9 Ιουνίου 2009

ΩΡΑΙΑ ΛΟΥΛΟΥΔΙΑ ΚΙ ΑΣΠΡΑ ΩΣ ΤΑΙΡΙΑΖΑΝ ΠΟΛΥ

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Yannis Tsarouchis (Grecia)

Hermosas flores blancas que le iban bien (1929)

Volvió al café donde solían ir juntos;
fue aquí cuando su amigo le había dicho, tres meses antes:
“no tenemos un centavo; somos dos jovenes en la miseria
sujetos a lo más barato; te digo sinceramente,
no puedo seguir contigo;
alguien más, debes saber, me desea”.
Este “algien más” le había prometido
dos trajes y unos pañuelos de seda.
Para atraerlo de nuevo, movió cielo y tierra,
consiguió veinte libras;
volvió con él por veinte libras,
y por el amor que sentían;
por la vieja amistad, por el sentimiento.
El “alguien más” fue un avaro, mintió,
sólo le dió in traje después de mil ruegos.

Mas ahora, no desea ni los trajes ni nada,
ni pañuelos de seda,
ni veinte libras o veinte piastras.

El domingo lo enterraron
a las diez de la mañana.

El domingo hace una semana; sobre el pobre féretro, puso flores,
hermosas flores blancas que le iban bien;
matizaban con su bellaza y sus veintidós años.

En la noche, cuando fue al café al que solían ir juntos
(encontró un trabajo, la necesidad de comer);
una cuchillada fue el recuerdo
del desolado lugar que frecuentaba.

Contantino Cavafis: Poesía erótica 1892-1931 (Ácrono, 2001)
Trad.: Cayetano Cantú

4 Ιουνίου 2009

Η ΕΜΟΡΦΙΑ ΤΟΥΣ, ΠΟΥ ΕΧΑΘΗΚΕ ΓΙΑ ΠΑΝΤΑ

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Miris: Alejandría del 340 D.C. (1929)
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Cuando supe la desgracia, que había muerto Miris,
fui a su casa, a pesar de que evito
entrar a las casas de Cristianos,
sobre todo cuando tienen duelos o festejos.
Me detuve en un pasillo. No quise
avanzar más adentro, pues percibí
que los parientes del muerto me miraban
con manifiesto asombro y desagrado.
Lo tenían en una sala grande
que desde el extremo donde me detuve
vi un poco: toda tapices preciosos,
y utensilios de oro y de plata.
Yo estaba de pie llorando al final del pasillo.
Y pensaba que nuestras reuniones y excursiones
sin Miris no tendrían ya valor
y pensaba que ya no lo vería
en nuestras bellas trasnochadas inmorales
regocijarse, y reír, y recitar versos
con su perfecto sentido del ritmo griego;
y pensaba que había perdido para siempre
su belleza, que había perdido para siempre
al joven que adoraba con locura.
Unas ancianas, cerca de mí, hablaban en voz baja
del último día que vivió-
continuamente en sus labios, el nombre de Jesús,
tenía una cruz en sus manos.-
Entraron después al aposento
cuatro sacerdotes Cristianos, y decían sus oraciones
con fervor y unas súplicas a Jesús
o a María (no conozco bien su religión)
Sabíamos, ciertamente, que Miris era Cristiano.
Lo sabíamos desde el primer momento, cuando
el año antepasado entró a nuestro grupo.
Pero vivía absolutamente como nosotros.
De todos nosotros el más entregado a los placeres;
disipando con largueza su dinero en las diversiones.
Sin cuidado por el juicio de la gente,
se metía de adrede en riñas nocturnas en las calles
cuando nuestra cuadrilla acertaba
a hallar un grupo opuesto.
Nunca hablaba de su religión.
Más aun, cierta vez le dijimos
que lo llevaríamos con nosotros al Serapion.
Pero como que se disgustó
con esa broma: ahora recuerdo.
Ah y también me vienen a la mente otras dos ocasiones.
Cuando hicimos libaciones a Poseidón,
se apartó de nuestro grupo y volvió la vista a otra parte.
Cuando entusiasmado uno de nosotros
dijo "el grupo nuestro que esté
bajo el favor y protección del grande,
del hermosísimo Apolo" -Miris susurró
(los demás no lo oyeron) "con excepción de mí'.
Los sacerdotes Cristianos en alta voz
suplicaban por el alma del joven.-
Yo observaba con cuánto esmero
y con qué atención concentrada
se preparaba todo en las formas
de su religión para el funeral Cristiano.
Y de repente me dominó una extraña impresión.
De una manera indefinida, sentía
como si Miris se marchase de mi lado.
Sentía que se había unido, Cristiano,
con los suyos, y que me había vuelto
yo un extraño, muy extraño, sentía además
que una duda se me allegaba: acaso hubiera sido engañado
por mi afecto, y siempre le fui extraño.-
Me lancé fuera de la horrible casa de ellos,
huí velozmente antes que el recuerdo de Miris me
fuera arrebatado, cambiado por el cristianismo de ésos.

Constantino Cavafis/Grecia
Trad.: Miguel Castillo Didier

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Tumba de Lanes (1918)

El Lanes que amaste, Marco, no está aquí,
en la tumba a que vienes a llorar, y te quedas horas y horas.
Al Lanes que tú amaste, lo tienes más cerca de ti,
en tu casa, cuando te encierras y contemplas el cuadro,
que ha conservado algo de lo que en él de más valor había,
que ha conservado algo de lo que amaste en él.

Recuerdad, Marco, que trajiste del palacio
del procónsul a aquel famoso pintor de Cirene,
y con qué astucia de artista él,
apenas vio a tu amigo, os quiso convencer
de que por encima de todo representarlo como Jacinto
(de esta manera se celebraría el cuadro más).

Pero tu Lanes su belleza no la prestaba de esa manera;
y, oponiendose con firmeza, dijo que de ningún modo
representaría a Jacinto, ni nigún otro,
sino a Lanes, hijo de Ramético, alejandrino.

Constantino Cavafis/Grecia
Trad.: Ramón Irigoyen

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30 Μαΐου 2009

ΕΛΛΗΝΙΚΟΣ ΚΑΙΝΟΥΡΙΟΣ ΚΟΣΜΟΣ, ΜΕΓΑΣ

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Constantino Kavafis (1863-1933) tuvo un extraordinario respeto por Grecia, la Grecia real de su tiempo. Pero no se consideró griego jamás, sino helénico; luego podemos decir que, más precisamente, alejandrino.
La Grecia macedónica o helenística fue (a partir de Alejandro Magno, fundador de Alejandría) la expansión de la cultura griega sobre territorios del Asia Menor, el Medio Oriente y el norte de África, donde existían otras culturas. El helenismo triunfará sobre ellas, sin abolirlas. El helenismo –una Grecia que no estaba ni era Grecia- se encarna principalmente en los reyes –débiles reyes- herederos de Alejandro: Ptolemeo en Egipto. Seleuco en Siria y en Babilonia. Sus capitales fueron Alejandría y Antioquía, ciudades-simbolo amadas por Kavafis. Ciudades lujosas, morbosas, a favor de la delicia y de la vida.
A ese mundo griego llegó Roma, y antes del año 30 a.J.C (anexión de Egipto) todo el oriente helenístico era romano. Así fue hasta que en 395, a la muerte del emperador Teodosio, llamado el Grande, se separan definitivamente el Imperio occidental, latino, de Honorio y el oriental, griego, de Arcadio. El Imperio romano nunca había cuestionado la fuerza, la singularidad o aun la supremacía cultural de las ciudades del orbe griego, pero su autonomía –en lo que sería el Imperio bizantino- revivió momentáneamente el esplendor helenístico, si bien el cristianismo imperante mantuvo alta la guardia para evitar licencias. Con añadidos raciales o culturales –con la pugna un tiempo entre paganos y cristianos-, el mundo griego (helenístico mejor) seguía pujante. La caída de parte del Imperio bizantino en poder de los arabes del califato Omeya, y luego del Imperio entero en manos turcas, a veces pudo poner en peligro el helenismo (y desde luego la literatura en griego se resintió), pero la Iglesia ortodoxa y la vigencia del mismo espíritu griego mantuvieron el valor, la eficacia de esas comunidades griegas, fuera de la Grecia continental, a las que pertenecía la familia Kavafis.
Con la existencia del reino de Grecia, que en 1864 incorpora las islas jónicas, surge de inmediato una voz que no se ha apagado todavía: la énosis o incorporación a la patria griega de todas las comunidades del Asia Menor y del Inmediato Oriente. Pero la anhelada énosis (sentida íntimamente por Kavafis, aunque no de igual modo que los políticos de Atenas) comienza su caída, definitiva al parecer, cuando al fin del Imperio otomano, y su derrota en la primera guerra mundial, la nueva Turquía se apodera plenamente de aquellas ciudades griegas del Asia Menor, y con la toma de Esmirna, en 1922, esas comunidades griegas emigran. Egipto sigue bajo la tutela británica, pero tras la segumda guerra mundial –Kavafis no lo verá- se prevé su arabización plena. La énosis quedaba como una relíquiaactiva en la isla de Chipre. Como un sueño de neoimperio macedónico, pero de otro modo, en Kavafis. Constantino no soño con un único Estado griego –con capitalidad en Atenas- sino con una vasta comunidad helénica cultural, que tuviera en Grecia un ancestro y punto de referencia, pero que viviera, prevaleciente y contaminada, en territoriow plurales, distintos, plurirraciales, mundanos. Kavafis – ya lo he dicho- amó a Grecia, pero se sintió heleno, perteneciente a la tradición del alejandrismo, griego decadente del extrarradio, habitante de Alejandría y Antioquía, las ciudades antiatenienses de su secreto deseo. Ciudades de la carne, del cuerpo y de una cultura que no niega el placer. Ello le hizo el habitante de un tiempo histórico ideal. Habitante de una ciudad –Alejandría- cosmopolita también en su tiempo. Y sobre todo habitante de un hedonismo radical –o sea, algo escéptico- que abundaba en el «amor –dijo lord Alfred- que no se atreve a decir su nombre». Kavafis fue (realmente, no figutadamente) el último notable del helenismo. La ciudad que él vivió –la Alejandría anterior a la segunda guerra- ya no existe.
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Luis Antonio de Villena: Carne y tiempo (Lecturas e inquisiciones sobre Constantino Kavafis) [Planeta, 1995]
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EN EL 200 a.J.C.
Alejandro, hijo de Filipo, y los griegos,
salvo los lacedemonios...
PLUTARCO, Alejandro, 16


Podemos muy bien imaginar
qué total indiferencia tendrían en Esparta
por esta insripción: «Salvo los lacedemonios»,
pero es natural. No eran los espartanos
gente que se dejaran conducir y mandar
como siervos de valía. Además,
una expedición panhelínica sin
un rey espartano como jefe,
no debía parecerles demasiado importante.
¡Ah, precisamente «salvo los lacedemonios»!
Esto es también una postura. Se entiende.
Así, salvo los lacedemonios, en Gránico:
y en Iso, después; y en la última
batalla, donde quedó barrido el terrible ejército
que en Arbelas concentraron los persas;
que desde Arbelas se puso en marcha hacia el triunfo y
resulto aniquilado.

Y de esta sorpredente expedición panhelénica,
victoriosa, respadeciente,
afamada, gloriosa
como ninguna otra lo fue, surgimos nosotros,
un nuevo mundo griego, inmenso.

Nosotros: alejandrinos, antioquenos,
seléucidas y los otros
griegos incontables de Egipto y de Siria,
y los de Media y Persia, y tantos otros.
Con estados enormes,
con la rica influencia de nuestra hábil adaptación.
Y nuestra Común Lengua Griega,
hasta el corazón de Bactriana la llevamos, hasta la India.
¡Hablar ahora de los lacedemonios!

C. P. Cavafis: Poesía completa (Alianza, 1982)
Trad.: Pedro Bádenas de la Peña

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25 Μαΐου 2009

ΕΠΙΘΥΜΙΕΣ

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Raymond Voinquel (Francia)
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ΕΠΙΘΥΜΙΕΣ

Σαν σώματα ωραία νεκρών που δεν εγέρασαν
και τάκλεισαν, με δάκρυα, σε μαυσωλείο λαμπρό,
με ρόδα στο κεφάλι και στα πόδια γιασεμιά —
έτσ’ η επιθυμίες μοιάζουν που επέρασαν
χωρίς να εκπληρωθούν' χωρίς ν’ αξιωθεί καμιά
της ηδονής μια νύχτα, ή ένα πρωί της φεγγερό.
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DESEOS

A cuerpos hermosos de muertos que no envejecieron
y los guardaron, con lágrimas, en un bello mausoleo,
con rosas a la cabeza y a los pies jazmines -
se asemejan los deseos que pasaron
sin cumplirse; sin merecer una
noche de placer, o una mañana luminosa.

Trad. castellana: Miguel Castillo Didier

DESIRAK

Gorputz ederrak bezala zaharkitu ez diren hilenak
eta hertsi dituztenak, malkoez, hilobi jori batetan,
arrosak buruan eta oinetan jazminak-
horrela ematen dute desirek igaro direnak
bete gabe; erdietsi gabe ezta
plazerrezko gan bakar bat ere, edo goiztiri leinurutsu bat.

Trad. vasca: Andonin Eguzkitza – Olga Omatos

DESIGS

Com cossos bells de morts que no han envellit
i els han tancats, amb llágrimes, dins una tomba espléndida,
amh roses per capça i llessamins als peus-
així semblen talment els desigs que han passat
sense que els satisfessin; sense una sola nit
de goig que els fos donada, o un sol matí lluent.

Trad. catalana: Carles Riba
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DESEOS
Como cuerpos bellos de muertos que nun avieyaron
y trancáronlos, con llágrimas, nun mausoléu espléndidu,
na cabecera roses y xazrnines nos pies-
talmente así semeyen los deseos que pasaron
ensin ser satisfechos; Ensin que consiguieran
nin una nueche sola de placer o un riscar lluminosu.

Trad. Asturiana: Xosé Gago

DESEJOS
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Como corpos belos dos que morrem sem ter envelhecido
- e são guardados, em lágrimas, num mausoléu magnífico,
com rosas na fronte e com jasmins aos pés –
assim os desejos são, desejos que esfriaram
sem serem consumados, sem que um só fruísse
uma noite de prazer, ou uma aurora que a lua inda ilumina.

Trad. portuguesa: Jorge de Sena

Constantino Cavafis / Grecia
Cavafis (Litoral / Ediciones Unesco, 1999)
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20 Μαΐου 2009

ΑΝΔΡΑΣ ΤΟΝ ΑΝΔΡΑ Ν' ΑΓΑΠΑ

George Platt Lynes (EEUU)

Un cantor muy hermoso se enamoró de un bello joven.
Una excesiva pasión sentía en su lánguido pecho
y con sus labios pálidos cantaba su dolor:
“Me sentaré frente a ti para hablarte, para escucharte,
para ver tus rubios cabellos y tus frescos labios
que tienen el color de la granada y la dulzura del cantuesco”.
Las solteras y las casadas escucharon la canción.
Las hermosas muchachas y las novias gritaron:
“Un hombre arrastra con su canto a amar a un hombre.
Caerán en el olvido las bodas y los noviazgos
y pasaremos la noche sin un marido a nuestro lado.
Las tetas de nuestros pechos no amamantarán a los niños”.
Amaneció un día de fiesta, allá, en las provincias turcas
y los pueblos se congregaron. Acudieron hombres y mujeres.
Acudió también el cantor con su propio laúd
y empezó a entonar su canción solitaria,
mientras le respondía la dulce melodía del laúd.
Las jovenes palidecieron como pálidas flores
y se irritaron enormemente en sus corazones.
Las solteras y las casadas cogieron piedras y quijarros
y golpearon al cantor mientras cantaba.
El dorado laúd dejó en silencio sus acordes.
El cantor, desconocido entre su sangre, yace en el suelo
y ninguna plañidera le entona sus lamentos.
Las enloquecidas muchachas le cortaron la cabeza
y la arrojaron al río junto al laúd.
Pero el río los hizo salir a la playa, entre las olas.
Caminan como compañeros la cabeza y el laúd.
La ola que pasaba iba resonando dulcemente
y el mar la transportó a numerosas islas.
Todo el derredor de las islas escuchaba, por la tarde
y por la noche, escuchaba la melodía sin saber su procedencia.
Los niños pequeños gritaban: “La produce el mar”.
La melodía se detuvo en un punto profundo,
como una estrella que brilla a medianoche en un lugar.
Parecía que se trataba dal canto de mil ruiseñores.
Los expertos marineros acudieron con sus barcas
y cogieron la cabeza. También cogieron el laúd
y enterraron la cabeza y el laúd en una tumba.
Desde aquel tiempo, en las aldeas de las islas,
las jovenes y los muchachos tocan hermosos órganos
y adornan los laúdes con plata y oro.
Las madres dan a luz hijas de dulces voces
que tienen rostros de ángeles y son ángeles del canto.
Sin embargo, en tierra firme, entre las mujeres asesinas,
los hombres cogieron un hierro, lo pusieron al rojo vivo
en el fuego y marcaron las frentes y espaldas de las muchachas
para que no se recocijaran demasiado por el crimen cometido.

Yeoryios Tertsetis (1800-1874) / Grecia
de la Antología de la Poesía Griega. Desde el siglo XI hasta nuestros días (Ediciones Clásicas, 1997)
Traducción: José A. Moreno Jurado

15 Μαΐου 2009

Ο ΕΡΑΣΤΗΣ ΤΟΥ ΛΟΡΔΟΥ ΒΥΡΩΝΑ

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Missolongi (Grecia), enero de 1824.
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Mi recordada Lily: Cuando empieces a leer sueña a tu amigo en el fin del mundo. Éste es un pueblo pequeño y húmedo, donde la fiebre camina por la calle con harapos de niebla. Está el caserío rodeado completamente de pantanos y cañaverales pútridos y la gente está casi negra por la miseria. No son los griegos de los libros. Pero esos griegos, de los que te he hablado, existen. Ahora duerme Endimión a mi lado, en una yacija de paja. Endimión, el muchacho del que se enamora la inconstante Luna. Lukas es recio y duro, ha matado ya a varios hombres. Es posible que se emborrache a menudo, y es más que probable que haya follado bien a una mujer. ¿A quién si no a ti, que eres sabia, contarle esto? Lukas es alto y moreno, tiene un cuerpo de piel suave, delicadamente fuerte. Los músculos son duros. Sus ojos grandes, negrísimos, adornados con tantas pestañas como siervas hay en un gran harén. Está a punto de cumplir dieciséis años, yo he cumplido ya treinta y seis. Sobre los labios, con la sensualidad del verano, un tierno bozo sombrea el amor. La polla es larga y oscura y ahora le cuelga, descansando, sobre un muslo donde finaliza el tiempo. ¡Es tan hermosamente masculino y joven, tan dulce su voz selvática, que he llorado mirándole muchas veces! Ángel de la Destrucción –imploro- socórreme. Cuando le conocí en Cefalonia con su familia (todos luchadores por la libertad de su patria) no dudé en tenerle conmigo. Sus padres acogieron con sumo inter´s mi gesto. Les prometió –él- que cuidaría de mí. Les di no sé cuántas esterlinas para que pudieran continuar peleando. Los Calandritsianos miran como un honor que el joven Lukas, su hijo menor, trabaje para mí. ¿Me vieron suspirar por la belleza? Pero ¿quién no suspiraría? Su madre ¿no habrá bendecido a Dios mil veces, al mirarlo? Jehová debiera detener el sol para él. Será injusto –más injusto en su caso- que la flor perezca. Lukas, como los griegos, no sintió nunca rubor cuando le indiqué (apenas podemos entendernos) que durmiera conmigo. Dejé que entrara en mí, porque no parecía interesarle otra cosa. Y sentí, junto a él, el coraje de los guerreros. Estoy seguro que los amantes del Batallón tebano hacían lo mismo para luchar con más ardor contra su enemigo.
Pero Lukas no me ama. Y yo quizá le ame más por ello. Es mi amigo, mi copero, mi paje, mi siervo, mi camarada, mi leal, pero no puede amarme. Los hombres follan, parece decir, pero no se aman. Y entonces yo busco el alivio de la desesperación. Sólo a Augusta la he amado así, pero mi hermana me ama también. Me vio escribir have algunas noches un corto poema, y adivinó que era suyo. Me besó en los labios, y salió riéndose. Como un vencedor. Como un atleta. Dice Fletcher que los suliotas comprnden y aprueban. Pero que dicen también y es verdad- que los ingleses están locos: persiguen muchachos en la guerra de Grecia...
La verdad es que no sé qué hago aquí, mi querida (...)

Luis Antonio de Villena: El burdel de Lord Byron (Planeta, 1995)

10 Μαΐου 2009

Η ΠΑΠΙΣΣΑ ΙΩΑΝΝΑ

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Frumencio sacó de la alforja un hábito y pidió a su amiga que se lo pusiera para ser admitida como novicio en el monasterio de Fulda.
“Así –añadió, ruborizándose, el jovenzuelo- podemos cohabitar en la misma celda sin problemas, comiendo del mismo plato y mojando el estilo en el mismo tintero. Pero si descubren que eres mujer, los priores te encerrarán con las demás novicias en las dependencias reservadas a mujeres, a donde sólo a ellos les está permitido entrar, y yo moriré de desesperación ante la puerta”.
Juana se negó rotundamente a ponerse ropas de hombre, por considerarlo un acto impío, objetando a los ruegos de su enamorado las palabras de Las Escrituras: “No habrá atuendo de hombre sobre una mujer y el hombre no llevará traje de mujer”. Pero él insistió, y al versículo del Deuteronomio opuso la opinión de Orígenes, según el cual las mujeres serán tranformadas en hombre el día del Juicio. Juana respondió que Orígenes era hereje y además eunuco. El joven, por su parte, le recordó el ejemplo de santa Tecla, hermana del apóstol Pablo, y también a las santas Margarita, Eugenia, Matrona y otras muchas santas que ocultaron bajo hábito masculino su cuerpo ‘blanco como las alas de angel’ y alcanzaron la santidad, a pesar se que cohabitaron con monjes, como los turcos alcanzan el Paraíso viviendo entre mujeres.
La juventud, la belleza y la pasión eran argumentos que hacían irrefutable la elocuencia del joven conquistador, de manera que Juana pisoteando sin más dilación con sus pequeños pies los preceptos de Las Escrituras y su hábito femenino, se vistió el de monje, y se calzó aquellas sandalias que años más tarde daría a besar a los poderosos de la Tierra, arrodillados en torno a su trono.
Cuando hubo concluido la transformación, Frumencio la condujo de nuevo a la orilla del lago para que se viera reflejada en el agua. Jamás cíngulo alguno había ceñido la cintura de más bello monje. El rostro de nuestra heroína resplandecía bajo la capucha, como una perla dentro de su concha. Frumencio no se cansaba de admirar al hermano ‘Juan’. Se arrodilló ante él extasiado y comenzó a labar su hermosura con uno de aquellos místico-anatómicos himnos con los que monjes del medioevo ensalzaban uno por uno los miembros de la Virgen: sus cabellos, sus mejillas, sus pechos, su vientre, sus piernas y sus pies, como los vendedores de caballos las hermosuras de su mercancía.

Emmanuil Roídis: La Papisa Juana. Un estudio sobre la Edad Media (Universidad de Sevilla, 2006)
Traducción: Carmen Vilela Gallego

5 Μαΐου 2009

ΤΟ ΑΝΔΡΙΚΟ ΓΥΜΝΟ ΣΤΟ ΕΡΓΟ ΤΟΥ ΔΟΜΗΝΙΚΟΥ ΘΕΟΤΟΚΟΠΟΥΛΟΥ

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Domenico Theotocopoulos (El Greco)

Resurrección (Madrid) / San Martín y el mendigo (Washington)
Laoconte (Washington)
San Sebastián (Palencia) / San Sebastián (Madrid)
Crucifixión (Madrid) /Trinidad (Madrid) / El Bautismo de Cristo (Madrid)
Martirio de san Mauricio (Madrid)
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Epimeteo

30 Απριλίου 2009

ΑΔΕΛΦΟΠΟΙΗΣΗ. Ο ΓΑΜΟΣ ΤΩΝ ΑΝΔΡΩΝ ΣΤΟ ΒΥΖΑΝΤΙΟ

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El rito de adelphopoiesis de Basilio, el más tarde emperador bizantino
Basilio I el Macedonio (867-886) con Juan, hijo de Danielis,
rica viuda en la ciudad de Patras.
(miniatura que ilustra la cronica del historiador bizantino Juan Skylitzes,
Madrid, Biblioteca Nacional)
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Adelphopoiesis
La adelphopoiesis, fraternitas iurata u ordo ad fratres faciendum es una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Época Moderna en Europa para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres). Adelphopoiesis proviene del griego ἀδελφός (adelphos) «hermano» y ποιῶ (poio) «yo hago», literalmente «hacer hermanos».
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El rito de la adelphopoiesis
La primera noticia moderna que se tiene del rito de la adelphopoiesis (en eslavo pobratimstwo) es de 1914, cuando Pável Florenski1 cita los elementos clave de la liturgia del rito:
1. los hermanos, que están colocados en la iglesia delante del atril, en el cual se encuentra la cruz y las escrituras; el mayor de los dos se coloca a la derecha, mientras que el más joven se coloca a la izquierda;
2. se realizan oraciones y letanías que piden que los dos sean unidos en el amor y se les recuerda ejemplos de amistad de la historia de la Iglesia;
3. los dos son atados con un cinturón, sus manos colocadas en los evangelios y una vela ardiendo es entregada a cada uno;
4. los versos de Corintios primera 12:27 a 13:8 (Pablo de Tarso sobre el amor) y Juan 17:18-26 (Jesús de Nazaret sobre la unidad) son leídos;
5. se leen más oraciones y letanías como las indicadas en el punto 2;
6. se lee el Padre nuestro;
7. los futuros hermanos reciben los regalos santificados de una copa común;
8. se les conduce alrededor del atril mientras se dan la mano y se canta el siguiente troparion: «Señor, mira desde el cielo y ve»;
9. intercambian besos; y
10. los presentes cantan: «¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!» (Salmos 133:1).
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Una de las oraciones, que se recitan durante la ceremonia, es la siguiente (en traducción española):
Dios todopoderoso, que fuiste antes que el tiempo y serás por todos los tiempos, que se rebajó a visitar a los hombres a través del seno de la Madre de Dios y Virgen María, envía a tu santo ángel a estos tus servidores [nombre] y [nombre], que se amen el uno al otro, así como tus santos apóstoles Pedro y Pablo se amaban y Andrés y Jacobo, Juan y Tomás, Jacobo, Felipe, Mateo, Simón, Tadeo, Matías y los santos mártires Sergio y Baco, así como Cosme y Damián, no por amor carnal, sino por la fe y el amor del Espíritu Santo, que todos los días de su vida permanezcan en el amor. Por Jesucristo, nuestro señor. Amén
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El rito del hermanamiento o adelphopoiesis ha ganado en relevancia entre los historiadores que se ocupan de la historia de la homosexualidad en los últimos años, ya que ha modificado la imagen que se tenía de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna. John Boswell tomó la institución como demostración de que el cristianismo no siempre fue homófobo en su libro Same-Sex Unions in Premodern Europe (Uniones homosexuales en la Europa premoderna), también publicada como The marriage of likeness (El matrimonio de semejanza). Boswell da el texto y la traducción de una serie de versiones de esta ceremonia en griego y la traducción para una serie de versiones en eslavónico. (...)
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es.wikipedia.org

25 Απριλίου 2009

ΠΟΛΙΕΥΚΤΟΣ ΚΑΙ ΝΕΑΡΧΟΣ ΜΑΡΤΥΡΕΣ

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SAN POLIEUCTO Y SAN NEARCO, MÁRTIRES
La ciudad de Melitene en Armenia, que era una ciudad militar romana, es ilustre por el gran número de sus mártires. Entre ellos, el mártir de mayor alcurnia fue Polieucto, un oficial romano de padres griegos.
La crónica del martirio de Polieucto data del siglo IV.
Cuenta que él y otro soldado, el cristiano Nearco, eran “hermanos no de nacimiento sino por afecto” (una crónica del s. X recoge la tradición según la cual “cada uno de ellos creía vivir y respirar por entero en el cuerpo del otro”). Ambos eran de origen griego. La historia se desarrolla en Armenia.
Sucedió que Félix, suegro de Polieucto, funcionario romano, promovió una persecución contra los cristianos, hacia quienes éste sentía simpatía. Trató entonces su suegro de apartarlo de ellos mentándole a su esposa e hijos para que por amor a ellos ofreciera un sacrificio a los ídolos, pero Polieucto se negó.
Sabiendo Nearco que de ser descubierto sería decapitado, se entristeció por la posibilidad de no hallar en la otra vida a Polieucto, quién sentenció: “aún cuando la muerte nos separase, nadie sería capaz de disminuir la devoción y el amor que tenemos el uno por el otro.” Y le confesó que también él creía en Cristo, Quien Se le había aparecido en visión.
Así, Polieucto, “unido a Nearco por un amor sin límites”, compareció voluntariamente ante Félix declarando su fe. Ni las suplicas de su mujer Paulina quebrantaron su decisión. “Pero nunca olvidó a Nearco, pues eran una sola alma, una alianza en dos cuerpos”. Sus últimas palabras fueron para Nearco – de quien la crónica no dice si padeció martirio -: “Hermano, recuerda nuestro pacto sagrado”. Al punto, fue decapitado.
Sucedió esto durante la persecución de Decio o Valeriano hacia el 259.

20 Απριλίου 2009

ΝΕΟΣ ΚΑΙ ΠΑΝΕΜΟΡΦΟΣ

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JOVEN Y HERMOSÍSIMO
Aba Jordán nos dijo también que el mencionado aba Nicolás le había contado la siguiente historia:
Sucedió a comienzos del reinado del muy piadoso emperador Mauricio. Naamán, el capitán de los sarracenos, saqueaba este territorio. Yo recorría las proximidades del Arnón y el Edón, cuando, de repente, descubrí a tres sarracenos que se llevaban a un prisionero joven y hermosísimo, de unos veinte años. Cuando me vio, rompió a llorar; pedía que le liberara de ellos.Yo comencé a suplicarles que lo soltaran, pero uno de los tres me dijo en griego:
- No lo soltamos.
- Cogedme a mí y soltadle a él, que no puede más.
- No lo soltamos.
- Y a cambio de una recompensa, ¿lo soltaréis? Entregádmelo, que venga conmigo y yo os traeré lo que queráis.
- No podemos entregártelo, porque le hemos prometido a nuestro sacerdote: “Si encontramos a uno que sea guapo, te lo traeremos para que lo sacrifiques”. Ahora, ¡vete, o hecemos rodar tu cabeza por el suelo!”.
Entonces, me arrodillé ante Dios y le supliqué:
- ¡Señor Dios, Salvador nuestro, salva a tu esclavo! –y en ese mismo momento los tres sarracenos fueron víctimas del demonio: desvainaron sus espadas y se las clavaron el uno al otro.
Yo, por mi parte, llevé al joven a mi cueva y ya no quiso separarse de mí. Renunció al mundo y, al cabo de siete años de vida monástica, descansó en paz. Era natural de Tiro.

Juan Mosco: El prado
en Historias bizantinas de locura y santidad (Siruela, 1999)
traducción: José Simón Palmer

15 Απριλίου 2009

ΘΕΟΔΩΡΟΣ. ΟΙ ΑΝΑΜΝΗΣΕΙΣ ΕΝΟΣ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΟΥ ΒΥΖΑΝΤΙΝΟΥ ΜΟΝΑΧΟΥ

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THEODORE, LAS MEMORIAS HERÉTICAS DE UN SACERDOTE HOMOSEXUAL
de Christopher Harris
Ediciones Jaguar
Nacido en la época en la que el Imperio bizantino se encuentra invadido por los paganos, debilitado por una guerra civil y dividido por los conflictos religiosos, Theodore, un monje bizantino homosexual con tendencias heréticas e inclinación hacia la filosofía platónica, nos relata sus memorias, protagonizadas por la búsqueda incansable del amor en un mundo sumido por el caos y la guerra. Sus continuas tribulaciones sobre su homosexualidad, su fe y la guerra le acabarán llevando a Inglaterra, donde se convertirá en arzobispo de Canterbury con la misión de civilizar a los anglosajones paganos, y donde junto a su amante y compañero Adriano, creará la Iglesia inglesa, en la forma en la que se la conoce en la actualidad.
A través de la intensa vida de este personaje histórico Christopher Harris se acerca a uno de los momentos más oscuros del Imperio Bizantino, que sucumbe bajo los efectos de la guerra civil y las divisiones religiosas. Junto a las novelas Memoirs of a Byzantine Eunuch y False Ambassador, Theodore forma parte de la Trilogía bizantina creada por su autor

10 Απριλίου 2009

Η ΓΥΝΑΙΚΕΙΑ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ

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de Apolodoro, Museo Arqueológico de Tarquinia
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HOMOSEXUALIDAD FEMENINA EN GRECIA Y ROMA
Juan Francisco Martos Montiel - Universidad de Malaga
Comparada con el ingente volumen de publicaciones científicas acumulado en los últimos veinticinco o treinta años sobre el tema general de la mujer y la sexualidad en el mundo antiguo, la bibliografía específica acerca de la homosexualidad femenina en este ámbito de estudios es, sin duda, todavía escasa (...)
Uno de estos modos, probablemente el más extendido, encontraba su fundamento en un pudor hipócrita e intransigente que llevaba simplemente a evitar la cuestión o incluso a tratar de ocultarla omitiendo o tergiversando los textos. Recordemos, por no citar más que un par de ejemplos, la larga serie de enmiendas, conjeturas y otras filigranas filológicas soportadas durante todo el siglo XIX y una buena porción del XX por gran parte de los fragmentos de Safo, y especialmente por su conocida Oda a Afrodita, sobre todo por el participio final (ethéloisa) de su penúltima estrofa, único elemento del poema que explicita el género femenino del destinatario del amor de la poetisa (...)
El otro modo de acercamiento a la cuestión del homoerotismo femenino en la Antigüedad, relacionado en cierta forma con el primero y extrañamente presente aún en algunos estudios recientes, consiste precisamente en no acercarse en absoluto a la cuestión, sino más bien despacharla de un plumazo alegando la pretendida escasez de fuentes antiguas que tratan de la sexualidad femenina en general y de la homosexualidad en particular. Es cierto que, en comparación con la sexualidad (y la homosexualidad) del varón, la de la mujer cuenta con un número mucho menor de testimonios, la mayoría de ellos, además, escritos y concebidos por y para hombres, y a menudo imprecisos y confusos. Pero una serie de trabajos, aparecidos casi todos, como decíamos, en el último cuarto de siglo, han sabido indagar e interpretar con buen juicio las fuentes antiguas, tanto literarias como iconográficas, para demostrar, entre otras cosas, que, por muy parciales y oscuros que sean los testimonios conservados, no son en absoluto desdeñables ni inútiles para el investigador, y también que, pese a todo, no son tan escasos como a menudo se afirma (…)
Hoy sabemos, por ejemplo, o al menos es una opinión mayoritariamente aceptada, que la homosexualidad de Safo se manifiesta con claridad en sus poemas, y que, como demuestran también los partenios de Alcmán y algunas referencias posteriores, debemos encuadrarla en el contexto de antiguas instituciones femeninas (existentes no sólo en Lesbos, también en Esparta y probablemente en otras zonas) en cuyo seno las relaciones homoeróticas tenían un carácter propedéutico y de iniciación, similar en muchos aspectos al que encontramos en la homosexualidad masculina.
Conocemos también mucho mejor la larga tradición que durante toda la antigüedad y todavía bastante después hacía de Safo una hetera homosexual (una tradición que remonta probablemente a la Atenas del siglo V a. C., donde se representaron ya algunas comedias tituladas con su nombre), y sabemos que la mala fama que tuvieron en general las mujeres de Lesbos se basaba al principio en su promiscuidad sexual (...)
Se ha avanzado mucho, asímismo, en el análisis del material mitológico, logrando desterrar la idea, sostenida hasta hace relativamente poco por bastantes estudiosos, de que no existían mitos clásicos que se refirieran a relaciones homosexuales femeninas: la realidad es que noticias como las de Calímaco sobre las relaciones de especial afectuosidad entre Ártemis o Atenea y algunas ninfas de su séquito, o determinadas versiones de los mitos de Zeus y Calisto o de Leucipo y Dafne, en las que el travestismo del personaje masculino es el medio empleado para la seducción del personaje femenino, o episodios como el de las Dionisíacas de Nono de Panópolis, cuando Aura, una de las compañeras de Ártemis, acaricia los pechos de la diosa y alaba su belleza, o como la historia ovidiana de los amores de Ifis y Yante, en la que se describe perfectamente la pasión homosexual que abrasa a una de las protagonistas, apuntan más bien en la dirección contraria. (...)
Y no podemos olvidarnos de las fuentes iconográficas, que cada vez aportan más imágenes interpretadas verosímilmente también como testimonios de la existencia de relaciones homoeróticas entre mujeres en la Antigüedad.(...)
Sin embargo, a pesar de todos esos avances en la investigación que venimos exponiendo, y aunque ya nadie pueda poner en duda o tratar de eludir la existencia de prácticas homosexuales femeninas en la Antigüedad, quedan aún algunos puntos oscuros o no lo suficientemente aclarados: cómo fue real y objetivamente la práctica del lesbianismo, cuáles eran sus motivaciones y sus consecuencias sociales, si hubo relaciones homoeróticas estables entre mujeres, si se puede hablar de matrimonios lésbicos , qué papel desempeñaban las iniciaciones, ritos y celebraciones entre las jóvenes en el desarrollo de lazos homoerótcos duraderos, si estas relaciones se establecían entre mujeres de la misma edad o diferente, del mismo nivel socioeconómico y cultural o diferente, etc.(...)
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(El texto entero se halla en el primer comentario)

5 Απριλίου 2009

Ο ΑΝΔΡΙΚΟΣ ΕΡΩΤΑΣ ΣΕ ΚΕΡΑΜΙΚΑ ΤΟΥ 6ου ΑΙΩΝΑ π.Χ

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Colección de Shelby White y Leon Levy
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Museo de la Universidad de Misisipi
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Museo Languedocien, Montpellier

31 Μαρτίου 2009

ΔΟΥΡΙΣ

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Museo de Louvre, Paris
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Museo Británico, Londres
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Künstnach, Colección Hirschmann
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Museo Metropolitano de Nueva York
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Museo de Bellas Artes, Boston
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Dúrides (griego Δοῦρις, Doũris) era un pintor de vasos de figuras rojas, activo de 500 a 460 a. C.
Empieza su carrera trabajando para los ceramistas Cleofrades y Eufronios, antes de empezar una larga colaboración con Pitón. Firma 39 vasos como pintor, e igualmente uno como alfarero y un vaso únicamente como ceramista. Entre 250 y 300 vasos le son atribuidos. La mayoría de estos vasos son kílix, es decir, copas. Su nombre parece haber sido popular, pues se lo encuentra sobre otros vasos: figura así sobre un vaso llevado por una chica en una copa de Onésimos. En la base de estas firmas, de las inscripciones kalos y de la decoración subsidiaria de los vasos, el historiador del arte John Beazley ha distinguido en su carrera cuatro grandes fases:
Fase I
Está caracterizada por una decoración recargada y por la diversidad de motivos de orladura. Los temas preferidos son los banquetes, los komoi (cortejos deèges de gente borracha) o los guerreros. El nombre de kalos favorito es Queréstrato. Beazley sugiere que en esta época, Dúrides pudo trabajar junto con Onésimos, otro gran pintor de copas del período. Respecto a este último, en Dúrides privma la gracia de sus personajes.
Fase II
La colaboración con Eufronios se acaba; Dúrides trabaja en adelante con Pitón. Khærestratos queda como nombre del kalos preferido, paralelamente con Panaitios, que se encuentra igualmente sobre las obras de Onésimos. La decoración subsidiaria es menos importante; la mayoría de los medallones no tienen borde. Los temas preferidos son las escenas de jóvnes y de atletas. El trazo de Dúrides se singulariza en adelante por el uso de una clase de garabato para figurar la extremidad interna de la clavícula. La obra maestra de este periodo es un psykter (vase para enfriar) adornado con sátiros borrachos.
Fase III
Es la fase más característica de Dúrides, y su apogeo. Las orladuras de los medallonesn se caracterizan por la alteernancia de un elemento de meandro y de cuadrados; las asas de la copa están decoradas con palmetas. El nombre de kalos preferido es en adelante Hipodamas; las firmas se hacen raras. Dúrides vuelve a las escenas de banquete, y se interesa por los estudios de guerreros y por escenas escolares. La obra maestra del periodo es la copa llamada la «pietá de Memnon»: Eos lleva el cuerpo de su hijos Memnón, muerto por Aquiles durante la guerra de Troya.
Fase IV
Dúrides vuelve a una ornamentación recargada. Las orladuras comprenden en adelante dos elementos de meandro por cada cuadrado; las palmetas en las asas se complican y motivos de loto aparecen en paralelo. Las firmas desaparecen y los nombres de kalos se hacen más raros. El dibujo pierde gracia y vigor.
(es.wikipedia.org)
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26 Μαρτίου 2009

ΜΕΤΑΦΡΑΖΟΝΤΑΣ ΕΝΑ ΠΟΙΗΜΑ ΤΗΣ ΣΑΠΦΩΣ


Un poema de Safo
Por Gabriel Said
letraslibres.com, Marzo de 2008

Hay unos versos de Safo que (afortunadamente) se conservan por un manual de métrica que los puso como ejemplo, ocho siglos después de que fueron escritos. Pueden leerse como un poema completo, si es que no lo eran. En México, han sido traducidos al menos cuatro veces. Rafael Ramírez Torres (Bucólicos y líricos griegos, Jus, 1970) los tradujo en prosa:

Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.

José Emilio Pacheco (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 1980) publicó una versión escueta y eficaz, donde cada verso va añadiendo una circunstancia, hasta desembocar en el yo:
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Se fue la Luna.
Se pusieron las Pléyades.
Es medianoche.
Pasa el tiempo.
Estoy sola.
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Carlos Montemayor (Safo. Poemas, Trillas, 1986) los transcribe en griego y los traduce así:
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Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media
noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.
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Rubén Bonifaz Nuño (Antología de la lírica griega, UNAM, Nuestros Clásicos, 1988) también presenta el original griego y la traducción en dos versos:
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Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias
noches. Y resbala tiempo. Y yo estoy sola acostada.
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La versión rimada que aparece en Píndaro y otros líricos griegos (Porrúa, Sepan Cuantos) es de Joseph y Bernabé Canga-Argüelles (Obras de Sapho..., 1797):
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La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad.
La hora pasó, y, en vela,
sola en mi lecho, en tanto,
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.
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(continúa en los comentarios 1 y 2)

21 Μαρτίου 2009

ΤΟ ΤΕΛΕΥΤΑΙΟ ΠΟΙΗΜΑ ΤΗΣ ΣΑΠΦΩΣ

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Resignación
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Vosotras cuidad, hijas, de los dones hermosos de las Musas
de fragante regazo, y de la vibrante lira compañera del canto.
Pero mi piel que antes fue tan suave la sometió ya la vejez
y blancos se han vuelto mis negros cabellos de antaño.
Pesado se ha hecho mi ánimo, y no me sostienen las rodillas
que otro tiempo fueron tan ágiles como corzas en la danza.
De eso me lamento día tras día. ¿Pero qué puedo hacer?
Cuando se es humano, no es posible dejar de envejecer.
De Titono, en efecto, contaban que la Aurora de brazos de rosa,
inflamada de amor, lo raptó para llevarlo al confín de la tierra
porque era bello y joven. Mas de igual modo a él con el tiempo
lo atrapó la grisácea vejez, aun teniendo una esposa divina.
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Traducción: Carlos García Gual

16 Μαρτίου 2009

ΑΥΤΗΝ ΠΟΥ ΑΓΑΠΑΣ

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Johann Heinrich Dannecker (Alemania)
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Dicen unos que una tropa de jinetes, otros de infantería
y otros que una escuadra de navíos, sobre la tierra
oscura es lo más bello: mas yo digo
que es lo que una ama.

Y es muy fácil hacerlo comprensible
a todos: pues aquella que tanto destacaba
en belleza entre todos los humanos, Helena,
a su muy noble esposo

dejándolo tras sí marchó a Troya embarcada
y en nada de su hija o de sus padres
amados se acordó, sino que la sedujo
Cipris.

......
......
Porque ahora me has hecho recordar a Anactoria
que no está junto a mí
y de ella quisiera contemplar
su andar que inspira amor y el centelleo radiante de su rostro
antes que los carruajes de los lidios y antes que los soldados
en pie de guerra.

Safo
Los dados de Eros. Antología de poesía erótica griega
(Hiperión, 2000)
Traducción : Aurora Luque

11 Μαρτίου 2009

ΚΑΛΥΤΕΡΑ ΝΑ ΠΕΘΑΝΩ ΠΑΡΑ ΝΑ ΜΗΝ ΜΠΟΡΩ...

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Mejor morir que no poder..., de Estratón

Ayer, aunque tuve a mi disposición a Filóstrato toda la noche,
no pude, por más que él -¿cómo decirlo?- estaba dispuesto a todo.
¡Ea! No me tengáis más, amigos, por amigo: arrojadme
de lo alto de una torre, dado que me he convertido por completo en un Astianacte.

Te castigaré por tu impotencia, de Escitino

Derecha te alzas ahora, desconocida, y no te marchitas,
como si no fueras jamás a dejar de estar tiesa.
En cambio, cuando Nemeseno se acostó todo él junto a mí
ofreciéndome cuanto deseara, pendías como un muerto.
Estírate, hínchate y llora. Todo en vano:
no obtendrás compasión alguna de mi mano

Ya no puedo, de Estratón

Ya tengo la cabellera cana sobre mis sienes
y mi pene cuelga inactivo entre mis muslos.
Mis testículos me son inútiles y la cruel vejez me alcanza.
¡Ay de mí! Sé dar por el culo y no puedo.

Epigramas Eróticos Griegos. Antología Palatina (Libros V y XII) [Alianza Editoral, 2001]
Traducción: Guillermo Galán Vioque, Miguel Á. Márquez Guerrero

6 Μαρτίου 2009

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΠΟΡΝΕΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 1

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La prostitución masculina en la Antigua Grecia
Había también en Grecia πόρνοι (pórnoi, 'prostitutos'). Una parte de ellos se dirigía a una clientela femenina: la existencia de gigolós está atestiguada desde la época clásica. Así, en el Pluto (versos 960-1095), Aristófanes pone en escena a una vieja y a su joven doncel, obligado por la pobreza a mimarla a cambio de dinero contante y sonante, medidas de trigo o vestidos. Sin embargo, la gran mayoría de los prostitutos son para la clientela de hombres adultos.
Contrariamente a la prostitución femenina, que moviliza a mujeres de todas las edades, la prostitución masculina está básicamente reservada a los adolescentes.
El periodo durante el cual los adolescentes son juzgados deseables se extiende, aproximadamente, desde la pubertad hasta la llegada de la barba, pues la vellosidad de los chicos era objeto de pronunciado asco para los griegos (en este sentido, la depilación constituía una necesidad para los jóvenes adultos que quisiesen practicarla).
Igual que su equivalente femenino, la prostitución masculina no es para los griegos un objeto de escándalo. Las casas de citas de chicos esclavos existían no sólo en los «barrios calientes» del Pireo, del Cerámico o del Licabeto, sino por todas partes de la ciudad.
Uno de los más célebres de estos jóvenes prostitutos es, sin duda, Fedón de Elis: reducido a la esclavitud al ser conquistada su ciudad, debe trabajar en una casa de citas hasta el momento en que es rescatado por Sócrates, quien le hará destacar entre sus discípulos. El joven se convierte enseguida en discípulo del filósofo y da su nombre al Fedón de Platón, narrando la muerte de éste.
Las ciudades instauran también un impuesto sobre los prostitutos. En uno de sus discursos, el Contra Timarco (I, 74), el orador Esquines puede permitirse describir en el tribunal un burdel masculino; sus clientes no eran ni reprobados por la ley, ni por la opinión pública.
Prostitución masculina y ciudadanía
La existencia de una prostitución masculina a gran escala muestra que los gustos pederásticos no están relegados a una clase social favorecida. Si los ciudadanos menos acomodados no tienen el tiempo ni los medios de practicar los rituales aristocráticos (en el gimnasio, corte amorosa, regalos), cada uno tiene la posibilidad de saciar sus inclinaciones recurriendo a la prostitución.
Como las mujeres, los chicos son protegidos por la ley contra todo ataque físico, y no se conocen ejemplos de relación sexual entre un dueño y su esclavo antes de que lo mencionara Jenofonte. Otro motivo del recurso a la prostitución es la existencia de tabúes sexuales: así, el hecho de practicar una felación es para los griegos un acto degradante. Por consiguiente, en una relación pederástica, el erastés (amante) no considera pedir este favor a su erómeno (amante), futuro ciudadano: debe dirigirse a un prostituto.
Por consiguiente, aunque es legal, el ejercicio de la prostitución es socialmente vergonzoso. Es, normalmente, el recurso de los esclavos o, de manera general, de los no-ciudadanos.
En Atenas, para un ciudadano, entraña consecuencias políticas importantes, como la atimía (en griego ἀτιμία), la pérdida de los derechos cívicos públicos. Así se explica en Contra Timarco: Esquines es atacado por Timarco; para defenderse, Esquines acusa a su acusador de haberse prostituido en su juventud. Por consiguiente, Timarco debería ser privado de sus derechos políticos entre los cuales está el derecho de denunciar a alguien. Consecuentemente, prostituir a un adolescente u ofrecer a un adolescente dinero a cambio de favores sexuales está prohibido severamente, pues eso llega a privar al joven de sus futuros derechos cívicos.
El razonamiento griego es explicitado por Esquines (§ 29), que cita la ley en el artículo δοκιμασία: el ciudadano que se ha prostituido (en griego, πεπορνευμένος, peporneuménos) o se hace entretener (en griego, ἡταιρηκώς, hêtairêkốs) es privado de la palabra pública porque «ha vendido su propio cuerpo para que los otros se sirvan de él según su capricho» (en griego, ἐφ’ ὕϐρει, eph’ hybris) no vacilando en vender los intereses de la comunidad en su conjunto». Las acusaciones de Timeo de Tauromenio (según Polibio, XII, 15, 1) en contra de Agatocles de Siracusa retoman exactamente la misma temática: un prostituto es, por definición, alguien que abdica de su propia dignidad para satisfacer los deseos del prójimo: un «vulgar prostituto (en griego, κοινὸν πόρνον, koinòn pórnon) a disposición de varios disolutos, un cernícalo, que presenta su trasero a quien quiera».
Tarifas
Como en el caso de las mujeres, las tarifas de los prostitutos eran muy variables. Ateneo menciona a un chico ofreciendo sus favores por un óbolo; suma tan ínfima inclina a la duda. Estratón de Sardes, un autor de epigramas del siglo II, evoca una transacción de cinco dracmas (Antología Palatina, XII, 239). Una carta del pseudo-Esquines (VII, 3) estima en 3.000 dracmas el montante ganado por un tal Melanopos, probablemente a lo largo de toda su carrera.Esquines en Contra Timarco (§ 29, cf. supra) distingue así entre el prostituto y el chico mantenido. Añade en (§ 51-52) que si Timarco se hubiera contentado con ser su primer protector, su conducta habría sido menos reprensible. Ahora bien, no sólo Timarco ha abandonado a este hombre — que no tenía más medios para mantenerle — por otro, sino que ha coleccionado protectores, probando así, según Esquines, que no es un chico mantenido (hêtairêkôs) sino un vulgar prostituto (peporneumenos).
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en.wikipedia.org

1 Μαρτίου 2009

ΟΜΟΡΦΟΣ ΚΙ ΕΡΩΤΕΥΜΕΝΟΣ ΜΕ ΤΟΝ ΚΛΕΙΝΙΑ

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Ajileas Drugas (Grecia)
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Critóbulo dijo en ese momento: “Debo decir entonces por mi parte las razones por las que me siento orgulloso de mi belleza”. “Dilas”, le contestaron. “Pues bien, si no soy hermoso como lo creo, vosotros en justicia deberíais ser castigados por engaño, pues sin que nadie os obligue a ello, continiamente estáis afirmando bajo juramento que soy hermoso. Yo os creo, porque os considero hombres de bien. Pero si realmente soy hermoso y os pasa a vosotros conmigo lo que mismo que me ocurre a mí con el que me parece que es hermoso, juro por todos los dioses que no cambiaría el hecho de ser hermoso por el imperio del Gran Rey. Porque yo ahora disfruto más contemplando a Clinias que a todas las demás bellezas del mundo. Antes preferiría quedarme ciego para todo lo demás que para Clinias aun siendo uno solo. Estoy incluso molesto con la noche y con el sueño porque no le veo a él, pero me siento muy agradecido con el día y con el sol porque me permiten ver a Clinias. También hay otra cosa por la que debemos enorgullecernos nosotros por ser hermosos, y es que si el hombre fuerte tiene que conseguir sus bienes con su esfuerzo, y el valiente afrontando el peligro, o el sabio al menos hablando, el hermoso, en cambio, incluso sin hacer nada podría conseguirlo todo. Por ejemplo yo, aun sabiendo que las riquezas son una dulce posesión, sentiría más placer dando a Clinias lo que tengo que recibiendo otro tanto de otra persona, y más a gusto sería esclavo que libre si Clinias estuviera a ser mi amo. Porque más facil me resultaría trabajar con él que estar en reposo, y preferiría arriesgarme por él antes que vivir sin peligros (...)”
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Jenofonte: Banquete (Gredos, 1993)
Traducción: Juan Zaragoza
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