

Apolodoro: Biblioteca mitológica (Alianza Editorial, 1993)
Trad.: Julia García Moreno
Gustave Moreau

Gustave Moreau



Esto te advierto, Galo, por mi fiel amistad (que no se pierda en tu ánimo distraído), a menudo la mala suerte le sale al paso al enamorado incauto: el cruel Ascanio podría decírselo a los Minias. Tú tienes un amor de no inferior belleza ni de nombre desigual al de Hilas, el hijo de Teodamante. A éste, bien vayas recorriendo los arroyos del bosque sombrío, ya moje tus pies la onda del Anio, ya recorras la costa de los Gigantes, o en cualquier rincón por el movible cobijo del río, defiéndelo siempre del rapto codicioso de las ninfas (pues no es menor el amor de las itálicas que el de las Adríadas). Que no tengas, Galo, que ir a los duros montes y a las frías peñas, y a los lagos nunca conocidos: lo cual, habiéndolo sufrido Hércules en su desventurado viaje por desconocidas riberas, tuvo que llorar ante el Ascanio indómito.
Pues cuentan que antaño la nave Argo, salida del astillero de Pagasa, recorría el remoto rumbo de Fasis, y ya después de pasar las olas de la hija de Atamas, arribó a los escollos de los misios. Allí el grupo de los héroes, cuando arribó a las serenas orillas, cubrió el risueño litoral de muelle ramaje. Pero el compañero del invencible mancebo avanzó más allá a buscar la rara agua de una fuente apartada. Dos jóvenes lo persiguieron, descendencia de Aquilón. Lo perseguía desde lo alto Zetes, lo perseguía desde lo alto Cálais, querían robarle sus besos extendiendo sus manos, y arrebatárselos desde arriba en alternativa huida. El, en vilo, busca refugio bajo su propio brazo y con una rama espanta las asechanzas que vuelan. Y ya se había retirado la estirpe de Orothya Pandiónide, pero, ¡ay dolor!, Hilas caminaba, caminaba hacia las Hamadríadas. Allí había una fuente en la ladera del monte Arganto, humeda morada grata a las ninfas de Tinia, encima de la cual pendían, sin que se debieran a cuidado alguno, frescas manzanas de árboles abandonados; en torno, en el fresco prado, crecían lirios blancos entremezclados con adormideras purpúreas. E Hilas, ora cortándolas puerilmente con sus delicadas uñas, prefería la flor al deber que se había impuesto, ora echándose ignorante sobre las hermosas aguas, entretenía su descuido con tiernas imágenes. Al cabo se dispone a beber del río metiendo en él las manos y libando el agua recostado en su hombro derecho, por cuya blancura como arrobadas las doncellas Dríadas, dejaron asombradas sus acostumbradas danzas, y como resbalara, fácilmente lo arrastraron con el blando líquido: Hilas, al ser robado sus cuerpo, dio un grito. A éste desde lejos Alcides repitió respuestas, mas sólo el aura le devolvió el nombre desde la lejana fuente.
Aleccionado con estos ejemplos, Galo, guardarás tu amor, pues parece que has confiado el hermoso Hilas a las ninfas.


Mosaicos romanos
El hijo de Zeus [Heracles] echó a andar hacia el bosque para procurarse antes un remo apropiado a sus manos…
Al punto llegó éste al manantial que llaman Fontanas los habitantes vecinos. Justamente entonces se formaban los coros de ninfas. Pues todas las ninfas, cuantas allí tenían por morada la amable montaña, se cuidaban de celebrar siempre a Ártemis con cantos nocturnos. Cuantas ocupaban las atalayas de los montes o también los torrentes, y las de los bosques, avanzaban en filas desde lejos; en tanto que del manantial de hermosa corriente otra ninfa acababa de emerger sobre el agua. Contempló a éste de cerca, arrebolado de hermosura y dulces encantos, pues la luna llena con su luz lo alcanzaba desde el cielo. Cipris estremeció el corazón de ésta y en su turbación apenas pudo recobrar el aliento.
El rubio Hilas fue con una vasija de bronce a buscar agua para la cena del propio Heracles y del intrépido Telamón, ya que estos dos amigos compartían siempre la misma mesa. Pronto advirtió una fuente en una hondonada, a cuyo alrededor abundaban los juncos, la obscura celidonia, el verde culantrillo, el florido apio y la reptante grama. En medio del agua danzaban las Ninfas en corro, las Ninfas que nunca duermen, deidades terribles para los campesinos: Éunica y Málide y Niquía, de ojos de primavera.

__Los vnos por sus cormanos,
La Historia troyana polimétrica es una traducción realizada en torno a 1270 del Roman de Troie de Benoît de Sainte-Maure. 
Henry Füssli: Aquiles intentando asir el alma de Patroclo 

¡No has respetado la augusta [pureza]
de tus muslos, oh cruel, a pesar de todos nuestros besos!
Que tanto ama de los muchachos la juventud florida
[deseando] la dulzura de los muslos y los labios.



Antoine-Jean Gros: La muerte de Patroclo (¿?)






Lo que se deriva en realidad de las palabras de Tetis es que el vínculo con Patroclo era la razón por la que el héroe no había tomado esposa todavía: una confirmación, entonces, del carácter amoroso de la relación. Pero la exhortación de la madre al hijo para que cumpla finalmente su deber social no es, sin embargo, una condena absoluta de su relación con Patroclo. Parece más bien la invitación a aceptar la que, para los griegos, era una regla natural: alcanzada una cierta edad, se hacía necesario poner fin a la fase homosexual de la vida y asumir el papel viril con una mujer. Y para Aquiles había llegado esta edad: si hubiese un reproche oculto en las palabras de Tetis es el de haber prolongado demasiado – a causa del excesivo amor por Patroclo – la fase del amor homosexual.La venerada fuerza de sus muslos (meron) no respetaste, tú, a pesar de nuestros besos.Uno de los dramas perdidos de Sófocles se titulaba Achilleos erastai, los amantes de Aquiles. Esquines, en la oración contra Timarco, habla de los dos héroes como de una pareja de amantes, lo mismo que el pseudo Luciano.
Gavin Hamilton: Aquiles llorando la muerte de Patroclo
Dirck van Baburen: Aquiles preparado para vengar la muerte de Patroclo
El interés que los griegos tenían por la terminología de la edad y la importancia que le atribuían resultan claros apenas se hace un recorrido por las obras dedicadas al asunto por los gramáticos y lexicógrafos alejandrinos, y más especialmente el tratado Peri onomasias helikion de Aristófanes de Bizancio.