el día y con el sol porque me permiten ver a Clinias. También hay otra cosa por la que debemos enorgullecernos nosotros por ser hermosos, y es que si el hombre fuerte tiene que conseguir sus bienes con su esfuerzo, y el valiente afrontando el peligro, o el sabio al menos hablando, el hermoso, en cambio, incluso sin hacer nada podría conseguirlo todo. Por ejemplo yo, aun sabiendo que las riquezas son una dulce posesión, sentiría más placer dando a Clinias lo que tengo que recibiendo otro tanto de otra persona, y más a gusto sería esclavo que libre si Clinias estuviera a ser mi amo. Porque más facil me resultaría trabajar con él que estar en reposo, y preferiría arriesgarme por él antes que vivir sin peligros (...)”
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Jenofonte: Banquete (Gredos, 1993)
Traducción: Juan Zaragoza

24 Φεβρουάριος 2009

ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΗΝΙΚΗ ΓΛΥΠΤΙΚΗ 1

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De la exposición “Praxíteles
en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas (2007)

19 Φεβρουάριος 2009

ΕΡΩΤΕΣ 5. Ο ΕΡΩΤΟΧΤΥΠΗΜΕΝΟΣ ΙΠΠΟΘΑΛΗΣ

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Paul Freeman (Australia)
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- ¿Quieres, pues, seguirnos (al gimnasio) –dijo- y ver así a los que están dentro?
- Primero me gustaría oír para qué es para lo que entro y quién es vuestro favorito.
- A unos les parece uno –dijo- y a otros otro, Sóctrates.
- Pero a ti, Hipotales, ¿quién? Dímelo.
Al ser preguntado así, se ruborizó y yo le dije:
- Oh Hipotales, hijo de Jerónimo, no tienes por qué decirme si estás o no enamorado de alguno. Porque bien sabes que no es que hayas empezado ahora a amar, y torpe como soy para la mayoría de las cosas, se me ha dado, supongo, por el dios, una cierta facilidad de conocer al que ama y al que es amado.
Oyendo todo esto, se ruborizó más aún.
Y Ctésipo añadió:
- No dejan de tener encanto el que te sonrojes, Hipotales, y ese recato en decirle a Sócrates el nombre. Pero, como se quede, aunque sea poco rato, contigo, te agotarás, Sócrates, al tener que oír continuamente el nombre en cuestión. A nosotros, al menos, nos ha dejado los oídos sordos y llenos de Lisis. Y si ocurre que ha bebido un poco, es fácil que cuando despertemos del sueño nos parezca oír todavía el dichoso nombre de Lisis. Y todo esto, cuando nos lo cuenta, aunque es terrible, no lo es demasiado, lo malo es cuando nos inunda con poemas y toda clase de escritos; y lo que ya es el colmo es cuando canta su amor con voz extraña, que a nosostros nos toca aguantar. ¡Y ahora, al ser preguntado por ti, se ruboriza!

Platón: Lisis en Diálogos I (Gredos, 1981)
Traducción: J. Calonge Ruiz, E. Lledó Íñigo, C. García Gual

14 Φεβρουάριος 2009

ΑΡΧΑΙΟΙ ΕΛΛΗΝΕΣ ΛΥΡΙΚΟΙ 3

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Kim Hanson (EEUU)

Eros, de nuevo, bajo sus párpados azuloscuro,
me examina con ojos de lánguido mirar,
y con toda la clase de hechizos
a las inmensas redes de Cipris me lanza.
En verdad que tiemblo al verlo cerca,
como un caballo de carreras,
ganador de trofeos antaño,
que, pesaroso, bajo el carro veloz
se ve uncir para otro certamen.
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Íbico de Regio (Fragm. 7D)

Alas a ti yo te he dado; con ellas el mar infinito
y toda la tietrra en un vuelo podrás recorrer
sin fatigas. En todo banquete y festejo presente
te hallarás, albergado en las bocas de muchos.
Y al son de las flautas de tonos agudos los jovenes
en rondas de amor, con bellas y suaves tonadas
te citarán. Y cuando a las cavernas de la oscura tierra
desciendas, a las lamentables mansiones del Hades
ni siquiera entonces, muriendo, te ha de faltar tu gloria,
sino que conservarás entre la gente tu nombre inmortal,
Cirno; y vas a viajar por la tierra de Grecia y las islas,
y a cruzar la incansable alta mar habitada por peces,
sin montarse a lomos de caballos, pues van a llevarte
Y para todos aquellos, incluso del mañana, que apreciesn el canto,
tu vivirás por igual, en tanto existan la tierra y el sol.
Y, sin embargo, de ti yo no recibo ni un poco de aprecio,
sino que, como a un niño pequeño, me enganas con cuentos
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Teognis de Magnesia (Vv. 237-54)

Traducciones: Carlos García Gual
Antología de la literatura griega (ss. VIII a.C. –IV d.C.) [Alianza Editorial, 1995]

9 Φεβρουάριος 2009

ΠΙΝΔΑΡΟΣ 2. ΕΓΚΩΜΙΟ ΤΟΥ ΘΕΟΞΕΝΟΥ ΤΟΥ ΤΕΝΕΔΙΟΥ

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Píndaro: Encomio de Teóxeno de Ténedos

En la ocasión justa debiste los frutos de amor recoger,
oh corazon, en el tiempo de tu juventud.
Mas quien, mirando los rayos que fulgen en los ojos
de Teóxeno, no siente el oleaje del deseo amoroso
en su alma, tiene forjado de bronce o de hierro
su negro corazón, en la llama de una frígida fragua,
desamparado de Afrodita, la de vivaces párpados.
O acaso se tortura de modo brutal en su afán de riquezas
o tras la femenina devergüenza azacanea su alma
con esfuerzo servil toda su ruta. Pero yo,
cual devorado por la honda pasión, como la cera
de las santas abejas me derrito, cuando veo
el frescor de la adolescencia en los miembros de los muchachos.
Así, ahora habitan en Tenedos la Persuasión y la Gracia,
que acompañan al hijo de Agesilao.

Traducción: Carlos García Gual
Antología de la literatura griega ( ss VII a.C.. – iv d.C.) [Alianza Editorial, 1995]
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(*) Según la leyenda Teóxeno fue el último amor efébico de Píndaro, y la persona en cuyos brazos falleció el poeta.

4 Φεβρουάριος 2009

ΠΙΝΔΑΡΟΣ 1. ΟΛΥΜΠΙΟΝΙΚΟΙ

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Olímpica X
A HAGESIDAMO, LOCRO EPIZEFIRIO,
VENCEDOR EN EL PUGILATO INFANTIL


(...) Hagesidamo, cuando un hombre que ha realizado hermosas gestas llega a la morada de Hades con sus aspiraciones frustradas, sin que canto alguno lo celebre, procura parvo deleite a su fatiga. En cambio derraman sobre ti su canto la dulcísona lira y la flauta melodiosa y velan por tu inmensa gloria las Piérides, hijas de Zeus.
Y yo, con ellas he emprendido entusiásticamente la tarea, vengo a abrazar al ilustre pueblo de los locros y a bañar de miel su ciudad de nobles varones. Ensalzo al amable hijo de Arquéstrato, al que vi la fuerza de su mano, hermoso de cuerpo y pletórico de una mocedad como la que antaño librara a Ganimedes de la muerte inexorable con la ayuda de la diosa nacida en Chipre.

Píndaro: Epinicios (Alianza Editorial, 1984)
Traducción: Pedro Bádenas de la Peña – Alberto Bernabé Pajares

30 Ιανουάριος 2009

ΕΡΩΤΕΣ 4

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Aristófanes: (...) cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas.
Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. Y una gran prueba de esto es que, llegados al término de su formación, los de tal naturaleza son los únicos que resultan valientes en los asuntos políticos. Y cuando son ya unos hombres, aman a los mancebos y no prestan atención por inclinación natural a los casamientos ni a la procreación de hijos, sino que son obligados por la ley, pues les basta vivir solteros todo el tiempo en mutua compañía. Por consiguiente, el que es de tal clase resulta, ciertamente, un amante de mancebos y un amigo del amante, ya que siempre se apega a lo que le está emparentado. Pero cuando se encuentran con aquella auténtica mitad de sí mismos tanto el pederasta como cualquier otro, quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor, sin querer, por así decirlo, separarse unos de otros ni siquiera por un momento. Éstos son los que permanecen unidos en mutua compañía a lo largo de toda su vida, y ni siquiera podrían decir qué desean conseguir realmente unos de otros. Pues a ninguno se le ocurriría pensar que ello fuera el contacto de las relaciones sexuales y que, precisamente por esto, el uno se alegra de estar en compañía del otro con tan gran empeño. Antes bien, es evidente que el alma de cada uno desea otra cosa que no puede expresar, si bien adivina lo que quiere y lo insinúa enigmáticamente. Y si mientras están acostados juntos se presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: «¿Qué es, realmente, lo que queréis, hombres, conseguir uno del otro?», y si al verlos perplejos volviera a preguntarles: «¿Acaso lo que deseáis es estar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día os separéis el uno del otro? Si realmente deseáis esto, quiero fundiros y soldaros en uno solo, de suerte que siendo dos lleguéis a ser uno, y mientras viváis, como si fuerais uno solo, viváis los dos en común y, cuando muráis, también allí en el Hades seáis uno en lugar de dos, muertos ambos a la vez. Mirad, pues, si deseáis esto y estaréis contentos si lo conseguís.» Al oír estas palabras, sabemos que ninguno se negaría ni daría a entender que desea otra cosa, sino que simplemente creería haber escuchado lo que, en realidad, anhelaba desde hacía tiempo: llegar a ser uno solo de dos, juntándose y fundiéndose con el amado. Pues la razón de esto es que nuestra antigua naturaleza era como se ha descrito y nosotros estábamos íntegros. Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esta integridad.

Platón: El Banquete

25 Ιανουάριος 2009

ΕΡΩΤΕΣ 3

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Por mi parte, dioses celestiales, pido que mi vida sea así siempre, que pueda sentarme frente a mi amigo y escuchar de cerca su dulce voz, salir con él cuando él salga y compartir con él toda actividad. Y que un amante pueda pedir que su amado pueda recorrer el camino hasta la vejez sin penas, através de una vida sin tropiezos ni desvios y sin haber experimentado ninguna malvada maquinación de la fortuna. Y si, de acuerdo con las leyes que gobiernan la naturaleza humana, le roza una enfermedad, que yo enferme con él cuando él esté enfermo y que cuando zarpe a través de olas tormentosas, yo pueda navegar con él. Y si la violencia de un tirano ordena encadenarlo, yo pondré los mismos grilletes en torno a mi cuerpo. Todo el que lo odie será mi enemigo, y mostraré mi aprecio a cuantos estén en buenas relaciones con él. Y si veo a bandidos o enemigos que le atacan, me armaré yo también incluso por encima de mis posibilidades. Y si muere, no soportaré la vida. Daré las últimas instrucciones a los que más quiero después de él para que nos construyan una tumba común, a ambos, que mezclen los huesos con los huesos y que no separen nuestras calladas cenizas unas de otras.

Luciano: Amores en Obras III (Gredos, 1990)
Traducción: Juan Zaragoza Botella

20 Ιανουάριος 2009

ΕΡΩΤΕΣ 2. ΟΡΕΣΤΗΣ ΚΑΙ ΠΥΛΑΔΗΣ

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Fresco de Pompeya - Benjamin West
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La Fócide unió a Orestes y Pílades desde su misma niñez. Tomando al dios como mediador de sus sentimientos mutuos, navegaron juntos como si fueran en un mismo navío de la vida. Ambos mataron a Clitemnestra como si ambos fueran hijos de Agamenón, y a manos de ambos murió Egisto. Pílades sufrió más por el acoso de las Furias a Orestes y lo defendió cuando lo estaban juzgando. Los afectos de la amistad no estaban limitados a las fronteras de Grecia, sino que navegaron hasta los últimos límites de Escitia, cada vez que uno enfermaba y el otro le cuidaba. En todo caso, tan pronto como arribaron al país de los Tauros, la Furia de los matricidas dio la bienvenida a los extranjeros, y cuando los nativos se pusieron en torno de ellos, Orestes cayó al suelo afectado por su habitual locura y quedó tendido, pero Pílades

le limpiaba la espuma y cuidaba de su cuerpo
y extendía delante de él su mano de fuerte trama para protegerle

dando la sensación no sólo de un amante, sino también de un padre. Y en todo caso, cuando se decidió que uno quedaría allí para que lo mataran y el otro volvería a Micenas para llevar una carta, ambos querían quedarse en beneficio del otro, considerando que él mismo vivía en la supervivencia del otro. Orestes rechazó tomar carta, alegando que Pílades era más adecuado para hacerlo, comportándose casi como amante más que como amado:

La muerte de este hombre sería una terrible desgracia para mí.
Pues yo soy el piloto de la nave de esta desgracia.


Y poco después dice:

dale la carta a mi compañero.
Yo la enviaré a Argos, como a él le convenga
y a mí deja que me mate quien quiera.

Así suele ocurrir generalmente. Cuando el amor serio nos es inculcado desde la niñez y madura en la edad que ya es capaz de razonar, el objeto de nuestro afecto duradero concede amor en correspondencia y es difícil darse cuenta de quién de los dos es el amnte, como si la imagen del cariño del amante se reflejara en la del amado como en un espejo.

Luciano: Amores en Obras III (Gredos, 1990)
Traducción: Juan Zaragoza Botella
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François Bouchot

15 Ιανουάριος 2009

Ο ΑΧΙΛΛΕΑΣ ΘΡΗΝΕΙ ΤΟΝ ΘΑΝΑΤΟ ΤΟΥ ΠΑΤΡΟΚΛΟΥ

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Nikolay Gay: Aquiles lamentando la muerte de Patroclos
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Canto XIX
Los caudillos aqueos se reunieron en torno de Aquileo y le suplicaron que comiera; pero él se negó, dando suspiros:
305 —Yo os ruego, si es que alguno de mis compañeros quiere obedecerme aún, que no me invitéis a saciar el deseo de comer o de beber; porque un grave dolor se apodera de mi. Aguardaré hasta la puesta del sol y soportaré la fatiga.
309 Cuando esto hubo dicho, despidió a los reyes, y solo se quedaron los dos Atridas, el divino Odiseo, Néstor, Idomeneo y el anciano Fénix para distraer a Aquileo, que estaba profundamente afligido. Pero nada podía alegrar el corazón del héroe, mientras no entrara en sangriento combate. Y acordándose de Patroclo, daba hondos y frecuentes suspiros y así decía:
315 —En otro tiempo, tú, infeliz, el más amado de los compañeros, me servías en esta tienda, diligente y solícito, el agradable desayuno cuando los aqueos se daban prisa por trabar el luctuoso combate con los teucros, domadores de caballos. Y ahora yaces, atravesado por el bronce, y yo estoy ayuno de comida y de bebida, a pesar de no faltarme, por la soledad que de ti siento. Nada peor me puede ocurrir: ni que supiera que ha muerto mi padre, el cual quizás llora allá en Ptía por no tener a su lado un hijo como yo, mientras peleo con los teucros en país extranjero a causa de la odiosa Helena; ni que falleciera mi hijo amado, que se cría en Esciros, si el deiforme Neoptólemo vive todavía. Antes, el corazón abrigaba en mi pecho la esperanza de que sólo yo perecería en Troya, y de que tú, volviendo a Ptía, irías en una veloz nave negra a Esciros, recogerías a mi hijo y le mostrarías todos mis bienes: las posesiones, los esclavos y el palacio de elevado techo. Porque me figuro que Peleo ya no existe, y si le queda un poco de vida, estará afligido, se verá abrumado por la odiosa vejez y temerá siempre recibir la triste noticia de mi muerte.
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Homero: La Ilíada
Traducción: Luis Segalá y Estalella (1910)

10 Ιανουάριος 2009

ΕΡΩΤΕΣ 1. ΑΧΙΛΛΕΑΣ ΚΑΙ ΠΑΤΡΟΚΛΟΣ

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Fresco de Pompeya (detalle)
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No te sorprendes, porque tampoco el afecto de Aquiles a Patroclo se limitó a sentarse enfrente

Esperando que el Eácide acabara de cantar*

Sino que también el placer era el intermediario de su amistad. En todo caso, cuando Aquiles lementaba la muerte de Patroclo, su dolor incontrolado le hizo gritar la verdad y dijo:

Llorando conservé el respeto por mis relaciones íntimas con tus muslos.**

Y los que los griegos llaman jarareros creo que no son otra cosa que amantes descarados. Tal vez alguien aduzca que estas cosas son vergonzosas de decir, pero, por la Afrodita de Cnido, es verdad.

Luciano: Amores en Obras III (Gredos, 1990)
Traducción: Juan Zaragoza Botella

* Ilíada IX 191
** ESQUILO, Frag. 136, probablemente de Mirmidones.

5 Ιανουάριος 2009

ΛΟΥΚΙΑΝΟΥ. ΕΤΑΙΡΙΚΟΙ ΔΙΑΛΟΓΟΙ

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V
CLONARIÓN Y LEENA
CLONARIÓN: Hemos oído cosas sorprendentes acerca de ti, Leena!; dicen que Megila, la rica lesbia, está enamorada de ti como un hombre, que vivís juntas y os dedicáis a no sé qué actividad recíproca. ¿Qué pasa?, ¿has enrojecido?, ¡ea!, dime si es verdad lo que se dice.
LEENA. Es verdad, Clonarión. Y yo estoy avergonzada, por lo antinatural que es esto.
CLONARIÓN. ¡En nombre de la diosa Afrodita!, ¿de qué se trata?, ¿qué quiere la mujer?, ¿qué havéis cuando estáis juntas? ¿Lo ves? Ya no me quieres, pues de otro modo no me ocultarías tales secretos.
LEENA. Te quiero más que a ninguna otra amiga, pero ella es terriblemente viril.
CLONARIÓN. No entiendo lo que dices, a no ser que se trate de una especie de fulana para mujeres. Dicen que hay mujeres así en Lesbos, con pinta de hombres, que no quieren tener comercio con hombres, sino que ellas mismas se acercan a las mujeres, como si fueran hombres.
LEENA. De una cosa parecida se trata.
CLONARIÓN. Entonces, Leena, explícamelo, cómo se insinuó primero, cómo tú te dejaste convencer y lo que vino después.
LEENA. La propia Megila y otra mujer rica, Demonasa la corintia, con las mismas costumbres que Megila, habían organizado una fiesta y me habían contratado a mí también para que les tocara la cítara. Cuando dejé de tocar ya era muy tarde y había que acostarase; ellas estaban borrachas. "¡Ea! -me dijo-, Leena, es un buen momento para irnos a la cama, acuéstate aquí en medio de nosotras.”
CLONARIÓN. ¿Y te acostaste? ¿Qué pasó luego?
LEENA. Al principio me besaban como los hombres, no sólo ajustando sus labios a los míos, sino que entreabrían la boca y me abrazaban, apretándome los pechos. Demonasa incluso me mordía mientras me besaba. Yo no sabía cómo interpertar lo que ocurría. Por fin Megila, que estaba ya muy caliente, se quitó la peluca de la cabeza (llevaba una peluca muy bien imitada y perfectamente ajustada) y apareció pelada al cero, afeitada como hacen los atletas muy viriles. Yo al verla me quedé turbada, pero ella me dijo; “¿Has visto alguna vez, Leena, a un muchacho tan hermoso?”. “ Yo no veo aquí na ningún joven, Megila”, dije. “ No me afemines - dijo -, pues yo me llamo Megilo y hace tiempo que me casé con Demonasa; es mi mujer.” Ante estas palabras, Clonarión, yo me eché a reír y dije: “¿Entonces tú, Megila, nos has estado ocultando que eres un hombre, como dicen que Aquiles se ocultaba entre las doncellas, y tienes tu virilidad y te comportas como un hombre con Demonasa?” “Aquello no lo tengo, Leena, -dijo-, pero no lo necesito en absoluto; tengo una manera muy propia y mucho más agradable de hacer el amor, como vas a ver.” “¿Entonces eres un hermafrodita –pregunté yo-, con los atributos de ambos sexos, de los que se dice que hay muchos?” Porque yo, Clonarión, todavía ignoraba estas cosas. “No -respondió-, sino que soy un hombre completo.” “Oí decir –seguí hablando yo – a la flautista beocia Ismenodora, cuando contaba relatos tradicionales de su país, que una mujer en Tebas se había transformado en hombre y que este hombre había llegado a ser in magnífico adivino, Tiresias se llamaba, según creo. ¿Acaso a ti te ha ocurrido algo parecido?” “No, Leena –respondió-, yo nací mujer igual que vosotras, pero mi pensamiento, mis deseos y todo lo demás lo tengo como un hombre.” “¿Y te basta con los deseos?”, dije yo. “Si no te fías de mí, dame una oportunidad, Leena, y te darás cuenta de quq no me falta nada de lo que tienen los hombres, pues tengo una cosa a cambio de su virilidad. Tú déjate hacer y lo verás.” Yo me dejé hacer, Clonarión, en vista de sus súplicas insistentes y de que me regaló un collar de mucho precio y finísima lencería. Luego yo la abracé como a un hombre y ella puso manos a la obra y me besaba y suspiraba y daba la impresión de que disfrutaba de una manera exagerada.
CLONARIÓN. ¿Y qué te hacía, Leena, y cómo lo hacía? Dime esto sobre todo.
LEENA. No preguntes con tanto detalle, que es de mal gusto; aparte de que, te lo juro por la Celeste, no te podría decir.

Luciano de Samosata: Diálogos de Cortesanas (Alianza Editorial, 1997)
Traducción: Juan Zaragoza Botella

31 Δεκέμβριος 2008

ΟΙ ΣΚΙΕΣ ΤΗΣ ΑΓΑΠΗΣ

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Stathis Orphanos
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Para que vengan

Una vela basta. Su dudosa luz
se presta más, será más cordial,
cuando vengan las Sombras, las Sombras del Amor.
Una vela basta. Que el cuarto esta tarde
no tenga mucha luz. En la ensoñación
y en la sugestión, y con poca luz,
en la ensoñación, tendré la visión
de que vienen las Sombras, las Sombras del Amor.

Constantino Cavafis / Grecia

29 Δεκέμβριος 2008

ΝΑΥΤΕΣ 3

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Stathis Orphanos / EEUU-Grecia

27 Δεκέμβριος 2008

Ο ΘΑΝΑΤΟΣ ΤΟΥ ΠΑΛΙΚΑΡΙΟΥ

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Α. Iatridis: La muerte de Markos Bótsaris

25 Δεκέμβριος 2008

ΓΑΜΟΙ ΑΝΔΡΩΝ

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El ícono arriba, del siglo VII, pertenecía al Monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí, y ahora se encuentra en el Museo de arte Oriental y Occidental de Kiev. Es interesante ver como Cristo aparece en la posición tradicional romana del Pronubus, el Padrino de boda, supervisando la ceremonia, detrás de Sergio y Baco.
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ORACION PRONUNCIADA DURANTE EL MATRIMONIO RELIGIOSO ENTRE DOS PERSONAS DEL MISMO SEXO
(Monasterio de San Panteleimon en el Monte Athos, siglo XVI, en griego)
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“Oh señor Dios y Gobernante que hiciste a la humanidad a tu imagen y semejanza y le diste el poder de la vida eterna, que aprobaste cuando tus santos apóstoles Felipe y Bartolomé se unieron, juntos no por la ley de la naturaleza, sino por la comunión del Espíritu Santo y que también aprobaste la unión de tus Santos Mártires Sergio y Baco, bendice también a estos servidores “N” y “N”, unidos no por la naturaleza, sino por la fidelidad, permíteles Señor amarse el uno al otro, sin odios y poder continuar juntos sin escándalos todos los días de sus vidas con ayuda de la Santa Madre de Dios y de todos tus Santos porque tuyo es el Poder y el reino, y el poder y la gloria. Padre, Hijo y Espíritu Santo”

20 Δεκέμβριος 2008

ΟΙ ΕΡΩΤΕΣ ΤΟΥ ΜΕΓΑΛΟΥ ΑΛΕΞΑΝΔΡΟΥ

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Theophilos / Grecia
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Generalmente se considera que el apego emocional más grande que tuvo Alejandro fue por su compañero, comandante de caballería y posible amante, Hefestión. Probablemente fueron amigos desde la niñez, dado que Hefestión también recibió educación en la corte del padre de Alejandro. Hefestión hace su aparición en la historia en el momento en que Alejandro alcanza Troya. Allí ambos amigos hacen sacrificios en los altares de los héroes de la Ilíada; Alejandro honrando a Aquiles y Hefestión a Patroclo. Como Aeliano (o Eliano) en su Varia Historia (12,7) afirma, “de esa manera Alejandro implicó que él (Hefestión) era su objeto de amor, como Patroclo lo fue de Aquiles”.
Muchos discutieron su sexualidad ambivalente. La carta 24 atribuida a Diógenes de Sinope aunque escrita en el primer o segundo siglo de nuestra era, y reflejando probablemente los chismes de los días de Alejandro expresa que amonestó a Alejandro diciendo “Si quieres ser hermoso y bueno (kalos kai agathos), arroja ese trapo que tienes sobre tu cabeza y ven con nosotros. Pero no serás capaz de hacerlo, dado que estás dominado por los muslos de Hefestión.” Y Curtius relata que “Alejandro despreciaba los placeres sensuales a tal grado que su madre estaba ansiosa por temor de que éste no le dejase descendencia.” Para agudizar su apetito por las mujeres el rey Filipo (quien ya había reprochado a su hijo por cantar en voz demasiado aguda), junto a su madre Olimpia, trajo a una costosa cortesana llamada Kallixeina. Pero no todos los antiguos pensaban igual. Eumenes (370-265) afirmaba que Alejandro “no se sentía a gusto con el sexo".
Posteriormente, a lo largo de su vida, Alejandro se casó con varias princesas de los anteriores territorios persas: Roxana de Bactriana, Estateira, hija de Dario III, y Parysatis, hija de Oco. Alejandro fue padre de al menos dos niños: Hércules, nacido en el 327 adC de su concubina Barsine, hija del sátrapa Artabazo II de Frigia Helespóntica, y Alejandro IV de Macedonia, de Roxana, en el 323 adC.
Curtio mantiene que Alejandro también tomó como amante a “... Bagoas, un eunuco de excepcional belleza y en la flor de su juventud, con el cual Darío había intimado y con el cual Alejandro luego intimaría” (VI.5.23) (en la antigüedad los eunucos solían ser emasculados sólo de las gónadas). Eumenes escribe que, antes de aventurarse aún más al Este, Alejandro instaló a Bagoas en una villa en las afueras de Babilonia y requirió a todos sus oficiales y cortesanos “ya fuesen griegos o persas” a rendirle honores (esto es, a presentarle costosos regalos). El favor de Alejandro por Bagoas es también obvio con el subsiguiente nombramiento de éste como uno de los trierarcas, quienes eran hombres de carácter que supervisaban y financiaban la construcción de barcos para el viaje de regreso a la patria. Su relación parece haber sido bien conocida entre sus tropas, ya que Plutarco relata un episodio (también mencionado por Athenaios y Dicaearco) durante unos festejos cuando regresaban de la India, en los cuales sus hombres clamaban a Alejandro que besase abiertamente a Bagoas, accediendo a esta solicitud. Cualquiera que fuese su relación con Bagoas, no fue impedimento para que éste tuviese relaciones con su reina: seis meses después de la muerte de Alejandro, Roxana dio a luz a su hijo y heredero Alejandro IV. Además de Bagoas, Curtio menciona otro amante de Alejandro, Euxenippos, “cuya joven belleza lo llenaba de entusiasmo” (VII,9,19).
(http://www.wikipedia.org/)
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Museo de Pella (siglo III a.C.)

16 Δεκέμβριος 2008

ΑΠΟΠΛΑΝΩΝΤΑΣ ΤΟΝ ΣΩΚΡΑΤΗ

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Poseidonia, 475 a.C
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- Diré la verdad. Mira si me lo permites.
-Por supuesto -dijo Sócrates -, tratándose de la verdad, te permito y te invito a decirla.
-La diré inmediatamente - dijo Alcibíades -. (...) Sócrates está en disposición amorosa con los jóvenes bellos, que siempre está en torno suyo y se queda extasiado, y que, por otra parte, ignora todo y nada sabe, al menos por su apariencia. ¿No es esto propio de sileno? Totalmente, pues de ello está revestido por fuera, como un sileno esculpido, mas por dentro, una vez abierto, ¿de cuántas templanzas, compañeros de bebida, creéis que está lleno? Sabed que no le importa nada si alguien es bello, sino que lo desprecia como ninguno podría imaginar, ni si es rico, ni si tiene algún otro privilegio de los celebrados por la multitud. Por el contrario, considera que todas estas posesiones no valen nada y que nosotros no somos nada, os lo aseguro. Pasa toda su vida ironizando y bromeando con la gente; mas cuando se pone serio y se abre, no sé si alguno ha visto las imágenes de su interior. Yo, sin embargo, las he visto ya una vez y me parecieron que eran tan divinas y doradas, tan extremadamente bellas y admirables, que tenía que hacer sin más lo que Sócrates mandara. Y creyendo que estaba seriamente interesado por mi belleza pensé que era un encuentro feliz y que mi buena suerte era extraordinaria, en la idea de que me era posible, si complacía a Sócrates, oír todo cuanto él sabía. ¡Cuán tremendamente orgulloso, en efecto, estaba yo de mi belleza! Reflexionando, pues, sobre esto, aunque hasta entonces no solía estar solo con él sin acompañante, en esta ocasión, sin embargo, lo despedí y me quedé solo en su compañía. Preciso es ante vosotros decir toda la verdad; así, pues, prestad atención y, si miento, Sócrates, refútame. Me quedé, en efecto, señores, a solas con él y creí que al punto iba a decirme las cosas que en la soledad un amante diría a su amado; y estaba contento. Pero no sucedió absolutamente nada de esto, sino que tras dialogar conmigo como solía y pasar el día en mi compañía, se fue y me dejó. A continuación le invité a hacer gimnasia conmigo, y hacía gimnasia con él en la idea de que así iba a conseguir algo. Hizo gimnasia, en efecto, y luchó conmigo muchas veces sin que nadie estuviera presente. Y ¿qué debo decir? Pues que no logré nada. Puesto que de esta manera no alcanzaba en absoluto mi objetivo, me pareció que había que atacar a este hombre por la fuerza y no desistir, una vez que había puesto manos a la obra, sino que debía saber definitivamente cuál era la situación. Le invito, pues, a cenar conmigo, simplemente como un amante que tiende una trampa a su amado. Ni siquiera esto me lo aceptó al punto, pero de todos modos con el tiempo se dejó persuadir. Cuando vino por primera vez, nada más cenar quería marcharse y yo, por vergüenza, le dejé ir en esta ocasión. Pero volví atenderle la misma trampa y, después de cenar, mantuve la conversación hasta entrada la noche, y cuando quiso marcharse, alegando que era tarde, le forcé a quedarse. Se echó, pues, a descansar en el lecho contiguo al mío, en el que precisamente había cenado, y ningún otro dormía en la habitación salvo nosotros. Hasta esta parte de mi relato, en efecto, la cosa podría estar bien y contarse ante cualquiera, pero lo que sigue no me lo oiríais decir si, en primer lugar, según el dicho, el vino, sin niños y con niños, no fuera veraz y, en segundo lugar, porque me parece injusto no manifestar una muy brillante acción de Sócrates, cuando uno se ha embarcado a hacer su elogio. Además, también a mí me sucede lo que le pasa a quien ha sufrido una mordedura de víbora, pues dicen que el que ha experimentado esto alguna vez no quiere decir cómo fue a nadie, excepto a los que han sido mordidos también, en la idea de que sólo ellos comprenderán y perdonarán, si se atrevió a hacer y decir cualquier cosa bajo los efectos del dolor. Yo, pues, mordido por algo más doloroso y en la parte más dolorosa de las que uno podría ser mordido --pues es en el corazón, en el alma, o como haya que llamarlo, donde he sido herido y mordido por los discursos filosóficos, que se agarran más cruelmente que una víbora cuando se apoderan de un alma joven no mal dotada por naturaleza y la obligan a hacer y decir cualquier cosa - y viendo, por otra parte, a los Fedros, Agatones, Erixímacos, Pausanias, Aristodemos y Aristófanes - ¿y qué necesidad hay de mencionar al propio Sócrates y a todos los demás?; pues todos habéis participado de la locura y frenesí del filósofo - por eso precisamente todos me vais a escuchar, ya que me perdonaréis por lo que entonces hice y por lo que ahora digo. En cambio, los criados y cualquier otro que sea profano y vulgar, poned ante vuestras orejas puertas muy grandes.
Pues bien, señores, cuando se hubo apagado la lámpara y los esclavos estaban fuera, me pareció que no debía andarme por las ramas ante él, sino decirle libremente lo que pensaba. Entonces le sacudí y le dije:
-Sócrates, ¿estás durmiendo?
-En absoluto - dijo él.
-¿Sabes lo que he decidido?
-¿Qué exactamente?, - dijo.
-Creo - dije yo - que tú eres el único digno de convertirse en mi amante y me parece que vacilas en mencionármelo. Yo, en cambio, pienso lo siguiente: considero que es insensato no complacerte en esto como en cualquier otra cosa que necesites de mi patrimonio o de mis amigos. Para mí, en efecto, nada es más importante que el que yo llegue a ser lo mejor posible y creo que en esto ninguno puede serme colaborador más eficaz que tú. En consecuencia, yo me avergonzaría mucho más ante los sensatos por no complacer a un hombre tal, que ante la multitud de insensatos por haberlo hecho.
Cuando Sócrates oyó esto, muy irónicamente, según su estilo tan característico y usual, dijo:
- Querido Alcibíades, parece que realmente no eres un tonto, si efectivamente es verdad lo que dices de mí y hay en mí un poder por el cual tú podrías llegar a ser mejor. En tal caso, debes estar viendo en mí, supongo, una belleza irresistible y muy diferente a tu buen aspecto físico. Ahora bien, si intentas, al verla, compartirla conmigo y cambiar belleza por belleza, no en poco piensas aventajarme, pues pretendes adquirir lo que es verdaderamente bello a cambio de lo que lo es sólo en apariencia, y de hecho te propones intercambiar «oro por bronce». Pero, mi feliz amigo, examínalo mejor, no sea que te pase desapercibido que no soy nada. La vista del entendimiento, ten por cierto, empieza a ver agudamente cuando la de los ojos comienza a perder su fuerza, y tú todavía estás lejos de eso.
Y yo, al oírle, dije:
- En lo que a mí se refiere, ésos son mis sentimientos y no se ha dicho nada de distinta manera a como pienso. Siendo ello así, delibera tú mismo lo que consideres mejor para ti y para mí.
- En esto, ciertamente, tienes razón - dijo -. En el futuro, pues, deliberaremos y haremos lo que a los dos nos parezca lo mejor en éstas y en las otras cosas.
Después de oír y decir esto y tras haber disparado, por así decir, mis dardos, yo pensé, en efecto, que lo había herido. Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, lo envolví con mi manto - pues era invierno -, me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates, dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo eso, él salió completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh jueces! - pues jueces sois de la arrogancia de Sócrates -. Así, pues, sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor.
Después de esto, ¿qué sentimientos creéis que tenía yo, pensando, por un lado, que había sido despreciado, y admirando, por otro, la naturaleza de este hombre, su templanza y su valentía, ya que en prudencia y firmeza había tropezado con un hombre tal como yo no hubiera pensado que iba a encontrar jamás?
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Platón: Banquete

12 Δεκέμβριος 2008

ΝΑΥΤΕΣ 2

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Yannis Tcarouchis / Grecia

8 Δεκέμβριος 2008

ΤΡΙΤΗ ΝΥΧΤΑ ΓΑΜΟΥ

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Andreas Karayan / Chipre
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Y nos casamos. Era el mes de julio. La tercera noche después de la boda hacía un calor insoportable. Las sábanas y las almohadas se habían empapado en sudor. A la una de la madrugada me levanté y fui al lavadero a echarme un cubo de agua por encima para refrescarme. Pero al poco rato estábamos en las mismas. No era sólo el calor, también había mosquitos. Me levanté dos veces a echar insecticida, pero no se morían ni a las tres. ZZZSSS, zzzsss...¡se tiraban como vampiros a chuparte la sangre! Hacia las dos de la madrugada, más aturdida por el calor y el agotamiento que por el sueño, oí a Fotis leventarse. –“ Me voy a dormir a la terraza”, me dice -¡Mm! le contesto y vuelvo a cerrar los ojos. Pero al poco me desperté con las ideas más claras. ¿Por qué no voy yo también a dormir al fresco?, pensé. Siempre había dos o tres colchones en la terraza. Dinos, en verano, no dormía nunca en la habitación, sino arriba, pero a mí no me gustaba porque el sol te despertaba a las seis de la mañana y tenías que volver a la habitación para continuar durmiendo, si no, me pasaba el día bostezando. Me puse la almohada bajo el brazo, cogí una sábana y una colcha y como estaba descalza subí hasta arriba sin hacer ruido. Los pillé en una postura que me da náusea recordar. Sin decir palabra volví a bajar sigilosamente tal y como había subido, me eché en la cama y me pasé la noche llorando.”¿Es que todos los hombres son unos degenerados, Dios mío?”, preguntaba sin cesar, sin obtener respuesta alguna. Si no hubiera existido el precedente de Aryiris, no sé cómo habría reaccionado. Pero había sufrido tanto en silencio durante todos esos años por aquel asunto que el nuevo episodio tomaba las dimensiones de una catástrofe irremediable. “Todos”, decía mordiendo la almohada para no gritar, “les basta un agujero, sea el que sea. Y el monstruo de mi hermano ¿cómo habrá podido...?”
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Costas Taktsis: La tercera boda (Alfaguara, 1987)
(trad.: Natividad Gálvez)

4 Δεκέμβριος 2008

ΝΑΥΤΕΣ 1

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Andreas Karayan / Chipre

30 Νοέμβριος 2008

Ο ΑΔΩΝΙΣ ΣΤΗΝ ΟΜΟΕΡΩΤΙΚΗ ΠΑΡΑΔΟΣΗ

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Frívolos
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Me he levantado fatal, te juro
Esa cosa de anoche era malísima
Y no debí beber cuando salí de Adonis.
Era de día y el taxi daba vueltas,
pensé: José Ramón no me querrá ya nunca.
Claro, Olimpia estaba mal, muy mal;
ella sabe que Muki quiere el americano.
La verdad es que fue divertido;
Bailando en Stella creí que me moría,
Las venas retumbaban, noté que ardía entero,
Hubo un instante en el que no vi a nadie.
Cantaba Tina Turner: solo recuerdo eso.
Bueno, sé que lloró, que ella lloraba mucho.
No, a la Facul no ha ido desde hace
varios meses. Le roba las botellas a su padre.
Era precioso el cielo cuando salí de Adonis.
Pensé en ti, lo juro. Y alguien me metió mano.
Me voy a ver la tele,
Pero te llamo luego a las doce o la una.

Luis Antonio de Villena / España
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Este poema conecta con características urbanas, el mundo del ambiente gay y de la noche. Tiene rasgos del lenguaje juvenil por la utilización de apelativos familiares y acortamientos como “Facul” o expresiones coloquiales del tipo “me metió mano”. Los enlaces con el mundo clásico aparecen en los nombres del bar “Adonis” o de la chica “Olimpia” con reminiscencias griegas. El uso de nombres griegos y romanos a establecimientos de “ambiente homosexual” es típico desde losinicios del movimiento gay. El mundo grecolatino, sobre todo, el griego fue muy permisivo en las relaciones sexuales con personas del mismo sexo. De hecho, los hombres que se preciaban tenían amantes masculinos y además era una etapa que todo hombre tenía que pasar. En el mundo romano se pusieron ciertas restricciones y con la institucionalización de la Iglesia Católica en Roma terminó con el relajamiento en las costumbres y se empezó a perseguir las prácticas homosexuales. El caso es que el mundo griego y latino se ha mitificado en el mundo homosexual. Villena conocedor de este ambiente, aúna tanto la tradición clásica como la corriente homoerótica en su poesía. Además en este poema en concreto lo une a la temática juvenil y urbana independientemente a la orientación sexual que se trate.
El nombre de Adonis proviene del dios griego tiene su origen en Siria antes de llegar a Grecia. Adonis era hijo de Cíniras, rey deChipre y de Mirra, transformado en un árbol de mirra, fuerecogido por Afrodita quien lo confió a Perséfone. La reina de los Infiernos quedó prendada del muchacho y se negó adevolverlo. Afrodita, a quien Adonis tampoco dejaba indiferente, se quejó a Zeus. El dios de los dioses decidió entonces que se confiaría el muchacho a Perséfone durante un tercio del año, el otro tercio, Adonis sería libre de elegir dóndevivir. Sin embargo, la pasión de la diosa del amor suscitó loscelos de su amante Ares. Un jabalí, enviado por uno de estos dioses, atacó a Adonis quien murió de un golpe en la ingle. Lasangre de Adonis se convirtió en una anémona, la primera y efímero flor de la primavera, mientras que la sangre de Afrodita, que brotó de los rasguños que se hizo la diosa con las zarzas al correr en ayuda de su amante, tiñó las rosas blancas de rojo. Adonis es la vegetación que desciende al reino de los muertospara unirse a Perséfone en invierno y vuelve a la tierra en primavera para unirse al amor a fin de abrirse y fructificar en verano.
En este poema, como en el mito, la belleza apolínea y juvenil de Adonis sirve para dar nombre a un bar de ambiente gay. Lo urbano y lo real se unen con el mito a través del símbolo de la juventud y de la belleza.
José Font Gavira

25 Νοέμβριος 2008

ΚΟΥΡΟΙ

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Un kouros (plural kouroi) es una estatua de un varón joven, fechada a partir del Periodo Arcaico del arte griego (sobre 650 al 500 adC). Los primeros kouroi estaban hechos de madera y no se han conservado, pero para el siglo VII los griegos habían aprendido de los egipcios el arte de tallar la piedra con herramientas de hierro y empezaron a tallar kouroi de piedra, particularmente mármol de las islas de Paros y Samos.
En griego antiguo la palabra kouros significaba ‘hombre joven’, y fue usada por Homero para referirse a los soldados jóvenes. Desde el siglo V la palabra aludía específicamente a un adolescente u hombre imberbe, pero no a un niño. Los modernos historiadores del arte han usado la palabra para referirse a este tipo específico de estatua masculina desnuda desde los años 1890. Los kouroi eran también conocidos comúnmente como Apolos, pues se creía que todas estas estatuas representaban al dios.
Los kouroi fueron creados en una época en la que Grecia estaba bajo la influencia cultural del Antiguo Egipto, puede verse en su característica pose rígida, reminiscencia de las estatuas de los reyes egipcios. Los griegos habrían visto estas estatuas cuando visitaban Egipto como mercaderes o soldados mercenarios contratados por los egipcios. Los kouroi casi siempre aparecen de pie con los brazos a los lados y los puños apretados, aunque unos pocos tienen un brazo extendido al frente desde el codo, sosteniendo una ofrenda. Siempre aparecen con su pierna izquierda ligeramente adelantada, pose que también era común en la escultura egipcia.
Los kouroi siempre están desnudos, llevando como mucho un cinturón y ocasionalmente botas. Sus caras y cabezas muestra una influencia cultural de Creta: llevan el pelo largo y trenzado o recogido al estilo cretense, y sus ojos a veces tienen un aspecto obviamente egipcio, que fue copiado en el arte cretense. Los kouroi, como sus equivalente femeninos, las korai, muestran invariablemente una sonrisa moderada con los labios cerrados, la llamada «sonrisa arcaica». Los kouroi posteriores muestran poses más naturalistas y sus peinados se vuelven más típicos del continente griego. En los cementerios, los kouroi mostraban a los difuntos como el ideal griego de masculinidad.
(http://www.wikipedia.org)
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