26 Μαρτίου 2009

ΜΕΤΑΦΡΑΖΟΝΤΑΣ ΕΝΑ ΠΟΙΗΜΑ ΤΗΣ ΣΑΠΦΩΣ


Un poema de Safo
Por Gabriel Said
letraslibres.com, Marzo de 2008

Hay unos versos de Safo que (afortunadamente) se conservan por un manual de métrica que los puso como ejemplo, ocho siglos después de que fueron escritos. Pueden leerse como un poema completo, si es que no lo eran. En México, han sido traducidos al menos cuatro veces. Rafael Ramírez Torres (Bucólicos y líricos griegos, Jus, 1970) los tradujo en prosa:

Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.

José Emilio Pacheco (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 1980) publicó una versión escueta y eficaz, donde cada verso va añadiendo una circunstancia, hasta desembocar en el yo:
.
Se fue la Luna.
Se pusieron las Pléyades.
Es medianoche.
Pasa el tiempo.
Estoy sola.
.
Carlos Montemayor (Safo. Poemas, Trillas, 1986) los transcribe en griego y los traduce así:
.
Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media
noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.
.
Rubén Bonifaz Nuño (Antología de la lírica griega, UNAM, Nuestros Clásicos, 1988) también presenta el original griego y la traducción en dos versos:
.
Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias
noches. Y resbala tiempo. Y yo estoy sola acostada.
.
La versión rimada que aparece en Píndaro y otros líricos griegos (Porrúa, Sepan Cuantos) es de Joseph y Bernabé Canga-Argüelles (Obras de Sapho..., 1797):
.
La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad.
La hora pasó, y, en vela,
sola en mi lecho, en tanto,
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.
.
(continúa en los comentarios 1 y 2)

2 σχόλια:

Tres_Leches είπε...

UN POEMA DE SAFO
Por Gabriel Said
www.letraslibres.com, Marzo de 2008

Tras analizar con precisión de relojero un poema de Safo en algunas traducciones, Zaid hace un recorrido cultural sobre el origen de la lírica amorosa y el valor de esta poeta, admirada por Platón e imitada por Catulo, Horacio y Ovidio. Además, ofrece una versión suya y tres divertimentos en clave popular.

Hay unos versos de Safo que (afortunadamente) se conservan por un manual de métrica que los puso como ejemplo, ocho siglos después de que fueron escritos. Pueden leerse como un poema completo, si es que no lo eran. En México, han sido traducidos al menos cuatro veces. Rafael Ramírez Torres (Bucólicos y líricos griegos, Jus, 1970) los tradujo en prosa:

Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.

José Emilio Pacheco (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 1980) publicó una versión escueta y eficaz, donde cada verso va añadiendo una circunstancia, hasta desembocar en el yo:

Se fue la Luna.
Se pusieron las Pléyades.
Es medianoche.
Pasa el tiempo.
Estoy sola.

Carlos Montemayor (Safo. Poemas, Trillas, 1986) los transcribe en griego y los traduce así:

Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media
noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.

Rubén Bonifaz Nuño (Antología de la lírica griega, UNAM, Nuestros Clásicos, 1988) también presenta el original griego y la traducción en dos versos:

Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias
noches. Y resbala tiempo. Y yo estoy sola acostada.

La versión rimada que aparece en Píndaro y otros líricos griegos (Porrúa, Sepan Cuantos) es de Joseph y Bernabé Canga-Argüelles (Obras de Sapho..., 1797):

La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad.
La hora pasó, y, en vela,
sola en mi lecho, en tanto,
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.
Hay transcripciones del poema griego y traducciones a diversos idiomas disponibles en línea. Pueden buscarse en Wikipedia, Google y Amazon (Safo se escribe Saffo, Sapho o Sappho en otros idiomas). Así se encuentra en Google Print Odes d’Anacréon, una compilación políglota de Jean-Baptiste Monfalcon que recoge esta versión italiana (tomada de Le odi di Anacreonte e di Saffo recate in versi italiani de Francesco Saverio de’Rogati, 1782-1783), evidentemente leída por los hermanos Canga-Argüelles:

Già in grembo al mar s’ascosero
le Pleiadi, la luna,
e della notte bruna
già scorza è la metà.
L’ora già passa, e vigile
io sulle piume intanto
sola mi struggo in pianto
senza sperar pietà.

Absurdamente, Monfalcon no incluye la bonita traducción de Ronsard (el famoso poeta de La Pléiade, precisamente) que reproduce Manuel Fernández Galiano (Safo, Cuadernos de la Fundación Pastor). Aquí las Pléyades son vistas como una parvada de pichones (poussinière), la oscura medianoche se ha extendido (si panchée es licencia por épanchée) y ella duerme solita:

Ja la lune s’est couchée,
la Poussinière est cachée,
et ja la mi-nuict brunette
vers l’aurore s’est panchée,
et je dors au lict seulette.

Safo es una figura legendaria de la cual se sabe poco y se especula mucho. Nació y murió en la isla de Lesbos, entre la segunda mitad del siglo VII a.C. y la primera del VI a.C. Llamó la atención por ser mujer, y más aún por la musicalidad, la técnica, los temas y el estilo de una obra sorprendente, de la cual no quedan más que unos cuantos poemas y la pedacería salvada de las ruinas. Se le atribuyen, además, cuatro invenciones: el verso sáfico (pentámetro de once sílabas en cinco pies), la estrofa sáfica (tres versos sáficos y uno adónico), el plectro (la uña o púa para pulsar las cuerdas, sin tocarlas directamente con los dedos) y el pektis (un instrumento de cuerda parecido al arpa). Esto último se entiende porque el arte de las musas (la musiké) unía música, canto y danza.
Alceo, su coterráneo y contemporáneo, la celebró: “Divina Safo, dulce sonrisa coronada de violetas”. Platón la admiraba tanto que se le ha atribuido una proclamación posterior: “La décima musa”. Fue imitada en latín por Catulo, Horacio y Ovidio. Muchos siglos después, fue admirada y traducida por los renacentistas. En la literatura galante, tuvo el prestigio de lo exótico y lo prohibido. Inspiró a los románticos, que adoraban el genio como sublime anormalidad. Y, en el siglo XX, se volvió una bandera feminista.
Safo creó en su lengua vernácula (una variante del griego eólico) un discurso amoroso afín a las canciones populares y a mundos posteriores: la poesía erótica árabe, la lírica de Amaru, Jayadeva, Rumi y Vidyapati, la poesía trovadoresca, el romanticismo. Pero su obra renueva un progreso arcaico: la fiesta nupcial que transforma los meros ritos de fertilidad en diálogo amoroso. Los poemas de amor sumerios y egipcios, el Cantar de los Cantares y los epitalamios griegos son una literatura arcaica modernísima: la del protagonismo íntimo, no épico. Algo notable de esta tradición es que da voz a la pareja; y, por lo mismo, las mujeres hablan.
Las canciones de boda para el banquete (gamelios), para acompañar a los novios a su nueva casa (himeneos) y para despedirlos con una serenata ante su recámara (epitalamios) eran una especie de liturgia nupcial, de la cual hay rastros en los poemas homéricos, según The Oxford classical dictionary. Pero fue en Lesbos donde Safo y Alceo convirtieron esa tradición en creación personal, por gusto, por amistad o por encargo.
Quizá el origen de la poesía amorosa (la poesía del tú y del yo) está en la liturgia nupcial, de la cual se desprende el poema lírico. Los personajes de una obra de teatro hablan todos en primera persona, a diferencia de la poesía épica, narrada en tercera. Lo que dice un personaje en una escena puede quedar en la memoria como un poema redondo, de interés por sí mismo (por ejemplo, la décima famosa de La vida es sueño). Lo que dice la novia en un epitalamio puede desprenderse como una canción amorosa. Esto pudo llevar a la iniciativa de escribir poemas de amor directamente: sin componer toda la obra, con sus personajes y episodios. Poemas escritos en primera persona que pueden ser autobiográficos, aunque no necesariamente. El poeta, el narrador y el protagonista de un poema pueden ser tres personas distintas, como es obvio en la poesía épica, y menos obviamente en la lírica.
A las muchas especulaciones que hay sobre Safo, pudiera añadirse la siguiente: Era una aristócrata venida a menos, tan inteligente, simpática y refinada que las familias ricas empezaron a contratarla; primero, para que organizara fiestas matrimoniales y compusiera epitalamios; luego, como mentora, para que sus hijas se volvieran más casaderas, por las gracias que adquirían frecuentando a una señora ilustre.
En Figuras de lo pensable (Cátedra), Cornelius Castoriadis analiza la riqueza alusiva del poema. Empieza por transcribirlo en esta forma, que le da un aire de copla popular:

δέδυκε μεν α σελάννα
και πληίαδες' μέσαι δε
νυκτες, παρά δ' έρχετ' ώρα,
έγω δε μόνα κατεύδω.

El manual de Hefestión (siglo II) lo presenta en dos versos, para ejemplificar el tetrámetro. Todavía en el siglo XX, Massimo Lenchantin de Gubernatis (Manual de prosodia y métrica griega, traducido por Pedro C. Tapia Zúñiga, UNAM) insiste en el ejemplo, aclarando que algunos editores prefieren la presentación en cuatro dímetros, en vez de dos tetrámetros. Hay, además, variantes ortográficas en las distintas ediciones. La pronunciación aproximada sería:

Dédyke men a selána
kai pleíades. Mésai de
nýktes. Pará d’érjet óra.
Égo de móna katéudo.

No hace falta saber griego para observar las aliteraciones en de (Dédy, des, de, dér, de, do), ka (ke, kai, nýk, ka), eme y ene (men, na, Mé, nýk, móna).
El poema es tan breve que se presta para observar también, casi palabra por palabra, las resonancias que explica Castoriadis. A continuación, se aprovechan sus observaciones, completándolas con otras fuentes, sobre todo el Greek-English lexicon de Liddell-Scott, el Dictionnaire étymologique de la langue grecque de Chantraine y la generosa ayuda de José Molina Ayala.
Dédyke, en general, es ‘ha entrado’ o ‘ha hundido’ o ‘se ha hundido, metido o sumergido’; pero, en el caso de los astros: ‘se ha metido en el mar’, porque los griegos veían el cielo como navegantes. La luna y las Pléyades surgen del mar y vuelven al mar. También Afrodita (la estrella diosa Venus nacida del mar) y todas las estrellas.
men es una partícula enfática de las afirmaciones o negaciones; y, por lo mismo, quiere decir muchas cosas o nada, según el caso. J.D. Denniston (The Greek particles) dedica setenta páginas a describir cómo se usa. Puede no traducirse (Ramírez, Pacheco, Montemayor) o traducirse como pues (Bonifaz) o de otra manera.
a selána es ‘la luna’, pero con una resonancia perdida en español, porque en luna ya no escuchamos luz. En griego, selána viene de sélas, ‘fulgor’ (de las hogueras, las antorchas, la luna, las estrellas, los ojos); como luna (en latín) viene de lux. La luna en griego se llamaba men (una palabra distinta de la partícula enfática), de donde viene mensual. Pero acabó llamándose selána o seléne, que era su epíteto: la luminosa. Es un acierto de los Canga-Argüelles recrear esta resonancia: “La luna luminosa”.
kai pleíades quiere decir ‘y las Pléyades’: tanto el grupo de estrellas como las hijas de Pléyone (la ninfa del océano, protectora de los navegantes) y Atlante (el titán que carga el cielo para que no se desplome sobre el mar y la tierra). La palabra pleíades evoca pléias ‘numerosas’, plein ‘navegar’, Pléion (la ninfa Pléyone) y peleiádes ‘palomas’ (que vuelan escapando de Orión, en una de las versiones de la tradición mitológica). Hay una convergencia en estas connotaciones (mar, numerosas, palomas, protección): parvada de estrellas náuticas, que nos guían y protegen.
Las Pléyades están en la constelación de Tauro y tienen un brillo de primera magnitud. Fueron observadas, nombradas y personificadas mitológicamente desde la prehistoria, en muchas culturas. Además de su orto, movimiento y ocaso a lo largo de la noche, tienen un ciclo anual: dejan de estar a la vista una parte del año. Este ciclo coincide aproximadamente con el ciclo agrícola, por lo cual las Pléyades sirvieron para fijar las estaciones y el calendario. Según la Encyclopaedia Britannica, hay lenguas amerindias y bantúes en las cuales una misma palabra significa ‘año’ y ‘Pléyades’ (así como en griego men significaba ‘mes’ y ‘luna’). En Grecia, las Pléyades fueron importantes para navegar, no sólo para marcar los tiempos de siembra y de cosecha, como puede verse en la Odisea, Hesíodo (Los trabajos y los días) y Arato (Fenómenos).
Castoriadis supone que el poema fue escrito hacia 580 a.C., cuando Safo tenía treinta y tantos años; y que la escena puede situarse en la primera luna nueva de la primavera, porque es entonces cuando las Pléyades y la luna se meten antes de la medianoche. No pude comprobarlo, valiéndome de los planetarios virtuales que hay en la web, sobre todo Your Sky. Lesbos está en la posición 39°N 26°E, la hora local es GMT+2 (dos horas más tarde que la hora de Greenwich) y el año de referencia es -580. Tampoco pude encontrar información segura sobre el calendario agrícola en la antigua Grecia. Ojalá que alguien pueda verificar la tesis de Castoriadis, y de paso las afirmaciones agrícolas de Hesíodo, que no entendí.
nýktes significa noches, pero mésai nýktes es una locución para decir ‘medianoche’, de igual manera que en español (a diferencia del inglés y el francés) decimos buenas noches en plural para decir ‘que tengas una buena noche’ en singular.
de es otra partícula de múltiples funciones (Denniston le dedica cien páginas). Aquí es enfática. Aparece en medio de una frase hecha (mésai nýktes), partiéndola. Como si fuera poco, la inserción queda al final de un verso, haciéndose notar todavía más. El énfasis subraya que la ‘medianoche’ es ‘plena medianoche’ o la ‘mera medianoche’ o algo así.
Desde el Renacimiento, el poema se atribuye a Safo, aunque se llegó a pensar que era una canción popular, porque Hefestión lo cita sin dar el nombre del autor. Pero en las coplas populares no suele haber encabalgamientos, y menos uno tan notable como éste, precedido por otro. Lo popular sería empezar diciendo, por ejemplo: “Ya la luna se metió”; pero no continuar la frase hasta la mitad del verso siguiente; y menos aún repetir de inmediato el procedimiento; y todavía menos partiendo en dos una frase hecha, algo así como
Ya la luna se metió
y las Pléyades. Es la media mera
noche.

pará d’érjet es la fusión de tres elementos. En primer lugar, el verbo érjomai que se refiere al movimiento de ir, irse, llegar, venir. En segundo lugar pará, una preposición (raíz griega de paralelo, paradigma) que indica ‘junto’, ‘ante’, ‘del lado de’, ‘hacia’, ‘contra’. De ahí resulta el verbo parérjomai, ‘pasar al lado de’, ‘pasar delante de’, ‘pasar volando’ (los pájaros). Como tercer elemento, está la partícula de, nuevamente enfática, hasta el punto de separar las dos partes del verbo. De donde resulta pará d’érjet: ‘va precisamente pasando’, ‘pasa ahora ante mí’.
óra es ‘hora’, ‘momento de’, ‘estación del año’, ‘primavera’, ‘flor de la edad’. Admirablemente, Safo aprovecha la palabra en toda su extensión, porque todos los significados (la hora de la noche, la estación del año, el momento del amor, la flor de la edad para el amor) resultan válidos para lo que dice el poema.
Égo de móna es ‘yo completamente sola o solitaria’.
katéudo es ‘me acuesto’. El poema cierra con esta palabra que responde a la primera: dédyke (‘se han acostado’, ‘se han hundido’, ‘se han metido’) y marca el paralelo. Es un cierre sobrio, a diferencia del simpático “y yo en mi lecho duermo solita” de Ronsard; o del patético y prolongado “en tanto que yo, bajo el edredón, me deshago en llanto, sin esperar piedad” de Rogati.
Es imposible recuperar toda esta riqueza alusiva en una traducción, menos aún en cuatro versos breves y compactos, ya no se diga conservando la métrica y aliteraciones:
La luminosa luna
y las Pléyades
se han metido en el lecho
del mar. Medianoche.
Van pasando las horas
primaverales.
Y yo sola en mi lecho.

La luna, la soledad, la inmensidad de la noche, el cielo estrellado, la ventana, el amor posible o imposible y las horas que pasan son un tópico vivo hasta hoy. Parece romántico, pero tiene sus orígenes en la poesía nupcial arcaica en primera persona.



Siguiendo la pista falsa del origen popular, hice otros intentos, que no se justifican más que de pilón:

La luna se mete al mar
y se lleva a las estrellas,
y yo me voy a quedar
mirando al cielo, sin ellas.

La luna apagó la luz,
con las Pleias se acostó;
y, a oscuras, pasan de largo
las horas, la noche y yo.

Ya la luna se metió
con la estrella más bonita,
pero aquí me quedo yo
para acostarme solita. ~

Tres_Leches είπε...

MÁS SOBRE UN POEMA DE SAFO. (UN EJERCICIO DE TRADUCCIÓN AL ALIMÓN)

POR ALEJANDRA PIÑA Y FRANCISCO SEGOVIA

www. letraslibres.com, Octubre de 2008

Cuando vimos el número de marzo de Letras Libres, entendimos lo que debió sentir Alan Shepard al escuchar por primera vez el nombre de Yuri Gagarin. Sí, también a nosotros se nos habían adelantado... por muy poquito. Gabriel Zaid publicó en ese número un comentario muy parecido al que estábamos haciendo nosotros sobre el mismo poema de Safo, y eso parecía dar al traste con nuestro proyecto. Pero lo hemos pensado mejor. Aunque es verdad que Zaid ha vuelto redundante una parte de nuestro trabajo, nos quedan aún dos o tres comentarios, y nuestras versiones. ¿Por qué no sumarnos al esfuerzo, si nuestro propio trabajo había comenzado como una suma de esfuerzos? Por un lado, yo había traducido el poema hacía ya tiempo, a partir de no recuerdo qué versión en inglés; por el otro, Alejandra lo había analizado en las clases de griego clásico que da Pedro Tapia en la UNAM. Ella leyó la versión que yo había hecho sin haber visto nunca el texto griego (en versos de 7 y 11 sílabas):


La luna se ha ocultado
y tras ella las Pléyades declinan.
Hace tiempo pasó la media noche.
La juventud no dura.
Estoy sola en la cama.


Lo primero que Alejandra reconoció es que había aquí cinco versos, cuando en el original sólo hay cuatro. Los cito a continuación, acompañados de una transliteración:


Déduke men a selána
kai Pleíades, mésai de
núktes, pará d’érjet óra,
égo de móna katéudo.


Pero Alejandra notó además que había algo ahí que no estaba en el original –eso de que las Pléyades declinan– y me explicó que la partícula men se usaba, entre muchas otras cosas, para comenzar una enumeración, y que las cosas citadas después de la primera llevaban la partícula de. En este caso de implica la introducción de un nuevo verbo... que no aparece en el poema. Esto nos permite suponer que se trata de ser, pues este verbo solía omitirse cuando el sentido de la oración era claro. Así tenemos: Se ha ocultado la luna/ y las Pléyades, y (es) “media noche”... Si pongo entre comillas “media noche” es por otra observación de Alejandra: los griegos dividían la noche en tres lapsos iguales, y por eso a veces, para referirse a la noche completa, la mencionaban en plural; de ahí que el poema diga, literalmente, “medias noches”. Safo se refiere al periodo medio de la noche, que va más o menos de las 10 p.m. a las 2 a.m. (la “mera medianoche” de Zaid). En Homero se nota que era el lapso más pesado, el que más temían los centinelas. Sobre óra, Alejandra decía más o menos lo mismo que Zaid: puede ser simplemente ‘hora’, o ‘juventud’, o ‘tiempo propicio’, etcétera. Son acepciones comunes también para la hora española. Pero agregaba dos cosas interesantes sobre el último verso. Por un lado, que la explicitación del sujeto (égo, ‘yo’) es enfática, pues Safo bien pudo haberlo omitido, como omitió antes el verbo ser. Por el otro, que el verbo de ese sujeto (katéudo) es ‘acostarse a dormir, dormir, pasar la noche’, e incluso ‘estar acostado sin dormir, insomne’.
A manera de resumen, Alejandra me daba una versión literalísima:


La luna se ha ocultado
y las Pléyades, y (es) la noche
media, y la hora (al lado) pasa,
y yo sola duermo.


Poniendo algún ritmo en eso, teníamos:


La luna se ha puesto, y las Pléyades.
Es más de media noche.
Ha pasado la hora.
Estoy sola en la cama.


Esta es la versión más concisa del poema, apreciado justamente en razón de esa misma concisión, que Ernst Morwitz subrayaba haciendo notar que en él no hay un solo adjetivo. Cuatro oraciones simples en cuatro versos no tan simples. A Kenneth Rexroth lo sorprendería la economía de Safo cuando apenas tenía quince años, y fue sin duda ella la que lo puso en el camino de traducir los poemas breves de Japón y China. He aquí su límpida versión al inglés:


The moon has set,
And the Pleiades. It is
Midnight. Time passes.
I sleep alone.


Como es sabido, Ezra Pound hacía de Safo una valedora más de su movimiento imagista, y sin duda habría podido escribir sobre este poema un comentario contundente, como el que hizo en Cathay al “Lamento de la escalera de gemas” de Li Po. Pero ya en 1966 Paul Roche se quejaba del exceso de traducir a Safo según la estética del modernismo estadounidense (“bastard Chinese”), que él veía traicionada por la poetisa cada dos pasos. He aquí su versión al inglés:


The moon has gone
The Pleiads gone
In dead of night
I lie alone


Aunque el poema de Safo va sin rimas, Roche introduce aquí una, que suena en tres de los cuatro versos. No lo hace sólo por añadir sonoridad a una traducción que no da pie a las aliteraciones sino también –tal vez sobre todo– por quitarle a su versión ese tufillo orientalizante de los traductores creadores al estilo de Pound, a los que él detestaba tanto como Juan Ferraté, traductor de Safo y otros líricos griegos arcaicos. En cualquier caso, fueron sin duda consideraciones de este tipo las que lo llevaron a reducir Pleiades (tres sílabas) a Pleiads (dos sílabas) y así mantener el metro en los cuatro versos. También a Alejandra y a mí nos ocupó un rato la revisión del metro griego, pero no vamos a atorrar a los lectores con nuestras disquisiciones técnicas ni con las versiones que fuimos ensayando mientras discutíamos el asunto. Baste decir que al final intentamos reproducir el esquema rítmico del poema en octosílabos castellanos, que es a lo que a nosotros nos suena el poema:


Ya se ha ocultado la luna,
y las Pléyades. Es media
noche. La hora ha pasado.
Duermo yo sola en la cama.


Creo que esta es, de todas nuestras versiones, la que más se acerca al original. Sin embargo también nosotros, como Zaid, nos atreveremos a ofrecer todavía un pilón (esta vez en eneasílabos), aunque sólo sea porque en él nos ha cabido rimar, como a Roche:


Se ocultó la luna y tras ella
las Pléyades. Es más de media
noche. Pasa veloz la hora.
Yo me acuesto en la cama, sola. ~

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