30 Ιανουαρίου 2009

ΕΡΩΤΕΣ 4

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Aristófanes: (...) cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas.
Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. Y una gran prueba de esto es que, llegados al término de su formación, los de tal naturaleza son los únicos que resultan valientes en los asuntos políticos. Y cuando son ya unos hombres, aman a los mancebos y no prestan atención por inclinación natural a los casamientos ni a la procreación de hijos, sino que son obligados por la ley, pues les basta vivir solteros todo el tiempo en mutua compañía. Por consiguiente, el que es de tal clase resulta, ciertamente, un amante de mancebos y un amigo del amante, ya que siempre se apega a lo que le está emparentado. Pero cuando se encuentran con aquella auténtica mitad de sí mismos tanto el pederasta como cualquier otro, quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor, sin querer, por así decirlo, separarse unos de otros ni siquiera por un momento. Éstos son los que permanecen unidos en mutua compañía a lo largo de toda su vida, y ni siquiera podrían decir qué desean conseguir realmente unos de otros. Pues a ninguno se le ocurriría pensar que ello fuera el contacto de las relaciones sexuales y que, precisamente por esto, el uno se alegra de estar en compañía del otro con tan gran empeño. Antes bien, es evidente que el alma de cada uno desea otra cosa que no puede expresar, si bien adivina lo que quiere y lo insinúa enigmáticamente. Y si mientras están acostados juntos se presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: «¿Qué es, realmente, lo que queréis, hombres, conseguir uno del otro?», y si al verlos perplejos volviera a preguntarles: «¿Acaso lo que deseáis es estar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día os separéis el uno del otro? Si realmente deseáis esto, quiero fundiros y soldaros en uno solo, de suerte que siendo dos lleguéis a ser uno, y mientras viváis, como si fuerais uno solo, viváis los dos en común y, cuando muráis, también allí en el Hades seáis uno en lugar de dos, muertos ambos a la vez. Mirad, pues, si deseáis esto y estaréis contentos si lo conseguís.» Al oír estas palabras, sabemos que ninguno se negaría ni daría a entender que desea otra cosa, sino que simplemente creería haber escuchado lo que, en realidad, anhelaba desde hacía tiempo: llegar a ser uno solo de dos, juntándose y fundiéndose con el amado. Pues la razón de esto es que nuestra antigua naturaleza era como se ha descrito y nosotros estábamos íntegros. Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esta integridad.

Platón: El Banquete

25 Ιανουαρίου 2009

ΕΡΩΤΕΣ 3

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Por mi parte, dioses celestiales, pido que mi vida sea así siempre, que pueda sentarme frente a mi amigo y escuchar de cerca su dulce voz, salir con él cuando él salga y compartir con él toda actividad. Y que un amante pueda pedir que su amado pueda recorrer el camino hasta la vejez sin penas, através de una vida sin tropiezos ni desvios y sin haber experimentado ninguna malvada maquinación de la fortuna. Y si, de acuerdo con las leyes que gobiernan la naturaleza humana, le roza una enfermedad, que yo enferme con él cuando él esté enfermo y que cuando zarpe a través de olas tormentosas, yo pueda navegar con él. Y si la violencia de un tirano ordena encadenarlo, yo pondré los mismos grilletes en torno a mi cuerpo. Todo el que lo odie será mi enemigo, y mostraré mi aprecio a cuantos estén en buenas relaciones con él. Y si veo a bandidos o enemigos que le atacan, me armaré yo también incluso por encima de mis posibilidades. Y si muere, no soportaré la vida. Daré las últimas instrucciones a los que más quiero después de él para que nos construyan una tumba común, a ambos, que mezclen los huesos con los huesos y que no separen nuestras calladas cenizas unas de otras.

Luciano: Amores en Obras III (Gredos, 1990)
Traducción: Juan Zaragoza Botella

20 Ιανουαρίου 2009

ΕΡΩΤΕΣ 2. ΟΡΕΣΤΗΣ ΚΑΙ ΠΥΛΑΔΗΣ

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Fresco de Pompeya - Benjamin West
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La Fócide unió a Orestes y Pílades desde su misma niñez. Tomando al dios como mediador de sus sentimientos mutuos, navegaron juntos como si fueran en un mismo navío de la vida. Ambos mataron a Clitemnestra como si ambos fueran hijos de Agamenón, y a manos de ambos murió Egisto. Pílades sufrió más por el acoso de las Furias a Orestes y lo defendió cuando lo estaban juzgando. Los afectos de la amistad no estaban limitados a las fronteras de Grecia, sino que navegaron hasta los últimos límites de Escitia, cada vez que uno enfermaba y el otro le cuidaba. En todo caso, tan pronto como arribaron al país de los Tauros, la Furia de los matricidas dio la bienvenida a los extranjeros, y cuando los nativos se pusieron en torno de ellos, Orestes cayó al suelo afectado por su habitual locura y quedó tendido, pero Pílades

le limpiaba la espuma y cuidaba de su cuerpo
y extendía delante de él su mano de fuerte trama para protegerle

dando la sensación no sólo de un amante, sino también de un padre. Y en todo caso, cuando se decidió que uno quedaría allí para que lo mataran y el otro volvería a Micenas para llevar una carta, ambos querían quedarse en beneficio del otro, considerando que él mismo vivía en la supervivencia del otro. Orestes rechazó tomar carta, alegando que Pílades era más adecuado para hacerlo, comportándose casi como amante más que como amado:

La muerte de este hombre sería una terrible desgracia para mí.
Pues yo soy el piloto de la nave de esta desgracia.


Y poco después dice:

dale la carta a mi compañero.
Yo la enviaré a Argos, como a él le convenga
y a mí deja que me mate quien quiera.

Así suele ocurrir generalmente. Cuando el amor serio nos es inculcado desde la niñez y madura en la edad que ya es capaz de razonar, el objeto de nuestro afecto duradero concede amor en correspondencia y es difícil darse cuenta de quién de los dos es el amnte, como si la imagen del cariño del amante se reflejara en la del amado como en un espejo.

Luciano: Amores en Obras III (Gredos, 1990)
Traducción: Juan Zaragoza Botella
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François Bouchot

15 Ιανουαρίου 2009

Ο ΑΧΙΛΛΕΑΣ ΘΡΗΝΕΙ ΤΟΝ ΘΑΝΑΤΟ ΤΟΥ ΠΑΤΡΟΚΛΟΥ

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Nikolay Gay: Aquiles lamentando la muerte de Patroclos
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Canto XIX
1- Eos, de azafranado velo, se levantaba de la corriente del Océano para llevar la luz a los dioses y a los hombres, cuando Tetis llegó a las naves con la armadura que Hefesto le entregara. Halló al hijo querido reclinado sobre el cadáver de Patroclo, llorando ruidosamente, y en torno suyo a muchos amigos que derramaban lágrimas.
[...]
Los caudillos aqueos se reunieron en torno de Aquileo y le suplicaron que comiera; pero él se negó, dando suspiros:
305 —Yo os ruego, si es que alguno de mis compañeros quiere obedecerme aún, que no me invitéis a saciar el deseo de comer o de beber; porque un grave dolor se apodera de mi. Aguardaré hasta la puesta del sol y soportaré la fatiga.
309 Cuando esto hubo dicho, despidió a los reyes, y solo se quedaron los dos Atridas, el divino Odiseo, Néstor, Idomeneo y el anciano Fénix para distraer a Aquileo, que estaba profundamente afligido. Pero nada podía alegrar el corazón del héroe, mientras no entrara en sangriento combate. Y acordándose de Patroclo, daba hondos y frecuentes suspiros y así decía:
315 —En otro tiempo, tú, infeliz, el más amado de los compañeros, me servías en esta tienda, diligente y solícito, el agradable desayuno cuando los aqueos se daban prisa por trabar el luctuoso combate con los teucros, domadores de caballos. Y ahora yaces, atravesado por el bronce, y yo estoy ayuno de comida y de bebida, a pesar de no faltarme, por la soledad que de ti siento. Nada peor me puede ocurrir: ni que supiera que ha muerto mi padre, el cual quizás llora allá en Ptía por no tener a su lado un hijo como yo, mientras peleo con los teucros en país extranjero a causa de la odiosa Helena; ni que falleciera mi hijo amado, que se cría en Esciros, si el deiforme Neoptólemo vive todavía. Antes, el corazón abrigaba en mi pecho la esperanza de que sólo yo perecería en Troya, y de que tú, volviendo a Ptía, irías en una veloz nave negra a Esciros, recogerías a mi hijo y le mostrarías todos mis bienes: las posesiones, los esclavos y el palacio de elevado techo. Porque me figuro que Peleo ya no existe, y si le queda un poco de vida, estará afligido, se verá abrumado por la odiosa vejez y temerá siempre recibir la triste noticia de mi muerte.
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Homero: La Ilíada
Traducción: Luis Segalá y Estalella (1910)

10 Ιανουαρίου 2009

ΕΡΩΤΕΣ 1. ΑΧΙΛΛΕΑΣ ΚΑΙ ΠΑΤΡΟΚΛΟΣ

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Fresco de Pompeya (detalle)
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No te sorprendes, porque tampoco el afecto de Aquiles a Patroclo se limitó a sentarse enfrente

Esperando que el Eácide acabara de cantar*

Sino que también el placer era el intermediario de su amistad. En todo caso, cuando Aquiles lementaba la muerte de Patroclo, su dolor incontrolado le hizo gritar la verdad y dijo:

Llorando conservé el respeto por mis relaciones íntimas con tus muslos.**

Y los que los griegos llaman jarareros creo que no son otra cosa que amantes descarados. Tal vez alguien aduzca que estas cosas son vergonzosas de decir, pero, por la Afrodita de Cnido, es verdad.

Luciano: Amores en Obras III (Gredos, 1990)
Traducción: Juan Zaragoza Botella

* Ilíada IX 191
** ESQUILO, Frag. 136, probablemente de Mirmidones.

5 Ιανουαρίου 2009

ΛΟΥΚΙΑΝΟΥ. ΕΤΑΙΡΙΚΟΙ ΔΙΑΛΟΓΟΙ

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V
CLONARIÓN Y LEENA
CLONARIÓN: Hemos oído cosas sorprendentes acerca de ti, Leena!; dicen que Megila, la rica lesbia, está enamorada de ti como un hombre, que vivís juntas y os dedicáis a no sé qué actividad recíproca. ¿Qué pasa?, ¿has enrojecido?, ¡ea!, dime si es verdad lo que se dice.
LEENA. Es verdad, Clonarión. Y yo estoy avergonzada, por lo antinatural que es esto.
CLONARIÓN. ¡En nombre de la diosa Afrodita!, ¿de qué se trata?, ¿qué quiere la mujer?, ¿qué havéis cuando estáis juntas? ¿Lo ves? Ya no me quieres, pues de otro modo no me ocultarías tales secretos.
LEENA. Te quiero más que a ninguna otra amiga, pero ella es terriblemente viril.
CLONARIÓN. No entiendo lo que dices, a no ser que se trate de una especie de fulana para mujeres. Dicen que hay mujeres así en Lesbos, con pinta de hombres, que no quieren tener comercio con hombres, sino que ellas mismas se acercan a las mujeres, como si fueran hombres.
LEENA. De una cosa parecida se trata.
CLONARIÓN. Entonces, Leena, explícamelo, cómo se insinuó primero, cómo tú te dejaste convencer y lo que vino después.
LEENA. La propia Megila y otra mujer rica, Demonasa la corintia, con las mismas costumbres que Megila, habían organizado una fiesta y me habían contratado a mí también para que les tocara la cítara. Cuando dejé de tocar ya era muy tarde y había que acostarase; ellas estaban borrachas. "¡Ea! -me dijo-, Leena, es un buen momento para irnos a la cama, acuéstate aquí en medio de nosotras.”
CLONARIÓN. ¿Y te acostaste? ¿Qué pasó luego?
LEENA. Al principio me besaban como los hombres, no sólo ajustando sus labios a los míos, sino que entreabrían la boca y me abrazaban, apretándome los pechos. Demonasa incluso me mordía mientras me besaba. Yo no sabía cómo interpertar lo que ocurría. Por fin Megila, que estaba ya muy caliente, se quitó la peluca de la cabeza (llevaba una peluca muy bien imitada y perfectamente ajustada) y apareció pelada al cero, afeitada como hacen los atletas muy viriles. Yo al verla me quedé turbada, pero ella me dijo; “¿Has visto alguna vez, Leena, a un muchacho tan hermoso?”. “ Yo no veo aquí na ningún joven, Megila”, dije. “ No me afemines - dijo -, pues yo me llamo Megilo y hace tiempo que me casé con Demonasa; es mi mujer.” Ante estas palabras, Clonarión, yo me eché a reír y dije: “¿Entonces tú, Megila, nos has estado ocultando que eres un hombre, como dicen que Aquiles se ocultaba entre las doncellas, y tienes tu virilidad y te comportas como un hombre con Demonasa?” “Aquello no lo tengo, Leena, -dijo-, pero no lo necesito en absoluto; tengo una manera muy propia y mucho más agradable de hacer el amor, como vas a ver.” “¿Entonces eres un hermafrodita –pregunté yo-, con los atributos de ambos sexos, de los que se dice que hay muchos?” Porque yo, Clonarión, todavía ignoraba estas cosas. “No -respondió-, sino que soy un hombre completo.” “Oí decir –seguí hablando yo – a la flautista beocia Ismenodora, cuando contaba relatos tradicionales de su país, que una mujer en Tebas se había transformado en hombre y que este hombre había llegado a ser in magnífico adivino, Tiresias se llamaba, según creo. ¿Acaso a ti te ha ocurrido algo parecido?” “No, Leena –respondió-, yo nací mujer igual que vosotras, pero mi pensamiento, mis deseos y todo lo demás lo tengo como un hombre.” “¿Y te basta con los deseos?”, dije yo. “Si no te fías de mí, dame una oportunidad, Leena, y te darás cuenta de quq no me falta nada de lo que tienen los hombres, pues tengo una cosa a cambio de su virilidad. Tú déjate hacer y lo verás.” Yo me dejé hacer, Clonarión, en vista de sus súplicas insistentes y de que me regaló un collar de mucho precio y finísima lencería. Luego yo la abracé como a un hombre y ella puso manos a la obra y me besaba y suspiraba y daba la impresión de que disfrutaba de una manera exagerada.
CLONARIÓN. ¿Y qué te hacía, Leena, y cómo lo hacía? Dime esto sobre todo.
LEENA. No preguntes con tanto detalle, que es de mal gusto; aparte de que, te lo juro por la Celeste, no te podría decir.

Luciano de Samosata: Diálogos de Cortesanas (Alianza Editorial, 1997)
Traducción: Juan Zaragoza Botella

31 Δεκεμβρίου 2008

ΟΙ ΣΚΙΕΣ ΤΗΣ ΑΓΑΠΗΣ

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Stathis Orphanos
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Para que vengan

Una vela basta. Su dudosa luz
se presta más, será más cordial,
cuando vengan las Sombras, las Sombras del Amor.
Una vela basta. Que el cuarto esta tarde
no tenga mucha luz. En la ensoñación
y en la sugestión, y con poca luz,
en la ensoñación, tendré la visión
de que vienen las Sombras, las Sombras del Amor.

Constantino Cavafis / Grecia

29 Δεκεμβρίου 2008

ΝΑΥΤΕΣ 3

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Stathis Orphanos / EEUU-Grecia

27 Δεκεμβρίου 2008

Ο ΘΑΝΑΤΟΣ ΤΟΥ ΠΑΛΙΚΑΡΙΟΥ

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Α. Iatridis: La muerte de Markos Bótsaris

25 Δεκεμβρίου 2008

ΓΑΜΟΙ ΑΝΔΡΩΝ

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El ícono arriba, del siglo VII, pertenecía al Monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí, y ahora se encuentra en el Museo de arte Oriental y Occidental de Kiev. Es interesante ver como Cristo aparece en la posición tradicional romana del Pronubus, el Padrino de boda, supervisando la ceremonia, detrás de Sergio y Baco.
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ORACION PRONUNCIADA DURANTE EL MATRIMONIO RELIGIOSO ENTRE DOS PERSONAS DEL MISMO SEXO
(Monasterio de San Panteleimon en el Monte Athos, siglo XVI, en griego)
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“Oh señor Dios y Gobernante que hiciste a la humanidad a tu imagen y semejanza y le diste el poder de la vida eterna, que aprobaste cuando tus santos apóstoles Felipe y Bartolomé se unieron, juntos no por la ley de la naturaleza, sino por la comunión del Espíritu Santo y que también aprobaste la unión de tus Santos Mártires Sergio y Baco, bendice también a estos servidores “N” y “N”, unidos no por la naturaleza, sino por la fidelidad, permíteles Señor amarse el uno al otro, sin odios y poder continuar juntos sin escándalos todos los días de sus vidas con ayuda de la Santa Madre de Dios y de todos tus Santos porque tuyo es el Poder y el reino, y el poder y la gloria. Padre, Hijo y Espíritu Santo”

20 Δεκεμβρίου 2008

ΟΙ ΕΡΩΤΕΣ ΤΟΥ ΜΕΓΑΛΟΥ ΑΛΕΞΑΝΔΡΟΥ

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Theophilos / Grecia
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Generalmente se considera que el apego emocional más grande que tuvo Alejandro fue por su compañero, comandante de caballería y posible amante, Hefestión. Probablemente fueron amigos desde la niñez, dado que Hefestión también recibió educación en la corte del padre de Alejandro. Hefestión hace su aparición en la historia en el momento en que Alejandro alcanza Troya. Allí ambos amigos hacen sacrificios en los altares de los héroes de la Ilíada; Alejandro honrando a Aquiles y Hefestión a Patroclo. Como Aeliano (o Eliano) en su Varia Historia (12,7) afirma, “de esa manera Alejandro implicó que él (Hefestión) era su objeto de amor, como Patroclo lo fue de Aquiles”.
Muchos discutieron su sexualidad ambivalente. La carta 24 atribuida a Diógenes de Sinope aunque escrita en el primer o segundo siglo de nuestra era, y reflejando probablemente los chismes de los días de Alejandro expresa que amonestó a Alejandro diciendo “Si quieres ser hermoso y bueno (kalos kai agathos), arroja ese trapo que tienes sobre tu cabeza y ven con nosotros. Pero no serás capaz de hacerlo, dado que estás dominado por los muslos de Hefestión.” Y Curtius relata que “Alejandro despreciaba los placeres sensuales a tal grado que su madre estaba ansiosa por temor de que éste no le dejase descendencia.” Para agudizar su apetito por las mujeres el rey Filipo (quien ya había reprochado a su hijo por cantar en voz demasiado aguda), junto a su madre Olimpia, trajo a una costosa cortesana llamada Kallixeina. Pero no todos los antiguos pensaban igual. Eumenes (370-265) afirmaba que Alejandro “no se sentía a gusto con el sexo".
Posteriormente, a lo largo de su vida, Alejandro se casó con varias princesas de los anteriores territorios persas: Roxana de Bactriana, Estateira, hija de Dario III, y Parysatis, hija de Oco. Alejandro fue padre de al menos dos niños: Hércules, nacido en el 327 adC de su concubina Barsine, hija del sátrapa Artabazo II de Frigia Helespóntica, y Alejandro IV de Macedonia, de Roxana, en el 323 adC.
Curtio mantiene que Alejandro también tomó como amante a “... Bagoas, un eunuco de excepcional belleza y en la flor de su juventud, con el cual Darío había intimado y con el cual Alejandro luego intimaría” (VI.5.23) (en la antigüedad los eunucos solían ser emasculados sólo de las gónadas). Eumenes escribe que, antes de aventurarse aún más al Este, Alejandro instaló a Bagoas en una villa en las afueras de Babilonia y requirió a todos sus oficiales y cortesanos “ya fuesen griegos o persas” a rendirle honores (esto es, a presentarle costosos regalos). El favor de Alejandro por Bagoas es también obvio con el subsiguiente nombramiento de éste como uno de los trierarcas, quienes eran hombres de carácter que supervisaban y financiaban la construcción de barcos para el viaje de regreso a la patria. Su relación parece haber sido bien conocida entre sus tropas, ya que Plutarco relata un episodio (también mencionado por Athenaios y Dicaearco) durante unos festejos cuando regresaban de la India, en los cuales sus hombres clamaban a Alejandro que besase abiertamente a Bagoas, accediendo a esta solicitud. Cualquiera que fuese su relación con Bagoas, no fue impedimento para que éste tuviese relaciones con su reina: seis meses después de la muerte de Alejandro, Roxana dio a luz a su hijo y heredero Alejandro IV. Además de Bagoas, Curtio menciona otro amante de Alejandro, Euxenippos, “cuya joven belleza lo llenaba de entusiasmo” (VII,9,19).
(http://www.wikipedia.org/)
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Museo de Pella (siglo III a.C.)

16 Δεκεμβρίου 2008

ΑΠΟΠΛΑΝΩΝΤΑΣ ΤΟΝ ΣΩΚΡΑΤΗ

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Poseidonia, 475 a.C
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- Diré la verdad. Mira si me lo permites.
-Por supuesto -dijo Sócrates -, tratándose de la verdad, te permito y te invito a decirla.
-La diré inmediatamente - dijo Alcibíades -. (...) Sócrates está en disposición amorosa con los jóvenes bellos, que siempre está en torno suyo y se queda extasiado, y que, por otra parte, ignora todo y nada sabe, al menos por su apariencia. ¿No es esto propio de sileno? Totalmente, pues de ello está revestido por fuera, como un sileno esculpido, mas por dentro, una vez abierto, ¿de cuántas templanzas, compañeros de bebida, creéis que está lleno? Sabed que no le importa nada si alguien es bello, sino que lo desprecia como ninguno podría imaginar, ni si es rico, ni si tiene algún otro privilegio de los celebrados por la multitud. Por el contrario, considera que todas estas posesiones no valen nada y que nosotros no somos nada, os lo aseguro. Pasa toda su vida ironizando y bromeando con la gente; mas cuando se pone serio y se abre, no sé si alguno ha visto las imágenes de su interior. Yo, sin embargo, las he visto ya una vez y me parecieron que eran tan divinas y doradas, tan extremadamente bellas y admirables, que tenía que hacer sin más lo que Sócrates mandara. Y creyendo que estaba seriamente interesado por mi belleza pensé que era un encuentro feliz y que mi buena suerte era extraordinaria, en la idea de que me era posible, si complacía a Sócrates, oír todo cuanto él sabía. ¡Cuán tremendamente orgulloso, en efecto, estaba yo de mi belleza! Reflexionando, pues, sobre esto, aunque hasta entonces no solía estar solo con él sin acompañante, en esta ocasión, sin embargo, lo despedí y me quedé solo en su compañía. Preciso es ante vosotros decir toda la verdad; así, pues, prestad atención y, si miento, Sócrates, refútame. Me quedé, en efecto, señores, a solas con él y creí que al punto iba a decirme las cosas que en la soledad un amante diría a su amado; y estaba contento. Pero no sucedió absolutamente nada de esto, sino que tras dialogar conmigo como solía y pasar el día en mi compañía, se fue y me dejó. A continuación le invité a hacer gimnasia conmigo, y hacía gimnasia con él en la idea de que así iba a conseguir algo. Hizo gimnasia, en efecto, y luchó conmigo muchas veces sin que nadie estuviera presente. Y ¿qué debo decir? Pues que no logré nada. Puesto que de esta manera no alcanzaba en absoluto mi objetivo, me pareció que había que atacar a este hombre por la fuerza y no desistir, una vez que había puesto manos a la obra, sino que debía saber definitivamente cuál era la situación. Le invito, pues, a cenar conmigo, simplemente como un amante que tiende una trampa a su amado. Ni siquiera esto me lo aceptó al punto, pero de todos modos con el tiempo se dejó persuadir. Cuando vino por primera vez, nada más cenar quería marcharse y yo, por vergüenza, le dejé ir en esta ocasión. Pero volví atenderle la misma trampa y, después de cenar, mantuve la conversación hasta entrada la noche, y cuando quiso marcharse, alegando que era tarde, le forcé a quedarse. Se echó, pues, a descansar en el lecho contiguo al mío, en el que precisamente había cenado, y ningún otro dormía en la habitación salvo nosotros. Hasta esta parte de mi relato, en efecto, la cosa podría estar bien y contarse ante cualquiera, pero lo que sigue no me lo oiríais decir si, en primer lugar, según el dicho, el vino, sin niños y con niños, no fuera veraz y, en segundo lugar, porque me parece injusto no manifestar una muy brillante acción de Sócrates, cuando uno se ha embarcado a hacer su elogio. Además, también a mí me sucede lo que le pasa a quien ha sufrido una mordedura de víbora, pues dicen que el que ha experimentado esto alguna vez no quiere decir cómo fue a nadie, excepto a los que han sido mordidos también, en la idea de que sólo ellos comprenderán y perdonarán, si se atrevió a hacer y decir cualquier cosa bajo los efectos del dolor. Yo, pues, mordido por algo más doloroso y en la parte más dolorosa de las que uno podría ser mordido --pues es en el corazón, en el alma, o como haya que llamarlo, donde he sido herido y mordido por los discursos filosóficos, que se agarran más cruelmente que una víbora cuando se apoderan de un alma joven no mal dotada por naturaleza y la obligan a hacer y decir cualquier cosa - y viendo, por otra parte, a los Fedros, Agatones, Erixímacos, Pausanias, Aristodemos y Aristófanes - ¿y qué necesidad hay de mencionar al propio Sócrates y a todos los demás?; pues todos habéis participado de la locura y frenesí del filósofo - por eso precisamente todos me vais a escuchar, ya que me perdonaréis por lo que entonces hice y por lo que ahora digo. En cambio, los criados y cualquier otro que sea profano y vulgar, poned ante vuestras orejas puertas muy grandes.
Pues bien, señores, cuando se hubo apagado la lámpara y los esclavos estaban fuera, me pareció que no debía andarme por las ramas ante él, sino decirle libremente lo que pensaba. Entonces le sacudí y le dije:
-Sócrates, ¿estás durmiendo?
-En absoluto - dijo él.
-¿Sabes lo que he decidido?
-¿Qué exactamente?, - dijo.
-Creo - dije yo - que tú eres el único digno de convertirse en mi amante y me parece que vacilas en mencionármelo. Yo, en cambio, pienso lo siguiente: considero que es insensato no complacerte en esto como en cualquier otra cosa que necesites de mi patrimonio o de mis amigos. Para mí, en efecto, nada es más importante que el que yo llegue a ser lo mejor posible y creo que en esto ninguno puede serme colaborador más eficaz que tú. En consecuencia, yo me avergonzaría mucho más ante los sensatos por no complacer a un hombre tal, que ante la multitud de insensatos por haberlo hecho.
Cuando Sócrates oyó esto, muy irónicamente, según su estilo tan característico y usual, dijo:
- Querido Alcibíades, parece que realmente no eres un tonto, si efectivamente es verdad lo que dices de mí y hay en mí un poder por el cual tú podrías llegar a ser mejor. En tal caso, debes estar viendo en mí, supongo, una belleza irresistible y muy diferente a tu buen aspecto físico. Ahora bien, si intentas, al verla, compartirla conmigo y cambiar belleza por belleza, no en poco piensas aventajarme, pues pretendes adquirir lo que es verdaderamente bello a cambio de lo que lo es sólo en apariencia, y de hecho te propones intercambiar «oro por bronce». Pero, mi feliz amigo, examínalo mejor, no sea que te pase desapercibido que no soy nada. La vista del entendimiento, ten por cierto, empieza a ver agudamente cuando la de los ojos comienza a perder su fuerza, y tú todavía estás lejos de eso.
Y yo, al oírle, dije:
- En lo que a mí se refiere, ésos son mis sentimientos y no se ha dicho nada de distinta manera a como pienso. Siendo ello así, delibera tú mismo lo que consideres mejor para ti y para mí.
- En esto, ciertamente, tienes razón - dijo -. En el futuro, pues, deliberaremos y haremos lo que a los dos nos parezca lo mejor en éstas y en las otras cosas.
Después de oír y decir esto y tras haber disparado, por así decir, mis dardos, yo pensé, en efecto, que lo había herido. Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, lo envolví con mi manto - pues era invierno -, me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates, dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo eso, él salió completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh jueces! - pues jueces sois de la arrogancia de Sócrates -. Así, pues, sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor.
Después de esto, ¿qué sentimientos creéis que tenía yo, pensando, por un lado, que había sido despreciado, y admirando, por otro, la naturaleza de este hombre, su templanza y su valentía, ya que en prudencia y firmeza había tropezado con un hombre tal como yo no hubiera pensado que iba a encontrar jamás?
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Platón: Banquete

12 Δεκεμβρίου 2008

ΝΑΥΤΕΣ 2

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Yannis Tcarouchis / Grecia

8 Δεκεμβρίου 2008

ΤΡΙΤΗ ΝΥΧΤΑ ΓΑΜΟΥ

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Andreas Karayan / Chipre
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Y nos casamos. Era el mes de julio. La tercera noche después de la boda hacía un calor insoportable. Las sábanas y las almohadas se habían empapado en sudor. A la una de la madrugada me levanté y fui al lavadero a echarme un cubo de agua por encima para refrescarme. Pero al poco rato estábamos en las mismas. No era sólo el calor, también había mosquitos. Me levanté dos veces a echar insecticida, pero no se morían ni a las tres. ZZZSSS, zzzsss...¡se tiraban como vampiros a chuparte la sangre! Hacia las dos de la madrugada, más aturdida por el calor y el agotamiento que por el sueño, oí a Fotis leventarse. –“ Me voy a dormir a la terraza”, me dice -¡Mm! le contesto y vuelvo a cerrar los ojos. Pero al poco me desperté con las ideas más claras. ¿Por qué no voy yo también a dormir al fresco?, pensé. Siempre había dos o tres colchones en la terraza. Dinos, en verano, no dormía nunca en la habitación, sino arriba, pero a mí no me gustaba porque el sol te despertaba a las seis de la mañana y tenías que volver a la habitación para continuar durmiendo, si no, me pasaba el día bostezando. Me puse la almohada bajo el brazo, cogí una sábana y una colcha y como estaba descalza subí hasta arriba sin hacer ruido. Los pillé en una postura que me da náusea recordar. Sin decir palabra volví a bajar sigilosamente tal y como había subido, me eché en la cama y me pasé la noche llorando.”¿Es que todos los hombres son unos degenerados, Dios mío?”, preguntaba sin cesar, sin obtener respuesta alguna. Si no hubiera existido el precedente de Aryiris, no sé cómo habría reaccionado. Pero había sufrido tanto en silencio durante todos esos años por aquel asunto que el nuevo episodio tomaba las dimensiones de una catástrofe irremediable. “Todos”, decía mordiendo la almohada para no gritar, “les basta un agujero, sea el que sea. Y el monstruo de mi hermano ¿cómo habrá podido...?”
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Costas Taktsis: La tercera boda (Alfaguara, 1987)
(trad.: Natividad Gálvez)

4 Δεκεμβρίου 2008

ΝΑΥΤΕΣ 1

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Andreas Karayan / Chipre

30 Νοεμβρίου 2008

Ο ΑΔΩΝΙΣ ΣΤΗΝ ΟΜΟΕΡΩΤΙΚΗ ΠΑΡΑΔΟΣΗ

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Frívolos
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Me he levantado fatal, te juro
Esa cosa de anoche era malísima
Y no debí beber cuando salí de Adonis.
Era de día y el taxi daba vueltas,
pensé: José Ramón no me querrá ya nunca.
Claro, Olimpia estaba mal, muy mal;
ella sabe que Muki quiere el americano.
La verdad es que fue divertido;
Bailando en Stella creí que me moría,
Las venas retumbaban, noté que ardía entero,
Hubo un instante en el que no vi a nadie.
Cantaba Tina Turner: solo recuerdo eso.
Bueno, sé que lloró, que ella lloraba mucho.
No, a la Facul no ha ido desde hace
varios meses. Le roba las botellas a su padre.
Era precioso el cielo cuando salí de Adonis.
Pensé en ti, lo juro. Y alguien me metió mano.
Me voy a ver la tele,
Pero te llamo luego a las doce o la una.

Luis Antonio de Villena / España
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Este poema conecta con características urbanas, el mundo del ambiente gay y de la noche. Tiene rasgos del lenguaje juvenil por la utilización de apelativos familiares y acortamientos como “Facul” o expresiones coloquiales del tipo “me metió mano”. Los enlaces con el mundo clásico aparecen en los nombres del bar “Adonis” o de la chica “Olimpia” con reminiscencias griegas. El uso de nombres griegos y romanos a establecimientos de “ambiente homosexual” es típico desde losinicios del movimiento gay. El mundo grecolatino, sobre todo, el griego fue muy permisivo en las relaciones sexuales con personas del mismo sexo. De hecho, los hombres que se preciaban tenían amantes masculinos y además era una etapa que todo hombre tenía que pasar. En el mundo romano se pusieron ciertas restricciones y con la institucionalización de la Iglesia Católica en Roma terminó con el relajamiento en las costumbres y se empezó a perseguir las prácticas homosexuales. El caso es que el mundo griego y latino se ha mitificado en el mundo homosexual. Villena conocedor de este ambiente, aúna tanto la tradición clásica como la corriente homoerótica en su poesía. Además en este poema en concreto lo une a la temática juvenil y urbana independientemente a la orientación sexual que se trate.
El nombre de Adonis proviene del dios griego tiene su origen en Siria antes de llegar a Grecia. Adonis era hijo de Cíniras, rey deChipre y de Mirra, transformado en un árbol de mirra, fuerecogido por Afrodita quien lo confió a Perséfone. La reina de los Infiernos quedó prendada del muchacho y se negó adevolverlo. Afrodita, a quien Adonis tampoco dejaba indiferente, se quejó a Zeus. El dios de los dioses decidió entonces que se confiaría el muchacho a Perséfone durante un tercio del año, el otro tercio, Adonis sería libre de elegir dóndevivir. Sin embargo, la pasión de la diosa del amor suscitó loscelos de su amante Ares. Un jabalí, enviado por uno de estos dioses, atacó a Adonis quien murió de un golpe en la ingle. Lasangre de Adonis se convirtió en una anémona, la primera y efímero flor de la primavera, mientras que la sangre de Afrodita, que brotó de los rasguños que se hizo la diosa con las zarzas al correr en ayuda de su amante, tiñó las rosas blancas de rojo. Adonis es la vegetación que desciende al reino de los muertospara unirse a Perséfone en invierno y vuelve a la tierra en primavera para unirse al amor a fin de abrirse y fructificar en verano.
En este poema, como en el mito, la belleza apolínea y juvenil de Adonis sirve para dar nombre a un bar de ambiente gay. Lo urbano y lo real se unen con el mito a través del símbolo de la juventud y de la belleza.
José Font Gavira

25 Νοεμβρίου 2008

ΚΟΥΡΟΙ

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Un kouros (plural kouroi) es una estatua de un varón joven, fechada a partir del Periodo Arcaico del arte griego (sobre 650 al 500 adC). Los primeros kouroi estaban hechos de madera y no se han conservado, pero para el siglo VII los griegos habían aprendido de los egipcios el arte de tallar la piedra con herramientas de hierro y empezaron a tallar kouroi de piedra, particularmente mármol de las islas de Paros y Samos.
En griego antiguo la palabra kouros significaba ‘hombre joven’, y fue usada por Homero para referirse a los soldados jóvenes. Desde el siglo V la palabra aludía específicamente a un adolescente u hombre imberbe, pero no a un niño. Los modernos historiadores del arte han usado la palabra para referirse a este tipo específico de estatua masculina desnuda desde los años 1890. Los kouroi eran también conocidos comúnmente como Apolos, pues se creía que todas estas estatuas representaban al dios.
Los kouroi fueron creados en una época en la que Grecia estaba bajo la influencia cultural del Antiguo Egipto, puede verse en su característica pose rígida, reminiscencia de las estatuas de los reyes egipcios. Los griegos habrían visto estas estatuas cuando visitaban Egipto como mercaderes o soldados mercenarios contratados por los egipcios. Los kouroi casi siempre aparecen de pie con los brazos a los lados y los puños apretados, aunque unos pocos tienen un brazo extendido al frente desde el codo, sosteniendo una ofrenda. Siempre aparecen con su pierna izquierda ligeramente adelantada, pose que también era común en la escultura egipcia.
Los kouroi siempre están desnudos, llevando como mucho un cinturón y ocasionalmente botas. Sus caras y cabezas muestra una influencia cultural de Creta: llevan el pelo largo y trenzado o recogido al estilo cretense, y sus ojos a veces tienen un aspecto obviamente egipcio, que fue copiado en el arte cretense. Los kouroi, como sus equivalente femeninos, las korai, muestran invariablemente una sonrisa moderada con los labios cerrados, la llamada «sonrisa arcaica». Los kouroi posteriores muestran poses más naturalistas y sus peinados se vuelven más típicos del continente griego. En los cementerios, los kouroi mostraban a los difuntos como el ideal griego de masculinidad.
(http://www.wikipedia.org)
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20 Νοεμβρίου 2008

ΤΥΨΕΙΣ

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Yannis Tsarouchis / Grecia

Remordimientos

A medida que pasan los días y se aleja
la edad de la modestia, siento
multiplicarse en mi interior, noche a noche,
aberturas insensibles:
calles que seguí con ojos bajos,
palabras que cayeron implacables sobre mí,
palabras más ordinarias que los gestos,
pero, mucho más, el seblante de mi madre,
esperándome, con un libro en la mano,
muda, en vela y pálida.

Dinos Christianopoulos / Grecia
(trad.: José A. Moreno Jurado)

15 Νοεμβρίου 2008

ΝΥΧΤΑ, ΧΑΡΙΣΕ ΜΟΥ ΕΝΑ ΚΟΡΜΙ

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Yannis Tsarouchis / Grecia

Noche, Regálame un cuerpo

Noche, regálame un cuerpo,
para saciar esta noche mi exaltación,
para matar esta noche mi desesperanza,
ya no soporto estos intinerarios,
este castigo de ir tras huellas extrañas.

Noche, regálame un cuerpo,
no voy a mirar si es hermoso su pecho,
si sus brazos están hechos al trabajo,
ni voy a preocuparme por el color de sus ojos,
por su nombre, por su profesión, por su edad.

Noche, regálame un cuerpo,
Aunque sea por media hora, por diez minutos.
Prometo entregarte, antes que nada, mi cuerpo,
prometo entregarte mi futuro,
prometo entregarte algo más, mi alma.

Regálame un cuerpo.

Dinos Christianopoulos / Grecia
(trad.: José A. Moreno Jurado)

10 Νοεμβρίου 2008

ΠΩΣ ΜΠΟΡΕΙΣ

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Diamantís Diamantopoulos / Grecia

Cómo puedes

¿Cómo puedes volver a la habitación
en donde, hace poco, estrechabas un cuerpo amado?
De sus rincones salen manos que te llaman,
voces que murmuran en la oscuridad medias palabras, “sí”, “no”,
“apaga la luz”, “que no”, “vuelve o mírame a los ojos”.
La densa luz de tus pestañas.
Tras la cortina, apenas oculto,
un pecho desnudo. Son miles los besos,
miles los nombres, hombros y sudor.
Todo lo quemé como papel de plata. Ningún rostro
quedó en mi memoria. Salí, podría decirse,
cierta tarde. Me echaron
y comenzó a lloviznar. Después, la tormenta
me llevó a una calle solitaria. Sin nadie.
Los que conocí en mi cuerpo
se fundieron, gotearon sangre, se desvanecieron
y, lleno de dolor, grité entonces tu nobre.

Andreas Anguelakis / Grecia
(trad.: José A. Moreno Jurado)

5 Νοεμβρίου 2008

ΕΝΑΣ ΑΔΥΝΑΜΟΣ ΑΝΔΡΑΣ

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Yannis Tsarouchis / Grecia

Fotografía

Ahora puedes mirarme.
Mírame bien para que imprimas
perfectamente mi figura.
No tengo nada que ocultar. No tengo miedo
de salir a la luz.
Lo que ves en mis ojos
puedes leerlo
y estar seguro.
Lo que distingues en mis labios
puedes adivinarlo.
Y lo que tengo en mi corazón
¡Aquí está!

(...)
Y, si por fortuna, alguien te pregunta mañana,
no lo dudes. "Éste era un hombre
debil”, dile,
“como los demás.”

Lukás Theodorakópulos / Grecia
(trad.: José A. Moreno Jurado)

30 Οκτωβρίου 2008

ΑΓΙΟΣ ΣΕΒΑΣΤΙΑΝΟΣ

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El Greco ....................- .....................Yannis Tsarouchis

25 Οκτωβρίου 2008

ΜΟΝΟ ΕΣΥ

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Amparo Cruz Herrera

Sócrates para mi mente
Jesucristo para mi corazón
y tú, sólo tú, para mis labios

Gloria Fuertes / España

20 Οκτωβρίου 2008

ΠΛΕΟΝΤΑΣ ΠΡΟΣ ΤΟ ΒΥΖΑΝΤΙΟ

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Navegando hacia Bizancio
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III
No son las imágenes ni el mármol. Ni una nave siquiera quien consigue hacer del deseo la forma que quiere el labio y el tacto ambiciona. No es la nave, cargada de atributos, ni la danza sobre el verde mosaico que el vino abrasa como un cuerpo que se ama. Pero todo es Bizancio. Cada palabra que se escurre y combate, cada sonido pleno como el sol y sus ubres, cada retumbe que se siente, todos los amores que ambicionas, el fuego que te arde, ese sin nombre hermoso que te exige maldad, el árbol, la planta, el cuerpo que desconozco, su perfume de axilas y de ajenjos, su cabello perfecto, su pecho como el ámbar que redime y golpea... Allí está Bizancio, las fraguas doradas del Emperador, el oro y el bronce junto al mar espumeante que resuena. Ese mar que rasgan los delfines y que un gong atormenta...
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Luis Antonio de Villena / España

15 Οκτωβρίου 2008

ΒΑΚΧΕΙΑ

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La Bacante
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Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encarnadas
las estruja nerviosamente
-esa belleza la provoca-
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.

Cristina Peri Rossi / Uruguay - España

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Bacante. Museo de Prado. Madrid
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Bacante. Ménade, cada una de las sacerdotisas de Baco que, en la celebración de los misterios, daban muestras de frenesí.

10 Οκτωβρίου 2008

ΥΑΚΙΝΘΟΣ

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Céfiro y Jacinto. Vaso ático encontrado en Tarquinia. Imagen en vaso del siglo V adC.
Tiene inscripción CHAIRE[STRATOSKALOS].
De la colección del Museo de Artas Finas, Boston

Hyakinthos

¡Oh milenarios rizos que sacude
la indecisa cabeza del mancebo
primaveral!
.................El sol todos los años
en ese día lleno de esperanza
en que la tierra deja de su sombra
abrirse el sueño y pronto resplandece
sobre la faz la débil criatura
de la aflicción, bajando por los montes,
también como un rapaz enardecido,
como una trepadora escala de oro.
En su ígneo corazón vuelve a sentirse
un fervor pasional y por sus viejas
mejillas los rosarios resplandores
tiñenle de vergüenza encantadora
su juventud.
..................Los hombres se preguntan
asomados al quicio de sus puertas
o abriendo el vago son de sus ventanas:
“¿Qué día es hoy, qué pasa allá en los cielos?
¿Por qué la tierra es rosa y por qué cantan
los pardos rajaruchos del invierno?
¿Qué trastorno ha llegado mientras dulce
palpita el universo?
...................Y desatando
su corbata se pierde el estudiante
por su cercano bosque y la doncella
abre su piano viejo y los jinetes
sienten que sus caballos les transportan
por un aire divino en que suenan
agrestes besos”.
....................Todos de complacen
en aquella demencia a la que llaman
día de paz.
....................¡Oh bucles perfumados
sobre los cuales gime el sol transido!

Juan Gil-Albert / España

5 Οκτωβρίου 2008

ΤΟ ΔΗΛΗΤΗΡΙΟ ΤΟΥ ΕΡΩΤΑ

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Júpiter y Ganímedes
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La dulce boca
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La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,
.
¡amantes! no toquéis si queréis vida:
porque entre un labio y otro colorado
Amor está de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.
.
No os engañen las rosas que al Aurora
diréis que aljofaradas y olorosas
se le cayeron del purpúreo seno.
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Manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen dél que incitan ahora
y sólo del Amor queda el veneno.
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Luis de Góngora / España

30 Σεπτεμβρίου 2008

Ο ΙΕΡΟΣ ΛΟΧΟΣ ΤΩΝ ΘΗΒΩΝ

Epaminondas salvando la vida de Pelópidas
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Batallón Sagrado de Tebas

El Batallón Sagrado de Tebas (en griego antiguo ἱερὸς λόχος / hieròs lókhos) era una unidad de élite griega formada por 150 parejas de amantes, de acuerdo a Plutarco (en la «Vida de Pelópidas») creada por el comandante tebano Górgidas. Las parejas consistían en un miembro de mayor edad o “heniochoi” (conductor) y uno más joven o “paraibatai” (compañero). La motivación para el uso del “ejército de amantes” en batalla lo expresa Plutarco:

Para hombres de la misma tribu o familia hay poco valor de uno por otro cuando el peligro presiona; pero un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros.

De acuerdo con Plutarco, Górgidas inicialmente distribuyó al Batallón Sagrado de Tebas a lo largo de sus líneas de batalla como un cuerpo de élite para fortalecer la resolución de los demás, pero entonces Pelópidas, después de que el Batallón hubiese luchado con éxito en la Tegira, lo usó como una especie de guardia personal. Durante cerca de 33 años el Batallón Sagrado de Tebas fue una parte importante de la infantería griega.
Su mayor derrota sucedió en la Batalla de Queronea, la cual fue la batalla decisiva en la que Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno terminaron con la independencia de las ciudades-estados griegas. Filipo había estado cautivo en Tebas, donde aprendió sus tácticas militares. El resto del ejército tebano huyó cuando se enfrentó a las abrumadoras fuerzas de Filipo y Alejandro, pero el Batallón Sagrado, rodeado, se mantuvo firme y cayeron donde estaban. Plutarco cuenta que Filipo, ante la visión de los cadáveres amontonados en una pila y entendiendo de quienes se trataban, exclamó: «Perezca el hombre que sospeche que estos hombres o sufrieron o hicieron algo inapropiadamente»
Aunque Plutarco afirma que los trescientos componentes del batallón murieron ese día, otros escritores afirman que doscientos cincuenta perecieron y que el resto solo fueron heridos. Estos datos fueron verificados en su tumba comunal en Queronea, en la cual doscientos cincuenta y cuatro esqueletos fueron hallados, alineados en siete filas.
(www.wikipedia.org)
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David d’ Angers: La muerte de Epaminondas


Isaac Walraven: El lecho de muerte de Epaminondas
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