Diamandís Diamandópulos (Grecia, 1914-1995)
10 Νοεμβρίου 2009
5 Νοεμβρίου 2009
ΤΑ ΠΑΡΑΤΣΟΥΚΛΙΑ
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Hace unos días me encontré en la calle a un antiguo compañero de escuela, calvo ya y un tanto envejecido, que se me quejó terriblemente porque, al parecer, lo veo en la calle y no lo saludo. Lo escuché un buen rato en silencio y después me apresuré a reconocer mi culpabilidad para quitármelo de encima. Cuando nos separamos, sin proponérmelo, empecé a remover el pasado. Me hirvió la sangre, ese monstruo, que ahora había tenido la osadía incluso de quejárseme, era uno de mis mayores perseguidores y torturadores cuando estábamos juntos en el colegio. Principalmente él era quien divulgaba mis incontables motes, imitando además, del modo más gracioso posible, incluso mi manera de hablar. La verdad es que no me sacó nuevos motes porque no se le alcanzaba, pero mostraba espacial ahínco en la difusión de los ya conocidos. Ese orangután era también quien llevaba los motes del colegio a mi vecindario y viceversa, y él también el que con su pandilla me los gritaba incluso en medio de la calle, cuando salía se paseo con mis padres. Cree el imbécil que ya no me acuerdo o que tengo la misma simpleza de espíritu que él. ¿Pero es que un hombre en su sano juicio puede alguna vez olvidar o perdonar los tormentos que en una ocasión le infligieron? ¿Cómo, pues, olvidar yo también lo que tuve que soportar ya desde el primer curso del colegio?
(…)
Terminé por no jugar con nadie. Jugaba solo en el patio a diferentes juegos propios.
(…)
Por las noches, casi siempre cuando estábamos comiendo, los niños pasaban en pandillas bajo mi casa y aullaban en la oscuridad mis diferentes motes. Hasta coplas me habían sacado. Únicamente yo las oía, mi familia ni se enteraba. Sentía entonces una opresión en el estómago y, dejando la comida a la mitad, corría a dormir o, más bien, a esconderme bajo las sábanas.
(…)
Ahora ya ni los más deslenguados y mordaces de mis amigos y compañeros se atreven a ponerme un mote. Cosa que casi me preocupa. Parece que con el paso del tiempo, mi voz, mi tipo, mi pensamiento, mi manera de andar, han comenzado, por fin, a sentarme bien, puede que hasta se hayan rectificado, mientras al principio eran rasgos tal vez prematuros y discordantes en mí. Mientras que con la mayoría de ellos sucede lo contrario. Seguramente, algo habrá tenido que ver también el hecho de que yo mismo me haya convertido en un as en lo de poner motes y unos cuantos que envié una vez por certificado a algunos osados y necios, les escaldaron tanto que no volvieron a decir ni pío. Es una pena no haber descubierto este método mucho antes.
Pero, sea como fuere, ahora comprendo cuánto sufrí por nada, en aquel tiempo, y cuánta influencia ejercieron en toda mi vida aquellos motes.
Yorgos Ioannu: El Sarcófago (Secretariado de publicaciónes e intercambio científico Universidad de Valladolid – Ministerio de Cultura de la República de Grecia, 1998)
Trad.: Amor López Jimeno, Elisa Ibánez Orcajo, Román Bermejo López-Muñiz
Hace unos días me encontré en la calle a un antiguo compañero de escuela, calvo ya y un tanto envejecido, que se me quejó terriblemente porque, al parecer, lo veo en la calle y no lo saludo. Lo escuché un buen rato en silencio y después me apresuré a reconocer mi culpabilidad para quitármelo de encima. Cuando nos separamos, sin proponérmelo, empecé a remover el pasado. Me hirvió la sangre, ese monstruo, que ahora había tenido la osadía incluso de quejárseme, era uno de mis mayores perseguidores y torturadores cuando estábamos juntos en el colegio. Principalmente él era quien divulgaba mis incontables motes, imitando además, del modo más gracioso posible, incluso mi manera de hablar. La verdad es que no me sacó nuevos motes porque no se le alcanzaba, pero mostraba espacial ahínco en la difusión de los ya conocidos. Ese orangután era también quien llevaba los motes del colegio a mi vecindario y viceversa, y él también el que con su pandilla me los gritaba incluso en medio de la calle, cuando salía se paseo con mis padres. Cree el imbécil que ya no me acuerdo o que tengo la misma simpleza de espíritu que él. ¿Pero es que un hombre en su sano juicio puede alguna vez olvidar o perdonar los tormentos que en una ocasión le infligieron? ¿Cómo, pues, olvidar yo también lo que tuve que soportar ya desde el primer curso del colegio?
(…)
Terminé por no jugar con nadie. Jugaba solo en el patio a diferentes juegos propios.
(…)
Por las noches, casi siempre cuando estábamos comiendo, los niños pasaban en pandillas bajo mi casa y aullaban en la oscuridad mis diferentes motes. Hasta coplas me habían sacado. Únicamente yo las oía, mi familia ni se enteraba. Sentía entonces una opresión en el estómago y, dejando la comida a la mitad, corría a dormir o, más bien, a esconderme bajo las sábanas.
(…)
Ahora ya ni los más deslenguados y mordaces de mis amigos y compañeros se atreven a ponerme un mote. Cosa que casi me preocupa. Parece que con el paso del tiempo, mi voz, mi tipo, mi pensamiento, mi manera de andar, han comenzado, por fin, a sentarme bien, puede que hasta se hayan rectificado, mientras al principio eran rasgos tal vez prematuros y discordantes en mí. Mientras que con la mayoría de ellos sucede lo contrario. Seguramente, algo habrá tenido que ver también el hecho de que yo mismo me haya convertido en un as en lo de poner motes y unos cuantos que envié una vez por certificado a algunos osados y necios, les escaldaron tanto que no volvieron a decir ni pío. Es una pena no haber descubierto este método mucho antes.
Pero, sea como fuere, ahora comprendo cuánto sufrí por nada, en aquel tiempo, y cuánta influencia ejercieron en toda mi vida aquellos motes.
Yorgos Ioannu: El Sarcófago (Secretariado de publicaciónes e intercambio científico Universidad de Valladolid – Ministerio de Cultura de la República de Grecia, 1998)
Trad.: Amor López Jimeno, Elisa Ibánez Orcajo, Román Bermejo López-Muñiz
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Yiorgos Ioanu (1927 - 1985). Su nombre real era Yorgos Sorolopi, hijo de unos padres refugiados de Tracia, nació y creció en Tesalónica, ciudad en la que siendo joven fue amigo del poeta y escritor más declaradamente gay de esa generación, Dinos Christianopoulos. En su adolescencia fue miembro del movimiento de Jóvenes Cristianos, que abandonó a la edad de 21 años. Estudió Historia y Arqueología en la Facultad de Artes de la Universidad de Tesalónica, alcanzando su graduación en 1950.
Posteriormente su carrera se caracterizó por notorios vaivenes durante varios años. Después de cumplir su servicio militar, enseñó en una escuela privada durante algunos meses, siendo nombrado en 1954 como lector en el Departamento de Historia Antigua de la Universidad de Tesalónica. En ese mismo año publicó su primera colección de poemas.
En 1955 cambio formalmente de apellido adoptando el artístico de Ioanou.
En ese mismo año renunció a su puesto en la Universidad y se incorporó al profesorado de un elegante internado en Atenas, al que también renunció al cabo de pocos meses. Durante muchos años el escritor estuvo trabajando como docente en numerosas escuelas rurales del centro de Grecia y del norte del país.
En 1964 apareció su primera colección importante de prosa. Aunque prosiguió su labor docente, instalándose en Atenas finalmente en 1971, año de publicación de El Sarcófago, desde esa época se centró fundamentalmente en su tarea de escritor, produciendo historias cortas, artículos, crítica literaria, traducciones y una gran variedad trabajos en prosa breve.
Aunque la homosexualidad de Ioanou es muy importante en toda su obra, en gran parte de su trabajo literario no aparece ni es motivo de discusión. (islaternura.com)
Posteriormente su carrera se caracterizó por notorios vaivenes durante varios años. Después de cumplir su servicio militar, enseñó en una escuela privada durante algunos meses, siendo nombrado en 1954 como lector en el Departamento de Historia Antigua de la Universidad de Tesalónica. En ese mismo año publicó su primera colección de poemas.
En 1955 cambio formalmente de apellido adoptando el artístico de Ioanou.
En ese mismo año renunció a su puesto en la Universidad y se incorporó al profesorado de un elegante internado en Atenas, al que también renunció al cabo de pocos meses. Durante muchos años el escritor estuvo trabajando como docente en numerosas escuelas rurales del centro de Grecia y del norte del país.
En 1964 apareció su primera colección importante de prosa. Aunque prosiguió su labor docente, instalándose en Atenas finalmente en 1971, año de publicación de El Sarcófago, desde esa época se centró fundamentalmente en su tarea de escritor, produciendo historias cortas, artículos, crítica literaria, traducciones y una gran variedad trabajos en prosa breve.
Aunque la homosexualidad de Ioanou es muy importante en toda su obra, en gran parte de su trabajo literario no aparece ni es motivo de discusión. (islaternura.com)
28 Οκτωβρίου 2009
28η ΟΚΤΩΒΡΙΟΥ 1940
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Una mañana, apenas me había repuesto, oímos en la calle vivas voces. Una vecinita, con el periódico en las manos, leía en alto “Italia nos ha declarado la guerra”. Era una noticia así de pequeña en la última página. La mirabas y no podías darle crédito. Sin embargo, al poco tiempo comenzaron los sucesivos suplementos y terminamos por creernoslo. Unos operativos pegaban en las paredes, a toda prisa, la orden de alistamieento. Los hombres jovenes bajaban en pandillas al 50o escuadrón para vestirse de soldados. Mi padre, que, por razón de su trabajo, no tenía que alistarse cogió una botella de coñac y nos hizo beber a todos a la fuerza. Había abierto las ventanas e invitaba a los viadantes. Fanfarronadas no se oían, es verdad, pero a nadie le cabía en la cabeza que los italianos pudieran encontrarse un día frente a nosotros.
Después del mediodía comenzaron a pasar por San Demetrio las falangas de movilizados. Apenas escuchábamos canciones, corríamos a la esquina para aplaudir. Las mujeres y los niños se colaban entre las filas y los besaban.
Sin embargo, cuando empezó a anochecer nos invadió la desesperación. Las luces municipales no se encendieron y dentro de casa no podíamos dar la luz, a no ser que colocáramos maantas en las ventanas. ¡Cómo íbamos a saber que los italianos no estaban en situación de bombardear durante la noche! Después sólo queríamos nublado u oscuridad.
Yorgos Ioannu: El Sarcófago (Secretariado de publicaciónes e intercambio científico Universidad de Valladolid – Ministerio de Cultura de la República de Grecia, 1998)
Trad.: Amor López Jimeno, Elisa Ibánez Orcajo, Román Bermejo López-Muñiz
Después del mediodía comenzaron a pasar por San Demetrio las falangas de movilizados. Apenas escuchábamos canciones, corríamos a la esquina para aplaudir. Las mujeres y los niños se colaban entre las filas y los besaban.
Sin embargo, cuando empezó a anochecer nos invadió la desesperación. Las luces municipales no se encendieron y dentro de casa no podíamos dar la luz, a no ser que colocáramos maantas en las ventanas. ¡Cómo íbamos a saber que los italianos no estaban en situación de bombardear durante la noche! Después sólo queríamos nublado u oscuridad.
Yorgos Ioannu: El Sarcófago (Secretariado de publicaciónes e intercambio científico Universidad de Valladolid – Ministerio de Cultura de la República de Grecia, 1998)
Trad.: Amor López Jimeno, Elisa Ibánez Orcajo, Román Bermejo López-Muñiz
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El Servicio Secreto Italiano realizaba actividades en los Balcanes y Grecia desde antes de comenzar la guerra. Durante los primeros meses de 1940, los indicios de una intervención británica en Grecia, con el propósito de usarla como plataforma para atacar a Italia, se hacían cada vez más persistentes. Mussolini analizaba con sumo cuidado los informes que le enviaban a su despacho y considera la posibilidad de un ataque sorpresivo a la tierra helena. El día 22 de Octubre de 1940, el Conde Ciano envía una nota diplomática secreta, al Embajador Grazzi en Atenas y el día 28 Mussolini ordena que Grazzi entregue la nota en la Cancillería Griega.
A las tres de la madrugada, desde su residencia en Atenas el Embajador Grazzi se dirige a la residencia del Primer Ministro Metaxas. Metaxas lee la nota donde se le dice que el gobierno griego ha violado la neutralidad repetidamente lo que constituye una amenaza para Albania y por tanto, el Imperio Italiano exige el derecho a ocupar ciertos puntos estratégicos en Grecia de manera inmediata. De negarse a esta petición la nota indica que las fuerzas italianas cruzarán la frontera a las 06:00 AM. Sigue la protesta inmediata del Primer Ministro y Grazzi abandona la residencia.
A las 5:30 AM del día 28 de octubre de 1940, las tropas italianas cruzan la frontera en la región del Épiro y del Pindo sobre Janina. El General Visconti Prasca se encuentra emocionado al tener el privilegio de ejecutar la "Blitzkrieg Italiana" que tanto anhela Il Duce. Poco antes, Mussolini había manifestado que abandonaría el cargo, si en un mes las tropas italianas no han ocupado Atenas.
Sin embargo, esta poderosa fuerza en pocos días se encuentra con una resistencia terrible por parte de los griegos y un clima invernal que cubre de nieve y barro todo el frente. Casi cinco meses desde que se inició la ofensiva el 28 de octubre Musolini había ya olvidado su promesa. (exordio.com)
El Servicio Secreto Italiano realizaba actividades en los Balcanes y Grecia desde antes de comenzar la guerra. Durante los primeros meses de 1940, los indicios de una intervención británica en Grecia, con el propósito de usarla como plataforma para atacar a Italia, se hacían cada vez más persistentes. Mussolini analizaba con sumo cuidado los informes que le enviaban a su despacho y considera la posibilidad de un ataque sorpresivo a la tierra helena. El día 22 de Octubre de 1940, el Conde Ciano envía una nota diplomática secreta, al Embajador Grazzi en Atenas y el día 28 Mussolini ordena que Grazzi entregue la nota en la Cancillería Griega.
A las tres de la madrugada, desde su residencia en Atenas el Embajador Grazzi se dirige a la residencia del Primer Ministro Metaxas. Metaxas lee la nota donde se le dice que el gobierno griego ha violado la neutralidad repetidamente lo que constituye una amenaza para Albania y por tanto, el Imperio Italiano exige el derecho a ocupar ciertos puntos estratégicos en Grecia de manera inmediata. De negarse a esta petición la nota indica que las fuerzas italianas cruzarán la frontera a las 06:00 AM. Sigue la protesta inmediata del Primer Ministro y Grazzi abandona la residencia.
A las 5:30 AM del día 28 de octubre de 1940, las tropas italianas cruzan la frontera en la región del Épiro y del Pindo sobre Janina. El General Visconti Prasca se encuentra emocionado al tener el privilegio de ejecutar la "Blitzkrieg Italiana" que tanto anhela Il Duce. Poco antes, Mussolini había manifestado que abandonaría el cargo, si en un mes las tropas italianas no han ocupado Atenas.
Sin embargo, esta poderosa fuerza en pocos días se encuentra con una resistencia terrible por parte de los griegos y un clima invernal que cubre de nieve y barro todo el frente. Casi cinco meses desde que se inició la ofensiva el 28 de octubre Musolini había ya olvidado su promesa. (exordio.com)
25 Οκτωβρίου 2009
ΤΟ ΑΝΔΡΙΚΟ ΓΥΜΝΟ ΣΤΗΝ ΕΛΛΗΝΙΚΗ ΖΩΓΡΑΦΙΚΗ ΤΟΥ ΜΕΣΟΠΟΛΕΜΟΥ
El desnudo masculino en la pintura griega de entreguerras
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20 Οκτωβρίου 2009
ΚΑΒΑΦΗΣ. Η ΤΑΙΝΙΑ
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Cavafis (1996)
La película remonta a la infancia de Cavafy y su desarrollo emocional que le conducen a los niveles más altos de la expresión poética. La vida en Alejandría, sus viajes a Grecia y a Constantinopla le hicieron acercarse a la opulenta sensación de las civilizaciones antiguas llevándolo a una vida llena de pasiones y de deseos eróticos. Cavafy expresó con lirismo su amor secreto por hombres jóvenes, sobrepasando la gazmoñería de su tiempo, pero permaneciendo el principal elemento de una vida marcada por la amargura y las profundas decepciones. Sus preferencias eróticas se idealizaron dentro de la tradición clásica pura siendo su espíritu motriz el de una poesía sublime. (Embajada de Grecia en Santiago, grecia.cl)
Dirección: Ianis Smaragdis
Guión: Ianis Smaragdis, con la cooperación de: Dimitris Nollas, Dimitris Katalifós, Stelios Rogakos
Montaje: Yiannis Tsitsopoulos
Escenario/trajes: Damianós Zafiris
Dirección de fotografía: Yiannis Smaragdis
Música: Vangelis
Actores: Dimitris Katalifos, Vassilis Diamantopoulos, Maya Liberopoulou, Lazaros Georgacopoulos, Georgios Moshidis, Mirto Alikaki, Alexandros Koukos, Julia Souglakou, Lakis Lazopoulos, Alexis Damianos
Producción: Centro Cinematográfico, Alexandros Film, ERT 1, Talos
La película remonta a la infancia de Cavafy y su desarrollo emocional que le conducen a los niveles más altos de la expresión poética. La vida en Alejandría, sus viajes a Grecia y a Constantinopla le hicieron acercarse a la opulenta sensación de las civilizaciones antiguas llevándolo a una vida llena de pasiones y de deseos eróticos. Cavafy expresó con lirismo su amor secreto por hombres jóvenes, sobrepasando la gazmoñería de su tiempo, pero permaneciendo el principal elemento de una vida marcada por la amargura y las profundas decepciones. Sus preferencias eróticas se idealizaron dentro de la tradición clásica pura siendo su espíritu motriz el de una poesía sublime. (Embajada de Grecia en Santiago, grecia.cl)
Dirección: Ianis Smaragdis
Guión: Ianis Smaragdis, con la cooperación de: Dimitris Nollas, Dimitris Katalifós, Stelios Rogakos
Montaje: Yiannis Tsitsopoulos
Escenario/trajes: Damianós Zafiris
Dirección de fotografía: Yiannis Smaragdis
Música: Vangelis
Actores: Dimitris Katalifos, Vassilis Diamantopoulos, Maya Liberopoulou, Lazaros Georgacopoulos, Georgios Moshidis, Mirto Alikaki, Alexandros Koukos, Julia Souglakou, Lakis Lazopoulos, Alexis Damianos
Producción: Centro Cinematográfico, Alexandros Film, ERT 1, Talos
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Desgraciadamente se trata de una película que adapta, se supone, libremente la vida de Cavafis (1863-1933) reproduciendo con este pretexto un montón de disparates acerca de su vida afectivo-sexual para así no molestar al gran público heterosexual y homófobo.
Desgraciadamente se trata de una película que adapta, se supone, libremente la vida de Cavafis (1863-1933) reproduciendo con este pretexto un montón de disparates acerca de su vida afectivo-sexual para así no molestar al gran público heterosexual y homófobo.
¡Una lástima!
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15 Οκτωβρίου 2009
Ο ΚΑΒΑΦΗΣ ΚΑΙ "ΤΑ ΜΑΡΜΑΡΑ ΤΟΥ ΠΑΡΘΕΝΩΝΑ"
Nelly's (Grecia)
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«Devolved los Marmoles Elgin»
En su número de marzo la revista Nineteenth Century ha publicado, con el titular de «La broma acerca de los marmoles Elgin», un articulo que, en cierto sentido, es digno de mención. (…)
El artículo está escrito por el director de Nineteenth Century, el Sr. James Knowles. (...)
Bajo la influencia de su excitación –pues no dudo de que el arículo fue escrito en un momento de paroxismo mental- el Sr. Knowles hace afirmaciones de lo más peregrino. Ensalza el acto vandálico de Elgin y su gratitud es tan grande que daría de buena gana a Elgin un sitio entre los benefactores de la Humanidad –dios añer kalós k’ agathós anér. Ridiculiza a Byron. Asocia el llevarse los marmoles con las gloriosas victorias de Nelson. Piensa que si los marmoles se restituyen, Giblartar, Malta, Chipre, la India también deberían ser devueltos –olvidando que, si esas posesiones son necesarias para el comercio britanico y para la dignidad y seguridad del Imperio británico, los Marmoles Elgin no sirven para otro propósito que el de embellecer el Museo Britanico-. Considera trivial la observación de que el clima de Bloomsburry es perjudicial para las esculturas y expresa el temor de que, si se expiden de nuevo a Grecia, podrían ser destruidas «cualquier día en el próximo estallido de la cuestión Oriente» -olvidando que la sabiduría dicta el remedio de los males presentes antes de prevenir las enfermedades futuras-. Observa que «y lo que guardamos en depósito se devolviera a Grecia, cuán rápido no podría ceder uno de sus gobiernos transitorios a la oferta de un millón de libras esterlinas procedentes de Berlín, o de dos millones procedentes de Nueva York –o dividirlos y repartirlos entre otros tantos compradores-». Ésta es una grave imputación al carácter de los hombres de Estado griegos y no descansa en ningún dato consistente. Hasta donde alcanza mi conocimiento, los gobiernos de Grecia, transitorios o no, han cuidado al máximo durante sus mandatos los monumentos antiguos; y han fundado algunos museos bien instalados y administrados. Parece que pone en tela de juicio el derecho a reclamar los mármoles de «la pequeña población mestiza que ahora vive sobre las ruinas de la antigua Grecia» -lo cual es pisar terreno movedizo. Como, aunque desconozco la destreza del Sr. Knowles en la crítica histórica, es dudoso que sea capaz de probar una teoría en el intento de cuyo apoyo incluso el renombrado Fallmerayer ha fracasado-. El Sr Knowles al hacernos también ver la perspectiva económica del asunto. En una parte de su artículo dice que el valor actual de los mármoles se calcula en millones, y en otra parte reconoce que para adquirirlos Lord Elgin desembolsó 74000 libras. ¡Vaya negocio!
(...) tiendo a creer que debe atribuirse lo fuera de lugar de su artículo y juicios sobre los Mármoles Elgin a la perturbación mental que le entró al pensar que esas valiosísimas antigüedades –los bellisimos diamantes del Ática- podrían marcharse de Bloomsberry. Lo da a entender él mismo con sencillez bucólica en un paisaje de su artículo: ¡Qué idea (no recuerdo si son éstas exactamente sus palabras) que, teniendo aquí estas bellas antigüedades y pudiendo nuestro pueblo ir a admirarlas cuando quiera, qué idea que las enviemos a la otra punta de Europa!
En Alejandría de Egipto, el 27 de marzo de 1891
En su número de marzo la revista Nineteenth Century ha publicado, con el titular de «La broma acerca de los marmoles Elgin», un articulo que, en cierto sentido, es digno de mención. (…)
El artículo está escrito por el director de Nineteenth Century, el Sr. James Knowles. (...)
Bajo la influencia de su excitación –pues no dudo de que el arículo fue escrito en un momento de paroxismo mental- el Sr. Knowles hace afirmaciones de lo más peregrino. Ensalza el acto vandálico de Elgin y su gratitud es tan grande que daría de buena gana a Elgin un sitio entre los benefactores de la Humanidad –dios añer kalós k’ agathós anér. Ridiculiza a Byron. Asocia el llevarse los marmoles con las gloriosas victorias de Nelson. Piensa que si los marmoles se restituyen, Giblartar, Malta, Chipre, la India también deberían ser devueltos –olvidando que, si esas posesiones son necesarias para el comercio britanico y para la dignidad y seguridad del Imperio británico, los Marmoles Elgin no sirven para otro propósito que el de embellecer el Museo Britanico-. Considera trivial la observación de que el clima de Bloomsburry es perjudicial para las esculturas y expresa el temor de que, si se expiden de nuevo a Grecia, podrían ser destruidas «cualquier día en el próximo estallido de la cuestión Oriente» -olvidando que la sabiduría dicta el remedio de los males presentes antes de prevenir las enfermedades futuras-. Observa que «y lo que guardamos en depósito se devolviera a Grecia, cuán rápido no podría ceder uno de sus gobiernos transitorios a la oferta de un millón de libras esterlinas procedentes de Berlín, o de dos millones procedentes de Nueva York –o dividirlos y repartirlos entre otros tantos compradores-». Ésta es una grave imputación al carácter de los hombres de Estado griegos y no descansa en ningún dato consistente. Hasta donde alcanza mi conocimiento, los gobiernos de Grecia, transitorios o no, han cuidado al máximo durante sus mandatos los monumentos antiguos; y han fundado algunos museos bien instalados y administrados. Parece que pone en tela de juicio el derecho a reclamar los mármoles de «la pequeña población mestiza que ahora vive sobre las ruinas de la antigua Grecia» -lo cual es pisar terreno movedizo. Como, aunque desconozco la destreza del Sr. Knowles en la crítica histórica, es dudoso que sea capaz de probar una teoría en el intento de cuyo apoyo incluso el renombrado Fallmerayer ha fracasado-. El Sr Knowles al hacernos también ver la perspectiva económica del asunto. En una parte de su artículo dice que el valor actual de los mármoles se calcula en millones, y en otra parte reconoce que para adquirirlos Lord Elgin desembolsó 74000 libras. ¡Vaya negocio!
(...) tiendo a creer que debe atribuirse lo fuera de lugar de su artículo y juicios sobre los Mármoles Elgin a la perturbación mental que le entró al pensar que esas valiosísimas antigüedades –los bellisimos diamantes del Ática- podrían marcharse de Bloomsberry. Lo da a entender él mismo con sencillez bucólica en un paisaje de su artículo: ¡Qué idea (no recuerdo si son éstas exactamente sus palabras) que, teniendo aquí estas bellas antigüedades y pudiendo nuestro pueblo ir a admirarlas cuando quiera, qué idea que las enviemos a la otra punta de Europa!
En Alejandría de Egipto, el 27 de marzo de 1891
Konstantinos P. Kavafis
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K.P. Kavafis: Prosas (Tecnos, 1991).
Trad.: José García Vázquez y Horacio Silvestre Landrobe
10 Οκτωβρίου 2009
ΕΝΑΣ ΓΕΡΟΣ
Pavlos Maciópulos (Grecia)
Desde Las Nueve (1918)
Doce y media. Rápidamente el tiempo
pasó desde las nueve, cuando encendí mi lámpara
y me senté aquí. Estoy sentado
sin hablar o leer. ¿A quién podría hablar
en la casa desierta?
La imagen de mi cuerpo joven,
cuando encendí mi lámpara a las nueve,
vino a mi encuentro despertando
un perfume de cámaras cerradas
y pasado placer. ¡Qué audaz placer!
También trajo a mis ojos
calles ahora no reconocibles,
lugares de otro tiempo donde la vida ardió,
viejos teatros o cafés difuntos.
La imagen de mi cuerpo joven vino
y me trajo también memorias tristes:
las penas familiares, los adioses,
los sentimientos de los míos, los sentimientos de los muertos
apenas atendidos.
Doce y media. Cómo pasan las horas.
Doce y media. Cómo pasan los años.
Constantinos Cavafis / Grecia
Trad.: José Ángel Valente

Pavlos Maciópulos (Grecia)
El Viejo (1895)
En una esquina del café sonoro de murmullos confusos
un anciano sentado se inclina sobre la mesa,
leyendo un periódico, sin compañía.
Y en el ocaso de su miserable senectud
piensa cuán poco gozó en los años)
cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.
Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve.
Y, sin embargo, le parece que la juventud
fue ayer. ¡Corto intervalo, corto!
Y piensa en qué forma lo embaucó la prudencia,
cómo de ella se fió y qué locura
cuando la engañadora le decía: «Mañana.
Tienes todo tu tiempo».
Se acuerda de los impulsos que detuvo y cuántas
delicias sacrificó. Ocasiones perdidas
que burla ahora su prudencia insensata.
…A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos
el vértigo lo invade. Y se duerme
inclinado sobre la mesa del café.
Constantinos Cavafis / Grecia
Trad.: Fernando Arbeláez
Desde Las Nueve (1918)
Doce y media. Rápidamente el tiempo
pasó desde las nueve, cuando encendí mi lámpara
y me senté aquí. Estoy sentado
sin hablar o leer. ¿A quién podría hablar
en la casa desierta?
La imagen de mi cuerpo joven,
cuando encendí mi lámpara a las nueve,
vino a mi encuentro despertando
un perfume de cámaras cerradas
y pasado placer. ¡Qué audaz placer!
También trajo a mis ojos
calles ahora no reconocibles,
lugares de otro tiempo donde la vida ardió,
viejos teatros o cafés difuntos.
La imagen de mi cuerpo joven vino
y me trajo también memorias tristes:
las penas familiares, los adioses,
los sentimientos de los míos, los sentimientos de los muertos
apenas atendidos.
Doce y media. Cómo pasan las horas.
Doce y media. Cómo pasan los años.
Constantinos Cavafis / Grecia
Trad.: José Ángel Valente
Pavlos Maciópulos (Grecia)
El Viejo (1895)
En una esquina del café sonoro de murmullos confusos
un anciano sentado se inclina sobre la mesa,
leyendo un periódico, sin compañía.
Y en el ocaso de su miserable senectud
piensa cuán poco gozó en los años)
cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.
Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve.
Y, sin embargo, le parece que la juventud
fue ayer. ¡Corto intervalo, corto!
Y piensa en qué forma lo embaucó la prudencia,
cómo de ella se fió y qué locura
cuando la engañadora le decía: «Mañana.
Tienes todo tu tiempo».
Se acuerda de los impulsos que detuvo y cuántas
delicias sacrificó. Ocasiones perdidas
que burla ahora su prudencia insensata.
…A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos
el vértigo lo invade. Y se duerme
inclinado sobre la mesa del café.
Constantinos Cavafis / Grecia
Trad.: Fernando Arbeláez
5 Οκτωβρίου 2009
ΣΤΗΣ ΗΔΟΝΗΣ ΤΟ ΣΠΙΤΙ
En la escalera (1904)
Cuando bajaba yo por la sórdida escalera
entrabas por la puerta y, fugazmente,
vi tu rostro deconocido y tú me viste.
Me escondí luego para que no me vieras de nuevo, y tú
pasaste aprisa, escondiendo tu rostro,
y te perdiste dentro de aquella sórdida casa
donde no hallarías el placer, como tampoco yo lo hallé.
Y, sin embargo, el amor que deseabas, yo podía dártelo;
el amor que yo deseaba -tus ojos cansados y ambiguos
me lo decían- tú podías dármelo.
Nuestros cuerpos lo habían percibido y se buscaban;
la sangre y la piel nos comprendieron.
Pero, turbados, los dos nos escondimos.

Andreas Karayan (Chipre)
Y en sus lechos me recliné y me eché (1915)
Cuando entré en la casa de placer,
no me quedé en el salón donde, con cierto decoro,
se celebran aceptados juegos de amor.
Me fui a las alcobas secretas
y en sus lechos me recliné y me eché.
Me fui a las alcobas secretas
cuya sola mención avergüenza.
Mas yo no siento vergüenza -porque entonces
¿qué poeta sería yo y qué artista?
Mejor haber sido un asceta. Estaría más a tono,
mucho más a tono con mi poesía
que hallando placer en el promiscuo salón.
C.P. Cavafis: Poesía Completa (Alianza Tres, 1982)
Trad.: Pedro Bádeñas de la Peña
Cuando bajaba yo por la sórdida escalera
entrabas por la puerta y, fugazmente,
vi tu rostro deconocido y tú me viste.
Me escondí luego para que no me vieras de nuevo, y tú
pasaste aprisa, escondiendo tu rostro,
y te perdiste dentro de aquella sórdida casa
donde no hallarías el placer, como tampoco yo lo hallé.
Y, sin embargo, el amor que deseabas, yo podía dártelo;
el amor que yo deseaba -tus ojos cansados y ambiguos
me lo decían- tú podías dármelo.
Nuestros cuerpos lo habían percibido y se buscaban;
la sangre y la piel nos comprendieron.
Pero, turbados, los dos nos escondimos.
Andreas Karayan (Chipre)
Y en sus lechos me recliné y me eché (1915)
Cuando entré en la casa de placer,
no me quedé en el salón donde, con cierto decoro,
se celebran aceptados juegos de amor.
Me fui a las alcobas secretas
y en sus lechos me recliné y me eché.
Me fui a las alcobas secretas
cuya sola mención avergüenza.
Mas yo no siento vergüenza -porque entonces
¿qué poeta sería yo y qué artista?
Mejor haber sido un asceta. Estaría más a tono,
mucho más a tono con mi poesía
que hallando placer en el promiscuo salón.
C.P. Cavafis: Poesía Completa (Alianza Tres, 1982)
Trad.: Pedro Bádeñas de la Peña
30 Σεπτεμβρίου 2009
Η ΠΟΡΝΙΚΗ ΦΩΤΟΓΡΑΦΙΑ
Las estatuas griegas. Fotografías de hombres, 1950-1960
Así (1913)
En esta foto obscena que a aescondidas
se vendió en la calle (para que no lo viera el policía)
en esta foto pornográfica, cómo puede haber una cara
tan de ensueño; cómo puedes estar tú aquí.
Quién sabe qué vil, sórdida vida harás;
qué repugnante ambiente habría
cuando posaras para la fotografía;
qué vulgar sería tu alma.
Mas, con todo eso y mucho más, para mí sigues siendo
la cara de ensueño, la figura
hecha y entregada para el placer griego-
así sigues para mí y a ti canto mi poesía.

Foto: Zanos Veludios (Grecia)
De un cajón (1923)
Pensaba colocarla en una pared de mi cuarto.
Pero la echó a perder la humedad en el cajón
No pondré en un marco esta fotografía.
Debí guardarla con cuidado.
Estos labios, este rostro-
¡Ah, si por un día sólo, sólo por un
instante, volviera su pasado!
No pondré en un marco esta fotografía.
Sufriría de verla dañada.
Además, aunque no estuviera dañada,
me angustiaría estar pendiente de que, por azar,
una palabra, el tono de mi voz me traicionase-
si por ella alguna vez me preguntaran.
C.P. Cavafis: Poesía Completa (Alianza Tres, 1982)
Trad.: Pedro Bádeñas de la Peña
Así (1913)
En esta foto obscena que a aescondidas
se vendió en la calle (para que no lo viera el policía)
en esta foto pornográfica, cómo puede haber una cara
tan de ensueño; cómo puedes estar tú aquí.
Quién sabe qué vil, sórdida vida harás;
qué repugnante ambiente habría
cuando posaras para la fotografía;
qué vulgar sería tu alma.
Mas, con todo eso y mucho más, para mí sigues siendo
la cara de ensueño, la figura
hecha y entregada para el placer griego-
así sigues para mí y a ti canto mi poesía.
Foto: Zanos Veludios (Grecia)
De un cajón (1923)
Pensaba colocarla en una pared de mi cuarto.
Pero la echó a perder la humedad en el cajón
No pondré en un marco esta fotografía.
Debí guardarla con cuidado.
Estos labios, este rostro-
¡Ah, si por un día sólo, sólo por un
instante, volviera su pasado!
No pondré en un marco esta fotografía.
Sufriría de verla dañada.
Además, aunque no estuviera dañada,
me angustiaría estar pendiente de que, por azar,
una palabra, el tono de mi voz me traicionase-
si por ella alguna vez me preguntaran.
C.P. Cavafis: Poesía Completa (Alianza Tres, 1982)
Trad.: Pedro Bádeñas de la Peña
25 Σεπτεμβρίου 2009
Μ' ΕΠΕΡΑΣΕΝ ΑΠΟ ΤΟΝ ΝΟΥ ΑΠΟΨΕ ΝΑ ΓΡΑΨΩ ΔΙΑ ΤΟΝ ΕΡΩΤΑ ΜΟΥ
V
Ayer se me pasó por la cabeza, de repente, escribir sobre mi amor. Y, sin embargo, no lo voy a hacer. Qué fuerza tienen los prejuicios. Yo me he liberado de ellos; pero pienso en los que son sus esclavos, ante cuyos ojos puede caer este papel. Y me detengo. Qué mezquinidad. Sin embargo voy a anotar una letra –T- como símbolo de este momento.
9-11-1902
VII
No sé si la perversión da fuerza. A veces lo creo. Pero lo cierto es que es fuente de grandeza.
13-12-1902
XX
Me gusta y emociona la belleza del pueblo, de los jovenes pobres. Criados, obreros, empleados del comercio, dependientes de las tiendas. Es la recompensa, se diría, a su posición desfavorecida. Lo mucho que trabajan y se mueven les da cuerpos delgados y bien proporcionados. Son casi siempre delgados. Sus rostros pálidos cuando su trabajo es en las tiendas, tostados por el sol cuando es fuera, tienen yn color simpático, poético. Es lo contrario de los jovenes ricos que o bien son enfermizos y fisiológicamente asquerosos, o bien con la gordura y grasas de tanto comer y beber, y sus edredones se diría que en sus jetas hinchadas y achatadas se muestra la fealdad de la rapiña y el delito de sus herencias y ususras.
29-6-1908
XXIV
Mi vida pasa entre fluctuaciones placenteras, entre proyectos amorosos –a veces culminados-.
Mi obra va en mi pensamiento.
Quizá sea esto lo correcto.
Así, mi obra es como aquél anforero del que hablé. Provoca diferentes explicaciones.
Y mi vida amorosa tiene su manifestación –oscura sólo para los ignorantes-. Si la manifestara a fondo, quizá no habría un terreno artístico suficiente como para moverme, para que me bastara.
Trabajo como los antiguos. Escribían historia, hacían filosofía, dramas trágico’mitológicos, víctimas del amor tantos de ellos; igual que yo.
20-6-1910
XXXI
Claramente sentí una noche en enero de 1904 que me habría sentido más a gusto, con una vida más plena, de haber tenido para recordar una mañana, o un día, de satisfacción de mi anhelo de fornicar; lo que es prueba de la verdad de Un viejo.
K.P. Kavafis: Prosas (Tecnos, 1991)
Trad.: José García Vázquez y Horacio Silvestre Landrobe
Ayer se me pasó por la cabeza, de repente, escribir sobre mi amor. Y, sin embargo, no lo voy a hacer. Qué fuerza tienen los prejuicios. Yo me he liberado de ellos; pero pienso en los que son sus esclavos, ante cuyos ojos puede caer este papel. Y me detengo. Qué mezquinidad. Sin embargo voy a anotar una letra –T- como símbolo de este momento.
9-11-1902
VII
No sé si la perversión da fuerza. A veces lo creo. Pero lo cierto es que es fuente de grandeza.
13-12-1902
XX
Me gusta y emociona la belleza del pueblo, de los jovenes pobres. Criados, obreros, empleados del comercio, dependientes de las tiendas. Es la recompensa, se diría, a su posición desfavorecida. Lo mucho que trabajan y se mueven les da cuerpos delgados y bien proporcionados. Son casi siempre delgados. Sus rostros pálidos cuando su trabajo es en las tiendas, tostados por el sol cuando es fuera, tienen yn color simpático, poético. Es lo contrario de los jovenes ricos que o bien son enfermizos y fisiológicamente asquerosos, o bien con la gordura y grasas de tanto comer y beber, y sus edredones se diría que en sus jetas hinchadas y achatadas se muestra la fealdad de la rapiña y el delito de sus herencias y ususras.
29-6-1908
XXIV
Mi vida pasa entre fluctuaciones placenteras, entre proyectos amorosos –a veces culminados-.
Mi obra va en mi pensamiento.
Quizá sea esto lo correcto.
Así, mi obra es como aquél anforero del que hablé. Provoca diferentes explicaciones.
Y mi vida amorosa tiene su manifestación –oscura sólo para los ignorantes-. Si la manifestara a fondo, quizá no habría un terreno artístico suficiente como para moverme, para que me bastara.
Trabajo como los antiguos. Escribían historia, hacían filosofía, dramas trágico’mitológicos, víctimas del amor tantos de ellos; igual que yo.
20-6-1910
XXXI
Claramente sentí una noche en enero de 1904 que me habría sentido más a gusto, con una vida más plena, de haber tenido para recordar una mañana, o un día, de satisfacción de mi anhelo de fornicar; lo que es prueba de la verdad de Un viejo.
K.P. Kavafis: Prosas (Tecnos, 1991)
Trad.: José García Vázquez y Horacio Silvestre Landrobe
20 Σεπτεμβρίου 2009
ΟΤΑΝ Ο ΔΗΜΗΤΡΗΣ ΜΗΤΡΟΠΟΥΛΟΣ "ΣΥΝΑΝΤΗΣΕ" ΤΟΝ Κ.Π.ΚΑΒΑΦΗ
.
Tres pequeñas composiciones musicales («10 Inventions», 1925-6) de Dmitri Mitrópulos sobre poemas de Constantino Cavafis:
Tres pequeñas composiciones musicales («10 Inventions», 1925-6) de Dmitri Mitrópulos sobre poemas de Constantino Cavafis:
Pasacalle (Días de 1903)
Preludio (En la calle)
Pedal (Tanto vi)
Dmitri Mitropulos
Foto: Nelly's
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Dmitri Mitropoulos (Dimitris Mitropoulos:Δημήτρης Μητρόπουλος) (1 de marzo de 1896-2 de noviembre de 1960) fue un pianista, compositor y director de orquesta griego nacido en Atenas, hijo de Yannis y Angeliki Mitropoulos. Considerado uno de los directores mas notables, personales e influyentes del siglo XX. Su labor al frente de las orquestas filarmonicas de Berlin, Viena, Nueva York y en teatros de ópera es ampliamente recordada.
Musicalmente precoz, estudio en los conservatorios de Atenas, Bruselas y Berlin (con Ferruccio Busoni). Fue preparador vocal y asistente de Erich Kleiber en la Staatsoper Unter den Linden. Compuso la ópera Sor Beatriz en 1919 que fue llevada a escena en Atenas.
En 1930, al frente de la Orquesta Filarmonica de Berlin dirigio y ejecutó el Tercer concierto para piano de Prokofiev, uno de los primeros en cumplir las dos funciones en la era moderna.
En 1936 debuto en Estados Unidos con la Boston Symphony Orchestra pasando a ser el director principal entre 1937 y 1949 de la Minneapolis Symphony Orchestra. En 1946 se naturalizo ciudadano americano.
En 1949 comenzo una fructifera relacion con la New York Philharmonic conquistando el puesto de director de la entidad en 1951. Mitropoulos atrajo nuevos publicos, encargo obras y fue un paladin en la difusion de la obra de Gustav Mahler. En 1957 fue sucedido por su protegido Leonard Bernstein.
Como director de óperas de Mozart, Alban Berg, Verdi, Puccini y de Elektra de Richard Strauss se destaco en el Metropolitan Opera de New York donde practicamente fue el director principal entre 1954-1960. Debutó dirigiendo Salomé con Christel Goltz en 1954 y la temporada siguiente a Marian Anderson en su famosa actuacion en la sala como Ulrica, a Renata Tebaldi, Zinka Milanov y Maria Callas en Tosca (1958), a George London en Boris Godunov, a Leonard Warren en Simon Boccanegra, a Leonie Rysanek en Macbeth. En 1958 dirigio el estreno mundial de la ópera Vanessa de Samuel Barber.
Tambien condujo en La Scala y en el Festival de Salzburgo, donde dirigio un célebre Don Giovanni y Elektra.
Estrenó el concierto de piano de Ernst Krenek y su labor pionera en la difusion de la Segunda Escuela de Viena es hoy revalorada.
Poseia memoria fotografica que le permitia dirigir sin partitura, no usaba batuta sino gestos grandilocuentes. Ferviente devoto de la Iglesia ortodoxa griega, llevo una vida ascética y monacal (sus tíos eran monjes en el Monte Athos). Era homosexual y nunca se caso.
Murio de un infarto mientras ensayaba la Tercera Sinfonia de Mahler en Milán, tenia 64 años.
En su honor se estableció el Concurso Dmitri Mitropoulos para directores de orquesta. (es.wikipedia.org)
En 1930, al frente de la Orquesta Filarmonica de Berlin dirigio y ejecutó el Tercer concierto para piano de Prokofiev, uno de los primeros en cumplir las dos funciones en la era moderna.
En 1936 debuto en Estados Unidos con la Boston Symphony Orchestra pasando a ser el director principal entre 1937 y 1949 de la Minneapolis Symphony Orchestra. En 1946 se naturalizo ciudadano americano.
En 1949 comenzo una fructifera relacion con la New York Philharmonic conquistando el puesto de director de la entidad en 1951. Mitropoulos atrajo nuevos publicos, encargo obras y fue un paladin en la difusion de la obra de Gustav Mahler. En 1957 fue sucedido por su protegido Leonard Bernstein.
Como director de óperas de Mozart, Alban Berg, Verdi, Puccini y de Elektra de Richard Strauss se destaco en el Metropolitan Opera de New York donde practicamente fue el director principal entre 1954-1960. Debutó dirigiendo Salomé con Christel Goltz en 1954 y la temporada siguiente a Marian Anderson en su famosa actuacion en la sala como Ulrica, a Renata Tebaldi, Zinka Milanov y Maria Callas en Tosca (1958), a George London en Boris Godunov, a Leonard Warren en Simon Boccanegra, a Leonie Rysanek en Macbeth. En 1958 dirigio el estreno mundial de la ópera Vanessa de Samuel Barber.
Tambien condujo en La Scala y en el Festival de Salzburgo, donde dirigio un célebre Don Giovanni y Elektra.
Estrenó el concierto de piano de Ernst Krenek y su labor pionera en la difusion de la Segunda Escuela de Viena es hoy revalorada.
Poseia memoria fotografica que le permitia dirigir sin partitura, no usaba batuta sino gestos grandilocuentes. Ferviente devoto de la Iglesia ortodoxa griega, llevo una vida ascética y monacal (sus tíos eran monjes en el Monte Athos). Era homosexual y nunca se caso.
Murio de un infarto mientras ensayaba la Tercera Sinfonia de Mahler en Milán, tenia 64 años.
En su honor se estableció el Concurso Dmitri Mitropoulos para directores de orquesta. (es.wikipedia.org)
15 Σεπτεμβρίου 2009
Η ΕΡΩΜΕΝΗ ΤΗΣ
Hace unos años Cristina Duniá, profesora de la literatura griega en la universidad de Ioannina, presentó al público griego la novela largamente perdida de Dora Roseti “Η ερωμένη της”.
El libro fue publicado en el lejano 1929 y desapareció misteriosamente de las librerías algunos meses después de su publicación. La verdadera autora fue también por mucho tiempo un misterio, puesto que Dora Roseti es un seudónimo.
Hoy conocemos que la escritora se llamaba Neli Kaloglopulu-Boyantsoglu, fue médico y falleció en Atenas. La revista literaria “Οδός Πανός” publicó la entrevista que ella concedió unos años antes de su muerte a una conocida activista lesbiana, también fallecida, Eleni Bacopulu.
El libro, escrito bajo la forma de entradas de diario, en primera persona, narra la historia del intenso amor entre la joven Dora, la narradora, y Liza, su amante. El mundo interno de la joven estudiante de la química, Dora, aparece imprevisible en su inexperiencia y fascinante en su espontaneidad juvenil: su pasión por Liza, sus inseguridades de que el objeto de su afecto no sienta de la misma manera que ella, la desesperación del amor no correspondido, el frenesí de la alegría, la pasión, la consumación del acto erótico, la lujuria, la planificación de un futuro común fuera de Grecia.
Aparte de ser una de las primeras novelas europeas que hable de la homosexualidad femenina de manera tan desinhibida, el libro también describe con gran riqueza de detalles la vida y los tiempos de la élite intelectual de Atenas en los años ‘20. Una narración sincera e intrépida, mucho por delante de su tiempo, que hoy afortunadamente se puede leer sin los convencionalismos y prejuicios morales de su época.
El libro fue publicado en el lejano 1929 y desapareció misteriosamente de las librerías algunos meses después de su publicación. La verdadera autora fue también por mucho tiempo un misterio, puesto que Dora Roseti es un seudónimo.
Hoy conocemos que la escritora se llamaba Neli Kaloglopulu-Boyantsoglu, fue médico y falleció en Atenas. La revista literaria “Οδός Πανός” publicó la entrevista que ella concedió unos años antes de su muerte a una conocida activista lesbiana, también fallecida, Eleni Bacopulu.
El libro, escrito bajo la forma de entradas de diario, en primera persona, narra la historia del intenso amor entre la joven Dora, la narradora, y Liza, su amante. El mundo interno de la joven estudiante de la química, Dora, aparece imprevisible en su inexperiencia y fascinante en su espontaneidad juvenil: su pasión por Liza, sus inseguridades de que el objeto de su afecto no sienta de la misma manera que ella, la desesperación del amor no correspondido, el frenesí de la alegría, la pasión, la consumación del acto erótico, la lujuria, la planificación de un futuro común fuera de Grecia.
Aparte de ser una de las primeras novelas europeas que hable de la homosexualidad femenina de manera tan desinhibida, el libro también describe con gran riqueza de detalles la vida y los tiempos de la élite intelectual de Atenas en los años ‘20. Una narración sincera e intrépida, mucho por delante de su tiempo, que hoy afortunadamente se puede leer sin los convencionalismos y prejuicios morales de su época.
10 Σεπτεμβρίου 2009
ΤΟ ΑΡΩΜΑ ΤΗΣ ΣΑΡΚΑΣ ΜΟΥ
Sofía Lascaridu (Grecia)
Mi carne esta noche
Mi carne esta noche perfuma como
una flor de abril y nada en mí duele,
mi alma ha subido y pende de los labios,
temblando, Dios mío, como gota de placer.
¡Qué milagro inesperado me ha tocado esta noche
y de muda que era me hace cantar!
Cuál mano vino a abrirme los dos ojos cerrados
para hacerme ver la belleza del mundo.
Rita Bumi-Papá / Grecia
Rigas Kappatos-Carlos Montemayor: Antología de la poesía griega del siglo XX (Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006)
.
Rita Bumi-Papá (1906-1986) nació en la isla de Siros. Sus primeros años fueron de extrema pobreza, pero ello no le impidió que despertara su vocación poética. Más tarde, en Italia, estudió literatura italiana y francesa. Cuando regresó a su isla natal trabajó como directora de una escuela de niños y al mismo tiempo como cronista en el periódico local. En 1939 se trasladó a Atenas y durante toda su larga vida colaboró con las mejores revistas literarias de la capital. En sus primeros poemas empleó el verso medido y rimado, con un tono lírico y dulce, cantando el amor y los acontecimientos cotidianos. Poco a poco asimiló las corrientes de la poesía moderna pero sin perder ese lirismo que dio a su obra la unidad de una poesía siempre en desarrollo. En 1945 se casó con el poeta Nikos Papás. Después de la Segunda Guerra Mundial escribió poesía de protesta social y varios de sus poemarios fuerosn premiados.
* En su libro "Cantos de Amor" de 1930 abundaban los versos homoeróticos, pero luego la poetisa “reelaboró” sus poemas despojandolos de todas esas referencias.
Rita Bumi-Papá (1906-1986) nació en la isla de Siros. Sus primeros años fueron de extrema pobreza, pero ello no le impidió que despertara su vocación poética. Más tarde, en Italia, estudió literatura italiana y francesa. Cuando regresó a su isla natal trabajó como directora de una escuela de niños y al mismo tiempo como cronista en el periódico local. En 1939 se trasladó a Atenas y durante toda su larga vida colaboró con las mejores revistas literarias de la capital. En sus primeros poemas empleó el verso medido y rimado, con un tono lírico y dulce, cantando el amor y los acontecimientos cotidianos. Poco a poco asimiló las corrientes de la poesía moderna pero sin perder ese lirismo que dio a su obra la unidad de una poesía siempre en desarrollo. En 1945 se casó con el poeta Nikos Papás. Después de la Segunda Guerra Mundial escribió poesía de protesta social y varios de sus poemarios fuerosn premiados.
* En su libro "Cantos de Amor" de 1930 abundaban los versos homoeróticos, pero luego la poetisa “reelaboró” sus poemas despojandolos de todas esas referencias.
1 Σεπτεμβρίου 2009
ΤΟ ΜΑΓΙΚΟ ΚΛΕΙΔΙ ΤΟΥ ΧΑΜΕΝΟΥ ΠΑΡΑΔΕΙΣΟΥ
.
En la lluvia de la calle
En la lluvia de la calle
tenía que encontrar mi sueño.
Encontrarlo y perderlo.
Nunca más lo alcanzaré.
Pasó un instante ante mí
y fue la alegría del mundo...
La alegría que nos ensagrienta
como los más grandes dolores.
Pasaron como pasa
lo que no volverá:
aves que han aleteado,
nubes a la puesta del sol.
Y dejó su paso,
paso de vida, de muerte,
en mi corazón, como un sello,
ay, muerta esperanza.
Una esperanza muerta
que nos vive y nos muere
y que nos lleva enteramente hacia
abajo, hacia la puerta de la muerte.
Sueño dulce y extraño,
perdido para siempre,
te mantengo aún en mi mente
como una rosa en la boca.
Cuando pasaste, me cogiste
y me abriste todas las puertas
con tu mágica llave
del paraíso perdido
En la lluvia de la calle
En la lluvia de la calle
tenía que encontrar mi sueño.
Encontrarlo y perderlo.
Nunca más lo alcanzaré.
Pasó un instante ante mí
y fue la alegría del mundo...
La alegría que nos ensagrienta
como los más grandes dolores.
Pasaron como pasa
lo que no volverá:
aves que han aleteado,
nubes a la puesta del sol.
Y dejó su paso,
paso de vida, de muerte,
en mi corazón, como un sello,
ay, muerta esperanza.
Una esperanza muerta
que nos vive y nos muere
y que nos lleva enteramente hacia
abajo, hacia la puerta de la muerte.
Sueño dulce y extraño,
perdido para siempre,
te mantengo aún en mi mente
como una rosa en la boca.
Cuando pasaste, me cogiste
y me abriste todas las puertas
con tu mágica llave
del paraíso perdido
.

Aquí ya no hay
Aquí ya no hay errores
grandes y locos.
Una luna muerta
calla allá arriba.
La ciudad y las luces
están tan lejanas,
como cuando una vieja
mira la juventud.
Yo me encuentro extraño
en este mundo
como un muerto
dentro de sí mismo.
Mitsos Papanicolau / Grecia
Aquí ya no hay
Aquí ya no hay errores
grandes y locos.
Una luna muerta
calla allá arriba.
La ciudad y las luces
están tan lejanas,
como cuando una vieja
mira la juventud.
Yo me encuentro extraño
en este mundo
como un muerto
dentro de sí mismo.
Mitsos Papanicolau / Grecia
José A. Moreno Jurado: Antología de la poesía griega. Desde el siglo XI hasta nuestros días (Ediciones clásicas, 1997)
.
Mitsos Papanicolau nació en la isla de Hidra en 1900. pero se trasladó muy pronto a El Pireo en donde vivió el resto de su vida. De caracter melencólico, se entregó a las drogas, por su forma de ver la vida, y murió, verdaderamente pobre, en 1943. Dejó su obra esparcida en las revistas de leépoca, especialmente en Nei, pero fueron recogidas en un tomo por Tasos Korfis, Poemas de Mitsos Papanicolau (Tesalónica, 1966)
Mitsos Papanicolau nació en la isla de Hidra en 1900. pero se trasladó muy pronto a El Pireo en donde vivió el resto de su vida. De caracter melencólico, se entregó a las drogas, por su forma de ver la vida, y murió, verdaderamente pobre, en 1943. Dejó su obra esparcida en las revistas de leépoca, especialmente en Nei, pero fueron recogidas en un tomo por Tasos Korfis, Poemas de Mitsos Papanicolau (Tesalónica, 1966)
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