30 Μαρτίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (ζ’)

George Hurrel: Ramon Novarro como El nuevo Orfeo
F. Holland Day: Orfeo (1907)
Henry Seeley: Orfeo (1903)

LA HOMOSEXUALIDAD ENTRE LOS MORTALES 2 – ORFEO Y CALAIS (h’)

Un cantor muy hermoso se enamoró de un bello joven.
Una excesiva pasión sentía en su lánguido pecho
y con sus labios pálidos cantaba su dolor:
“Me sentaré frente a ti para hablarte, para escucharte,
para ver tus rubios cabellos y tus frescos labios
que tienen el color de la granada y la dulzura del cantuesco”.
Las solteras y las casadas escucharon la canción.
Las hermosas muchachas y las novias gritaron:
“Un hombre arrastra con su canto a amar a un hombre.
Caerán en el olvido las bodas y los noviazgos
y pasaremos la noche sin un marido a nuestro lado.
Las tetas de nuestros pechos no amamantarán a los niños”.
Amaneció un día de fiesta, allá, en las provincias turcas
y los pueblos se congregaron. Acudieron hombres y mujeres.
Acudió también el cantor con su propio laúd
y empezó a entonar su canción solitaria,
mientras le respondía la dulce melodía del laúd.
Las jovenes palidecieron como pálidas flores
y se irritaron enormemente en sus corazones.
Las solteras y las casadas cogieron piedras y quijarros
y golpearon al cantor mientras cantaba.
El dorado laúd dejó en silencio sus acordes.
El cantor, desconocido entre su sangre, yace en el suelo
y ninguna plañidera le entona sus lamentos.
Las enloquecidas muchachas le cortaron la cabeza
y la arrojaron al río junto al laúd.
Pero el río los hizo salir a la playa, entre las olas.
Caminan como compañeros la cabeza y el laúd.
La ola que pasaba iba resonando dulcemente
y el mar la transportó a numerosas islas.
Todo el derredor de las islas escuchaba, por la tarde
y por la noche, escuchaba la melodía sin saber su procedencia.
Los niños pequeños gritaban: “La produce el mar”.
La melodía se detuvo en un punto profundo,
como una estrella que brilla a medianoche en un lugar.
Parecía que se trataba dal canto de mil ruiseñores.
Los expertos marineros acudieron con sus barcas
y cogieron la cabeza. También cogieron el laúd
y enterraron la cabeza y el laúd en una tumba.
Desde aquel tiempo, en las aldeas de las islas,
las jovenes y los muchachos tocan hermosos órganos
y adornan los laúdes con plata y oro.
Las madres dan a luz hijas de dulces voces
que tienen rostros de ángeles y son ángeles del canto.
Sin embargo, en tierra firme, entre las mujeres asesinas,
los hombres cogieron un hierro, lo pusieron al rojo vivo
en el fuego y marcaron las frentes y espaldas de las muchachas
para que no se recocijaran demasiado por el crimen cometido.

Yeoryios Tertsetis (1800-1874) / Grecia
de la Antología de la Poesía Griega. Desde el siglo XI hasta nuestros días (Ediciones Clásicas, 1997)
Traducción: José A. Moreno Jurado

+información: http://unamiradagay.blogspot.com/2009/05/blog-post_19.html


Felix Valotton: Orfeo y las Ménades
Max Jacob: Orfeo y las Ménades
Valerio Catello: Orfeo atacado por las Ménades

Según Santini, Fanocles y Ovidio pudieron tener una fuente común en que las mujeres eran tatuadas con los mismos instrumentos punzantes con que atacaron a Orfeo. Esta conexión entre delirio y castigo habría sido obviada por Fanocles, que no explica por qué sa ha elegido la marca con tatuajes como castigo para el crimen. Ovidio menciona los instrumentos punzantes, pero habría cambiado el motivo del tatuaje por la transformación de las tracias en árboles. Sin embargo, tal suposición no parece necesaria: Fanocles creyó que la costumbre tracia de tatuarse podía explicarse etiológicamente como castigo por la muerte de Orfeo, sin preocuparse de que estuviera directamente relacionada con su forma de morir. Ovidio seguramente conoció el texto de Fanocles y lo amplió haciendo que las mujeres encontraran los instrumentos del crimen en un labrantío.

Alberto Bernabé y Francesc Casadesús (coord.): Orfeo y la tradición órfica. Un reencuentro I (Akal, 2008)

Jean Cocteau: Orfeo

20 Μαρτίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (η')

Según Conón, Orfeo vetó el acceso de mujeres a los misterios que había instituido en Libetra. Los guerreros de Macedonia y Tracia reunían con él en determinados días en una casa cerrada, dejando a la puerta las armas. Una noche se apoderaron de ellas las mujeres y, cuando sus maridos salieron, les dieron muerte, a Orfeo lo despedazaron y tiraron al mar sus despojos. Menciona también una de las razones que ya daba Ovidio: por lo mal que había resultado su relación con su mujer, odió a todo el género femenino. Para Graf la exclusión de las mujeres de determinados misterios fue lo que originó el mito etiológico de que fueron éstas quienes acabaron con Orfeo. Hay que señalar que esta noticia se contradice con la realidad de los misterios órficos, que no estaban vetados a las mujeres.
En varios vasos desde 460 a.C. el poeta aparece cantando sólo para hombres y las mujeres irrumpen de lo que puede deducirse que la razón de su ira es su exclusión de un círculo masculino presidido por Orfeo, según la tradición que recogen Cónon o Pausanias.

Pausanias testimonia que Orfeo sólo se rodeó de hombres, a los que convenció para que lo siguieran en vagar. Las mujeres planearon su muerte, si bien no se atrevieron a llevarla a cabo por miedo a sus maridos, hasta que cobraron valor mediante el vino. De ahí que los guerreros tracios siempre fueran a la guerra embriagados. Nuevamente estamos ante un mito etiológico, que según Graf intenta explicar una antigua técnica de combate a través del trance, común entre guerreros de pueblos indoeuropeos, como los germanos, los celtas, los iranios y más tarde los “asesinos” iranios. Siempre forman sociedades secretas, por lo que los guerreros seguidores de Orfeo vagando por el país bien pueden reflejar una de ellas.


Nos han llegado dos interpretaciones simbólicas del mito: para Himerio los autores de la muerte fueron los hombres de Libetra, pero el relato los cambió por mujeres porque, movidos por la envidia ante su canto, emprendieron contra Orfeo una tropelía propia de mujeres. El neoplatónico Proclo, desde una perspectiva filosófica y alegórica, cree que el desmembramiento de Orfeo significa que, una vez que murió, los hombres no pudieron recibir la perfección que éste había alcanzado en el arte musical y sólo participaron fragmentariamente de su ciencia.

Alberto Bernabé y Francesc Casadesús (coord.): Orfeo y la tradición órfica. Un reencuentro I (Akal, 2008)

George Platt Lynes: Orfeo

10 Μαρτίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (ζ')


Muerte de Orfeo
Este mitema es uno de los más confusos, por las diferentes versiones que contiene. La más antigua proviene de Esquilo en sus “Basárides”: «(…) Las vulpejas [Basárides] lo despedazaron y dispersaron sus miembros, cada una por su lado. Pero vinieron las musas, reunieron los miembros dispersos y les dieron sepultura en la ciudad llamada Libetra». Por la pena, Orfeo se recluye en la práctica de unos misterios basados en su conocimiento (gnosis) del Hades, a los cuales solo permitía el acceso a los hombres. En otra versión aparece como sacerdote de Apolo. Las mujeres tracias –ménades para algunos autores- ofendidas por su devoción al recuerdo de Eurídice y por su obstinado rechazo a la compañía femenina, por presidir un culto solo accesible a los hombres, o incluso por dedicarse a la pederastia, lo despedazaron y lanzaron sus restos al mar (o al río Hebro según otras versiones). Su cabeza, mientras era arrastrada por la corriente, cantaba y profetizaba, hasta llegar a la isla de Lesbos) o Lemnos, según otra versión), donde fue rescatada y convertida en objeto de culto, y Orfeo, a su vez, convertido en patrón de la poesía.
Otra versión afirma que Orfeo, cuando Dionisos hizo su aparición en Tracia, rechazó la presencia del dios, afirmó la supremacía de Apolo y condenó los sacrificios dionisiacos y el comportamiento ´licencioso´de la ménades. Por esa razón, Dionisos habría infundido una pasión destructiva sibre las ménades para que descuartizaran a Orfeo. Una versión final lo hace morir directamente bajo el rayo de Zeus, por enseñar en sus misterios conocimientos secretos sobre el Hades.

Yidy Paez Casadiegos: Epifania y Etiologia: Ensayos sobre Mito y Religiosidad Griega Antigua (Universidad del Norte, 2011)

En el mito, tras la pérdida de Eurídice, orfeo descubre y propaga el gusto por los mancebos al grado que las bacantes, despreciadas y celosas, lo descuartizan y lanzan su cabeza al mar. Hay un grabado de Durero de 1496 en que vemos a dos bacantes golpeando a muerte a Orfeo agachado, con su lira en el suelo, mientras que Eros como niño (Cupido) huye de la escena. En la parte superior del grabado, entre las ramas de un árbol, se lee en una banda : “Orfeo el primer sodomita”. Orfeo es ambivalente sexualmente. La tradición oficial conoce y presenta su historia heterosexual, su amor por Eurídice , pero Orfeo es también el fundador mítico de la pederastia.

Amado Nervo: El diamante de la inquietud (Universidad Nacional Autónoma de México, 2003)



29 Φεβρουαρίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (στ')


Zetes y Cálais , hijos del viento Aquilón y de Oritia, hija de Erecteo. Cuentan que éstos tenían alas en la cabeza y los pies, cabellos de color azul celeste, y transitaban por los aires. Por la misma época en que iban a la Cólquida como compañeros de Jasón , apartaron de Fineo, hijo de Agénor, alas tres aves Harpías, hijas de Taumante y de Ozómene: Aélopo, Celeno y Ocípete, que vivían en el mar Egeoen las islas Estrófades, llamadas ahora Plotas. Se dice que tenían cabeza de gallina , plumas, alas y pecho y vientre de mujer. Por su parte, Zetes y Cálais resultaron muertos por las flechas de Hércules y las piedras de sus túmulos se mueven cada vez que sopla su padre. Se dice que eran de Tracia.

Higino: Fábulas mitológicas (Alianza, 2009)
Trad.: Francisco Miguel del Rincón Sánchez



[…] Zetes y Calais navegaron en compañía de Jasón y dieron muerte a las Harpías, pero según dice Acusilao, perecieron a manos de Heracles* cerca de Tenos.

Apolodoro: Biblioteca mitológica (Alianza, 1993)
Trad.: Julia García Moreno

*Según Apolonio, Argon, Heracles los mató por haber persuadido éstos a los Argonautas para que lo abandonaran en Misia cuando él busacaba a Hilas.



[…] Sin duda hubiera vuelto atrás de nuevo a la tierra de los misios, forzando la distancia y el soplo incesante del viento, si no hubieran detenido al Eacida los dos hijos del tracio Bóreas, con duras palabras. ¡Infelices! Sí que tuvieron más tarde un odioso castigo bajo las manos de Heracles, al que impidieron buscar. Pues al regresar de los juegos por la muerte de Pelias, en Tenos, rodeada por el mar, aquél los mató. Y amontonó la tierra en torno de ellos y dejó encima dos estelas, de las que una, prodigio divino a la vista de los hombres, se bambolea bajo el soplo de Bóreasresonante. En fin, esto iba a cumplirse con el tiempo.

Apolonio de Rodas: El viaje de los Argonautas (Alianza, 1987)
Trad.: Carlos García Gual

20 Φεβρουαρίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (ε')

Apenas apuntaba en el cielo la Aurora portadora de luz, cuando, mientras soplaba el Céfiro raudo, (los argonautas) ascendieron desde la orilla a sus bancos de remeros. Izaron del fondo las piedras de anclaje muy animados; recogieron todos los arreos según lo usual, y desplegando la vela la anudaron a las correas del mástil. Un firme viento empujaba la nave. Pronto avizoraron la hermosa isla Antemoesa, donde las sirenas de voz clara, hijas de Aqueloo, asaltan con el hechizo de sus dulces cantos a cualquiera que allí se aproxime. Las dio a luz, de su amoroso encuentro con Aqueloo, la bella Terpsícore,
Una de las musas, y en otros tiempos, cantando en coro, festejaban a la gloriosa hija de Deméter, cuando aún era virgen.
Pero ahora eran en su aspecto semejantes en una mitad a los pájaros y en parte a muchachas, y siempre estaban en acecho desde su atalaya de buen puerto. ¡Cuán a menudo arrebataron a muchos el dulce regreso al hogar, haciéndolos perecer.
A punto estuvieron allí de lanzar las amarras de su nave sobre aquellas riberas, de no ser por el hijo de Eagro, Orfeo el tracio. Tomó él en sus manos su lira bistonia, e hizo sonar la rápida melodía de un canto de marcha ligera, para que los oídos que escuchaban zumbaran bajo el son de sus cuerdas. Y la lira dominó la voz de las doncellas. Aun tiempo el Céfiro y una ola resonante que se precipitó sobre la popa los apartaron, y las sirenas lanzaron lejos su voz ya indiscernible. Pero aun así, hubo uno de los héroes, Butes, que entre sus compañeros se precipitó presuroso desde su pulido banco al mar, enardecido en su ánimo por la clara voz de las sirenas, y nadaba entre las ondas purpúreas, para alcanzar la orilla, ¡el desgraciado! ¡Cuán pronto allí le hubieran arrebatado el regreso! Pero se compadeció de él la soberana del monte Erix, la diosa Cipris, y cuando todavía estaba entre los torbellinos del mar, lo recogió y lo puso a salvo, ofreciéndole su benevolencia para que habitara el monte Lilibeo.devorados! Sin reparos, también para los Argonautas dejaron fluir de sus bocas el canto armonioso.
Los demás, conteniéndose con pena, las habían dejado atrás, pero aún en aquellos estrechos del mar les aguardaban otros peligros mortales para las naves.

Apolonio de Rodas: El viaje de los Argonautas (Alianza, 1987)
Trad.: Carlos García Gual

10 Φεβρουαρίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (δ')

Entonces, Orfeo, levantando la cítara con su mano izquierda, empezaba a cantar.
Cantaba cómo la tierra y el cielo y el mar al principio estaban trabados unos con otros en una única forma, y por una terrible discordia se separaron cada uno por un lado. Y cómo un firme destino mantiene en el éter las estrellas y los cursos del sol y de la luna. Y cómo habían surgido los montes y cómo los ríos, que resuenan con sus ninfas propias, y cómo todos los animales llegaron a ser. Cantaba cómo al principio Ofión y la oceánide Eurínome habitaban la cumbre del nevado Olimpo; y cómo por la violencia y sus presiones el uno cedió su cargo a Cronos, ella a Rea, y se precipitaron en las olas del Océano. Ellos entonces señoreaban a los felices dioses titánicos, mientras Zeus aún niño, y ocupado en pensamientos infantiles, habitaba en el interior de la cueva Dictea, y los cíclopes nacidos de la tierra aún no le habían hecho dueño del rayo, del trueno y del relámpago. Ahora son manifestaciones de la glorias de Zeus.
Después de haberlo cantado, detuvo el son de la lira y su divina voz. Ellos, cuando cesó de pronto, aún reclinaban sus cabezas todos por igual con los oídos atentos, apaciguados por su encanto! ¡Tan gran hechizo había prendido la canción en ellos! No mucho después, tras de hacer las mezclas para las libaciones a Zeus, según el rito, puestos en pie las derramaban sobre las lenguas del fuego, y a través de la niebla buscaban el sueño.

Apolonio de Rodas: El viaje de los Argonautas (Alianza, 1987)
Trad.: Carlos García Gual

Allí junto a la costa (de Bosforo) tenía su morada el Agenórida Fineo, que había sufrido las penas más terribles de todas a causa de su arte adivinatoria, la que le había ofrendando antes el hijo de Leto. Pero no había respetado el sagrado pensamiento del propio Zeus, al vaticinarlo con claridad a los hombres. Por ello precisamente el dios le había echado encima una larga vejez, y le arrebató la dulce luz de los ojos, y no le dejaba gozar de los infinitos alimentos que siempre le traían a su casa los vecinos, que de continuo acudían a escuchar sus profecías. Sino que de improviso lanzábanse desde las nubes las Harpías y con sus garras se los arrebataban de su boca y de sus manos una y otra vez. Unas veces no le dejaban nada de comida, y otras un poco, para que viviera lamentándose. Y echaban encima un olor nauseabundo. Nadie soportaba no ya el llevarle los alimentos a su boca, ni siquiera asistir presente desde lejos. ¡Tan grande era la peste que exhalaban los restos de la comida!
[…]les entró a los héroes una profunda compasión por él, y especialmente a los dos hijos de Bóreas. […]ellos dos se animaron a protegerle. Pronto los criados hubieron preparado la comida al anciano, última presa de las Harpías. Cercase colocaron los dos para alcanzarlas con sus espadas, en cuanto se presentaran. Y apenas el anciano había tocado el alimento, cuando como crueles tempestades o como rayos, de improviso surgidas de las nubes se lanzaron con estrépito ansiosas de su comida. Al verlas en medio, los héroes gritaron, y ellas, entre el vocerío, lo devoraron todo y pronto se hallaban volando, muy lejos sobre el mar, mientras allí habían dejado un hedor insoportable. A su vez en pos de ellas los dos hijos de Bóreas con sus espadas en las manos corrían por igual. Pues Zeus les había infundido un coraje incansable. Decididamente no las seguían sin el apoyo de Zeus, ya que soplaban vientos del oeste siempre, tanto al salir de casa de Fineo como al volver. Como lo perros adiestrados en la caza corren tras el rastro de cornudas cabras y de corzos, y en toda el ansia de la persecución hacen rechinar los dientes en sus mandíbulas en el vacío, rozando la presa, así Zetes y Calais, muy presurosos, las alcanzaban casi con las puntas de sus manos.
Y pronto despedazando a las Harpías sin el permiso de los dioses, al alcanzarlas muy lejos, junto a las islas, si no los hubiera visto la veloz Iris, y hubiera saltado desde lo alto del cielo por el éter y los hubiera detenido diciéndoles esto:
“No es lícito, hijos de Bóreas, que golpeáis con las espadas a las Harpías, las perras del gran Zeus. Yo os prestaré juramento de que no atormentarán ni atacarán más a Fineo”.
Tras decir esto, juró por el agua de la Estigia, que es muy temida y venerada por todos los dioses, que aquellas ya no acercarán de nuevo a la morada de Fineo, ya que así lo disponía el destino.

Apolonio de Rodas: El viaje de los Argonautas (Alianza, 1987)
Trad.: Carlos García Gual

Asamblea de los Argonautas
Jasón, Zetes y Calais
Zetes y Calais rescatan a Fineo de las garras de las Harpías
Bernard Picart: Zetes y Calais rescatan a Fineo de las Harpías

30 Ιανουαρίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (γ')


Pero ahora quisiera yo relatar el linaje y nombre de los héroes, sus andanzas por el largo mar, y todo lo que hicieron en su marcha errabunda ¡Ojalá que las musas sean apuntadoras de mi canto ¡
En primer lugar mencionemos a Orfeo, al que es fama que engendró en tiempos la propia Calíope junto a la atalaya de Pimplea, después de haberse acostado con el tracio Eagro. De Orfeo cuentan que al son de sus cantos hechizaba las inconmovibles peñas de los montes y las corrientes de los ríos. Como testimonios de aquel canto, los robles agrestes que verdean sobre la ribera de la zona de Tracia, aún uno tras otro se mantienen en hilera, incontables, los árboles que encantados por su lira atrajo él desde Pieria. Tal era Orfeo, a quien el Esónida, persuadido por los consejos de Quirón, aceptó como compañero de sus empresas. Era soberano de la Pieria Bistónide. […]


También Zetes y Calais, los hijos de Bóreas, acudieron. Los había dado a luz antaño en sus amores con Bóreas Oritía, la hija de Erecteo, en lo más remoto de ña gélida Tracia. Hasta allí la había llevado en tracio Bóreas desde su rapto en la Cecropia Ática, cuando ella danzaba su baile ante el río Iliso. Y después de llevársela tan lejos, al lugar que llaman la roca Sarpedonia, junto a las corrientes del río Ergino, la sometió a su deseo cubriéndola con negras nubes. Sus dos hijos podían remontarse por los aires agitando a ambos lados de sus tobillos unas alas oscuras, con brillantes destellos dorados. ¡ Qué gran prodigio el contemplarlo! Y a su espalda desde la cima de su cabeza y sobre su cuello sus negras cabelleras agitábanse, a un lado y a otro, a los soplos del viento.

Apolonio de Rodas: El viaje de los Argonautas (Alianza, 1987)
Trad.: Carlos García Gual

John Macallan Swan: Orfeo
Orfeo como Argonauta
George de Forest Bush: Orfeo

20 Ιανουαρίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (β)


LA HOMOSEXUALIDAD ENTRE LOS MORTALES 2 - ORFEO Y CALAIS (b)

En este poeta (Fanocles) parece inspirarse cuando Ovidio dice que Orfeo fue el primero que promovió en Tracia la pederastia. Ovidio sí intenta hacer compatible este amor homosexual de Orfeo con el de Eurídice: habría tenido lugar después de apartarse de las mujeres tras la muerte de su esposa. Es por ello comprensible que Ovidio no mencione a Calais como su amado, ya que la aventura de los Argonautas es anterior a la muerte de Eurídice y no tendría sentido introducirlo mucho después de acabado el viaje.
Seguramente se basaron en Ovidio autores posteriores: según Higino, “algunos dicen” que fue el primero en introducir la pederastia (omite el detalle “en Tracia”), lo que ofendió las mujeres hasta el punto de matarle; Filargirio, comentarista de Virgilio, asegura que después de la muerte de Eurídice Orfeo aborreció a las mujeres y trasladó su afecto a los muchachos, por lo que fue desplazado.

Marco Antonio Santamaría Álvarez: La muerte de Orfeo y la cabeza profética
en
Alberto Bernabé y Francesc Casadesús (coord.): Orfeo y la tradición órfica. Un reencuentro I (Akal, 2008)

Alessandro Varotari, Il Padovanino (Italia, 1588 - 1648): Orfeo
Louis Bouquet (Francia, 1885–1952): La muerte de Orfeo
Émile Jean Baptiste Philippe Bin (Francia, 1825–1897): La muerte de Orfeo

10 Ιανουαρίου 2012

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΜΕΤΑΞΥ ΤΩΝ ΘΝΗΤΩΝ 2 - ΟΡΦΕΑΣ ΚΑΙ ΚΑΛΑΪΣ (α)

Orfeo y los Argonautas, 450 a.C.
Orfeo entre los Tracios, 440 a.C.
La muerte de Orfeo, 470 a.C.


LA HOMOSEXUALIDAD ENTRE LOS MORTALES 2 - ORFEO Y CALAIS (a)

El primer autor que habla del amor de Orfeo por los muchachos es Fanocles, quien da el nombre del amado de Orfeo: Calais, hijo de Bóreas, uno de los participantes en el viaje de los Argonautas. Orfeo sufre por el amor de Calais, lo que parece indicar que no logra conseguirlo. Las tracias (bistónides) le cortaron la cabeza a Orfeo con espadas (no alude al desmembramiento) por haber sido el primero e introducir en Tracia el amor masculino y no alabado el femenino. Como castigo por el crimen, los tracios han tatuado a sus mujeres de generación en generación.
Ni en las fuentes antiguas sobre el mito ni las Argonáuticas de Apolonio hay mención alguna de esta relación amorosa, por lo que es muy probable que sea una invención de Fanocles, que escogió un personaje ilustre, como el tracio, para el catálogo de amores homosexuales e que consistía su obra, Los amores o Los bellos, de la que procede el fragmento*. Fanocles no intenta armonizar este amor con el de su esposa, a la que ni siquiera menciona. Que Orfeo esté enamorado de Calais, que rechace a las mujeres y que éstas se indignan hasta el punto de matarlo indica que es una historia postclásica, ya que en época clásica el amor heterosexual y el homosexual no son incompatibles en la misma persona y al mismo tiempo. A partir de la historia de Orfeo, Fanocles efectúa tres explicaciones etiológicas, muy de gusto de los poetas helenísticos: la pederastia en Tracia, la preeminencia lírica de Lesbos y la costumbre de los tracios de tatuar a las mujeres.

Marco Antonio Santamaría Álvarez: La muerte de Orfeo y la cabeza profética
en
Alberto Bernabé y Francesc Casadesús (coord.): Orfeo y la tradición órfica. Un reencuentro I (Akal, 2008)

*Quizá escogió a Calais porque su nombre recuerda a καλός, “hermoso”, un adjetivo típicamente pederástico. Ha pasado inadvertido el dato de que Orfeo y Calais procedías de la misma región: Zetes y Calais habitaban a los pies del monte Pangeo, desde donde acudieron a la llamada de Jasón y donde Esquilo situaba a Orfeo. Fanocles pudo haber tomado como modelo la relación de Heracles e Hilas, también fallida, en el viaje de los Argonautas. Marcovich es de los pocos que considera anteriores a Fanocles las historias de las relaciones de Orfeo con muchachos, vinculadas a las leyendas del viaje de los Argonautas.

Franz von Stück: Orfeo
Albrect Dürer: La muerte de Orfeo
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