14 Φεβρουαρίου 2011

ΑΧΙΛΛΕΑΣ ΚΑΙ ΠΑΤΡΟΚΛΟΣ 1

Jean Auguste Dominique Ingres (1801): Aquiles recibiendo los embajadores de Agamenón
Aquiles, llevado por la ira, abandona la guerra. Agamenón envía unos embajadores (Fénix, Ayante y Ulises) para convencerlo de que vuelva. Aquiles está sentado. A su lado, de pie, está Patroclo. Fénix es el anciano; Ayante, el guerrero fornido; y Ulises el de la túnica roja
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Homero describe en la Ilíada amistades masculinas de intensidad afectiva tan fuerte para hacer pensar inevitablemente en lazos muy distintos de una simple solidaridad entre compañeros de armas: y la amistad que en este punto es casi obligado citar es la existente entre Aquiles y Patroclo. Una relación tan fuerte como para hacer que Aquiles, tras la muerte de Patroclo, declare tener un solo objetivo en la vida: tras haber vengado a su amigo, yacer con él en la misma fosa, para siempre, unido a él en la muerte como lo estaba en la vida. Una relación, entonces, bastante diferente de la que Aquiles había tenido con Briseida, la esclava-concubina que Agamenón le había arrebatado cuando se había visto privado de su esclava Criseida. Las esclavas eran compañeras intercambiables, como demuestra el gesto de Agamenón, que se consuela inmediatamente, sustituyéndola por otra, de la pérdida de Criseida. El lazo de Aquiles con Patroclo, por el contrario, era insustituible: y no es poco significativo, a este propósito, el discurso de Tetis, la madre de héroe, dirigido al hijo desesperado e inconsolable: Aquiles, dice Tetis, debe continbuar viviendo, y olvidando Patroclo, debe tomar esposa, «como debe ser».

Eva Cantarella: Según natura. La bisexualidad en el mundo antiguo (Akal, 1991)

Se puede leer también:

Los griegos transportan el cadáver de Patroclo despojado de las armas
Atenea defiende a Aquiles frente a Héctor, apoyado por Apolo

7 Φεβρουαρίου 2011

ΠΕΡΙ ΟΝΟΜΑΣΙΑΣ ΗΛΙΚΙΩΝ

El interés que los griegos tenían por la terminología de la edad y la importancia que le atribuían resultan claros apenas se hace un recorrido por las obras dedicadas al asunto por los gramáticos y lexicógrafos alejandrinos, y más especialmente el tratado Peri onomasias helikion de Aristófanes de Bizancio.
La relación de términos a los que pasa revista Aristófanes es larga y minuciosa, sobre todo a lo que se refiere a los términos que indican las edades menores.
Brefos, escribe Aristófanes, es el recién nacido. Paidion es el niño que se alimenta de leche materna. Presumiblemente, entonces, el niño hasta los dos, tres o cuatro años, cuando comienza a andar es llamado paidarion. Paidiskos es el niño de edad inmediatamente siguiente, cuando deja de ser tal para ser llamado país, cuando va a la escuela (seis-siete años entonces). Sucesivamente es pallax, boupais, antipais, mellefebos, y por fin, a los dieciocho años, efebos. Las edades siguientes están indicadas por los términos meirakion (o meirax), y después neaniskos, neanias, aner mesos, probebekos, (como tal, llamado también omogeron), presbutes, y finalmente eschatogeras (viejo decrépito).
(…) En la Grecia clásica el logro de la edad adulta comportaba un cambio del papel sexual: de la pasividad a la actividad (…)
Sin embargo, podía suceder que un menor, si bien próximo a los dieciocho años, estuviese tentado de asumir un papel activo con los paides de menor edad: en el Banquete de Jenofonte –por limitarnos a un ejemplo- sabemos de Critóbulo, que «si bien era todavía un erómenos, deseaba ya a otros jóvenes» o podía suceder que, incluso después de los dieciocho años, un muchacho siguiese siendo compañero pasivo de un relación homosexual.

Eva Cantarella: Según natura. La bisexualidad en el mundo antiguo (Akal)

24 Ιανουαρίου 2011

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 7

En la cerámica pintada las escenas de sexo entre hombres que predominan son las que involucran a un hombre de más edad con un muchacho apenas púber. Lo que dan a entender es que los adolescentes se sometían primero al sexo con un varón adulto, y que luego, cuando eran mayores, hacían lo mismo con otros muchachos. Sin embargo, es muy probable que la homosexualidad entre chicos de la misma edad fuera también frecuente.

Robin Lane Fox: El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma (Crítica, 2007)

17 Ιανουαρίου 2011

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 6

Las relaciones amorosas entre ciudadanos son aún más difíciles de determinar. El vínculo que unía el joven admirado (erómenos) con sus frecuentemente múltiples admiradores (erastaí) podía ser muy laxo, y mostrarse en la insistencia, los poemas o las miradas. En La república de los lacedemonios (II, 13-14), Jenofonte insiste en que, en Esparta, las relaciones entre unos y otros, eran tan inocentes como las de padres e hijos aunque reconoce que sus contemporáneos lo consideraban casi increíble. Aparte de su mayor o menor veracidad, su testimonio demuestra que había quien concebía el trato “erótico” aparte del sexual, y que, para algunos, el sexo entre hombres era una cuestión controvertida.
Uno de los lugares de contacto más corrientes era el gimnasio, y en él transcurren algunos de los diálogos de Platón. En Lisis, Sócrates acude a admirar el entrenamiento de los jóvenes junto con un ruboroso pretendiente de Lisis. En Cármides, de regreso de un viaje, se invita a Sócrates a contemplar el florecimiento repentino de Cármides en su ausencia; cuando este entra en la sala, seguido por una rastra de admiradores, Sócrates es uno más de los que resultan cautivados por su belleza. La cuestión se trata de naturalidad; Sócrates pensaba que Lisis debía ser muy joven, pues no había oído hablar de él, y la transformación de Cármides da pie a muchos comentarios. Además de las posibles referencias a la venta de ese florecimiento, ello implica que la edad más valorada era la hebe. Los griegos siempre se refirieron a las relaciones eróticas entre hombres como paiderastía, pero las fuentes ofrecen pocos datos que avalen una posible aceptación (y menos todavía la institucionalización) del sexo con impúberes. Ocurre, más bien, que el termino país (niño, chico) o incluso paidíon (niño pequeño) eran intercambiables con otros como neaniscos (joven) o meirákion (adolescente o hombre joven) para referirse a la misma persona (así ocurre en el tercer discurso de Lisias, por ejemplo). Además, las familias acomodadas dejaban a los niños al cuidado de esclavos, los paidagogoí, y las leyes impedías el acceso de aquellos a los centros de entrenamiento.
Sócrates lamentaba que los chicos prefirieran el trato de los admiradores más jóvenes, y el hecho de que Timarco hubiera sido visto con hombres mayores que él ayudaba a acreditar las acusaciones de prostitución que le dirigiera Esquines. La conducta frívola –como la facilidad excesiva, por la cual los regalos parecían pagos, o el trato con demasiados hombres diferentes- era considerada reprobable, y el hombre queque intentaba cautivar abiertamente se aventuraba a ser reputado de kínaidos, el equivalente homosexual de moikhós (el engalanado seductor de mujeres). La prostitución tenía connotaciones políticas, y era una metáfora común para la corrupción; un político ateniense condenado por prostitución podía perder todos los derechos de ciudadanía (de hecho, las referencias a la homosexualidad en Atenas suelen darse en contextos políticos). El comportamiento recto y el censurable estaban separados por una línea muy fina, y Platón pareció llegar a la conclusión de que el deseo y las relaciones de corte homosexual acarreaban riesgos innecesarios para la autonomía personal, moral o política, por lo cual era preferible estigmatizarlos.
En los gimnasios de Grecia se encuentran, mano con mano, dos de los rasgos más distintivos de su cultura: el desnudo masculino y el amor griego. Lo hermosos (kalós) se designaba con la misma palabra que lo “noble” o lo “estimable” , y la condición física de un joven en la hebe ocupa un lugar central en el imaginario y la imaginación de Grecia. Toda esa insistencia ideológica en la constitución física y su representación , ¿”homerotizaba” la cultura griega, o acaso el deseo estaba sumergido en un mar de significados (diferentes)?

James Davidson: La vida privada. La sexualidad
en Robin Osborne: la Grecia clásica (Crítica, 2002)


10 Ιανουαρίου 2011

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 5

Cuando se habla de la homosexualidad griega, normalmente oscilamos entre varios extremos: algunos niegan dicho fenómeno, considerando que el «pecado dorio» era algo restringido a ciertos círculos; otros lo subliman en un hermoso acto de admiración platónica sin sexo; otros, por el contrario, cantan las loas del paraíso del amor libre que fue Grecia.
Todos se equivocan.
En 1978, Kenneth James Dover publicó la primera versión de Homosexualidad griega, un tratado completo, científico, erudito y transgresor, sin juicios morales positivos ni negativos. Pronto vió la luz, el mismo año, la primera traducción francesa con un delicioso prólogo de Michel Foucault. En 1982, la traducción francesa se vio enriquecida con nuevas aportaciones del autor, algunas de las cuales se incluyeron en la segunda edición inglesa de 1989, base del texto español.
Publicado en España en 2008, con un considerable retraso, el libro de Dover es excepcional en muchos sentidos. En primer lugar porque constituye un tratado académico intachable, que recoge cientos de testimonios procedentes de la cultura material (pinturas vasculares, grafitos), del ámbito jurídico (procesos judiciales, en especial el de Timarco) y del mundo literario (desde Aristófanes a Platón). En segundo lugar, por tratar el tema desde un frío y calculado amoralismo, tan alejado de los escrúpulos neovictorianos como de la candidez romantiforme de algunos ambientes. En tercero, por dejar patente lo que muchos deberían haber descubierto de no llevar puestas las anteojeras del prejuicio.
Aunque cualquier simplificación es una invitación al error, no podemos hacer una reseña de trescientas páginas, así es que me perdonaréis si extracto algunas de las tesis (no exclusivas de Dover, pero sí reforzadas en este texto).
1) La verdadera homosexualidad, entendida como el deseo entre adultos libres, existía en Grecia en la misma proporción que en cualquier otra época, ni más ni menos, pero no constituye el grueso de las relaciones ni el prototipo griego. Alcibíades es Alcibíades, no Grecia.
2) Existe una «pseudohomosexualidad» en la que se sustituye un objeto de deseo preferido (mujer) por otro de segunda elección pero más accesible (muchacho). Este fenómeno está perfectamente constatado en publicaciones médicas y psicológicas, pero es menos aceptado en el campo de las humanidades. En el caso de Grecia, la separación de los sexos fue un elemento decisivo: las mujeres decentes, en casa y con la pata quebrada, eran inaccesibles. El hombre podía tener relaciones con esclavas o prostitutas, pero perdía la emoción del juego de cortejo y seducción.
3) Existe otra pseudohomosexualidad en la que el valor principal es el de dominación. Se puede encular a un esclavo o una mujer sin que ello sea reprobable.
4) Se puede tener una relación con otro hombre sin que sea reprobable para el insertor. Por el contrario, es causa de oprobio para el receptor. Sólo uno de los dos elementos es juzgado con severidad. Esta doble moral establece reglas distintas para el activo y para el pasivo. El papel del primero es cazar, y el del segundo eludir la caza, y se juzga a cada uno según su éxito relativo en su papel. Dover compara la situación del erastés y el erómenos en Grecia con la del caballero y la damisela en los juegos de seducción ingleses de los años treinta. También da a entender que la sociedad considera como algo normal esa doble moral: el padre actual que se enorgullece de los éxitos de su hijo varón pero ata corto a su hija no es distinto del padre griego que veía con buenos ojos a su hijo de veintitantos perseguir al hijo del vecino, pero no al vecino de veintitantos perseguir a su hijo pequeño.
5) La relación del erastés y el erómenos tiene unas reglas cuyo cumplimiento define si es de buen o de mal gusto. Entre otras (non solus sed etiam), saber contenerse es virtuoso y dejarse arrastrar por la pasión es deshonroso.
6) La relación del erastés y el erómenos es vista en su época como algo natural, sin implicar ninguna orientación sexual futura.
7) Hay una etapa en la que el papel de erómenos es aceptable (12-18 años), no siendo correcto pasada esa edad.
Estas tesis, entre otras, se exponen de forma clara, sólidamente documentada, carente de moralinas, con una prosa ágil y bella, aunando el placer de la erudición y una típicamente británica ironía. El camino seguido en la demostración es fácil de seguir y ameno. Los amantes de Grecia se encontrarán en su salsa, tanto si se trata de lectores cultos como de otros menos iniciados. En definitiva, un libro muy recomendable tanto para aprender como para liberarse de clichés. O para pasar el rato, que también es algo loable.

(hislibris.com)


Entre los muchos libros que existen sobre la homosexualidad (básicamente masculina) en la Grecia clásica y helenística, el presente manual del británico K. J. Dover -nacido en 1920 y profesor en Oxford- se hizo un muy destacado lugar tras su edición primera en 1978 -hay otras posteriores, aumentadas, de las que procede nuestra traducción- precisamente por su método, que consiste en analizar los testimonios directos y fidedignos que de ese mundo nos han llegado, desde la literatura a las figuras (por lo general algo anteriores) en cerámicas vasculares…
Partiendo de lo inmediato, casi diríamos de lo palpable, Dover hace un libro claramente erudito, pleno de citas y referencias, pero al tiempo ameno y sabio por la manera clara y nada pudibunda que posee al encarar el tema, que fue tan “espinoso” para muchos filólogos clásicos, sobre todo del siglo XIX. Además de las pinturas en ánforas y vasos, Dover parte de cuatro cuerpos textuales básicos: El discurso de Esquines “Contra Timarco” (que se había prostituido, siendo un ciudadano activo en la Asamblea de Atenas), la lírica arcaica y el llamado “libro II” de los poemas de Teognis de Mégara, dirigidos a Cirno. Los “Diálogos” platónicos, en especial los más tempranos (de “Lisis” a “El banquete”) y los epigramas helenísticos tal como se recogen, por vez primera, en la famosa “Corona” de Meleagro -de hacia el 100 a.C.- y que abundarían más en época romana. Con tanto y tan poco (muy analizado y cotejado con piezas secundarias, como las de Jenofonte, al respecto) Dover puede llegar a múltiples y detalladas conclusiones, que todavía sorprenderán a algún lector -aunque el tema salió hace tiempo de los “infiernos” al que otros querrían gustosos devolverlo- que asume el actual y equivocado sentido de la voz “pederasta”, tan distinto (sobre todo en violencia y edad) al uso griego.
La homosexualidad masculina fue muy natural en la Grecia clásica -y más vital incluso en la helenística, menos codificada- aunque había maneras y modos que variaban de ciudad en ciudad. Si Esquines ataca a Timarco (al que defenderá un más joven Demóstenes) no es porque se haya prostituido y menos por gustar de las relaciones homosexuales, lo ataca porque estaba prohibida la prostitución a ciudadanos con cargos o participación en la vida pública. En Atenas se prostituían (y estaban censados) ciudadanos sin particular significación y sobre todo extranjeros. Poco misterio.
Gimnasios y palestras (lugares de educación, desnudez, juventud y ejercicio) se llenaban de muchachitos guapos (”erómenos”, amados) solícita y a veces tenazmente perseguidos por los “erastés” o amantes, más mayores. Si se veía “buena intención” en el erasta, el problema se dirimía en una cacería amorosa (de ahí los símiles venatorios, a los que los griegos eran tan aficionados) sin que, como es natural, sepamos siempre donde terminaba el camino, o hasta donde llegaban las dádivas de amantes y amados. Por supuesto podía tratarse, a veces, de meros amores mentales, cariñosos y pedagógicos, pero otras muchas veces todo culminaba en la realización sexual (coito anal o intercrural) en el que el joven era inicialmente pasivo y el mayor activo, claro que si la relación continuaba podían volverse las tornas, del modo mismo que al hacerse mayor -una vez dejado de ser joven, “neanías”- el antiguo pasivo se volvería activo con otro “paidiká” o muchacho. La diferencia de edad y rol eran muy importantes para el funcionamiento normal de la homosexualidad griega, entendiéndose como una suerte de “vicio” (tolerado) la unión entre adultos o de similar edad, a no ser -cosa poco frecuente- entre jóvenes. El cortejo o las relaciones (que podían tardar) comprendían, en la edad del menor, desde su nubilidad hasta los 20 o 21 años. Luego ya eran hombres. El tan habitual término “efebo” aludía casi exclusivamente al chico de 19 años. Los antiguos acudieron a más jovencitos, en la época helenística parece ser más apreciada la efebía…
El libro está plagado de interesantes ejemplos, matices y reproducciones cerámicas, que (con distingos y cautelas) enseñan como natural lo que para los griegos fue natural. ¿No eran modelo de amor, Harmodio y Aristogitón, los venerados tiranicidas, que libraron a Atenas de ese absolutismo? Alguno se podrá preguntar qué ocurría con los feos, pues todo está lleno de “hermosos”, pero es que la cultura griega clásica -y algo ha heredado nuestro hoy publicitario- perteneció rabiosamente al elitismo.

(luisantoniodevillena.es)

25 Δεκεμβρίου 2010

ΚΑΛΑ ΧΡΙΣΤΟΥΓΕΝΝΑ!

Yanis Tsarujis (Grecia)

¡FELIZ NAVIDAD!


23 Δεκεμβρίου 2010

ΕΡΩΤΕΥΜΕΝΟΣ ΜΕ ΤΟΝ ΔΑΦΝΙ

Jean Léon Gerôme (Francia): Dafnis
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Gnatón, que pensaba que su vida no merecía la pena de vivirse si no conseguía a Dafnis, tras acechar a Ástilo, que paseaba por el parque, lo llevó hasta el templo de Dioniso y se puso a besarle pies y manos. A su pregunta de por qué hacía esto y su exigencia de que hablara y su juramento de que le prestara su ayuda:
- Te quedas –le replicó- sin Gnatón, mi amo. Yo que hasta ahora ponía mis amores en tu mesa únicamente, que antes juraba que nada hay más atractivo que un vino añejo, que decía que a los mocitos de Mitilene eran preferibles tus cocineros, creo desde ahora que la única hermosura es la de Dafnis. Y no pruebo bocado de los platos más costosos, aun siendo tantos los que se aderezan cada día, de carnes, de pescados o de dulces, pero, gustosamente mudado en cabra, comería hierbas y hojas al son de la siringa de Dafnis y por él apacentado. ¡Tú, salva a tu Gnatón y triunfa sobre el invencible Amor! Y si no, te lo juro por mi propio dios, cogeré un puñal y, con la barriga repleta de comida, me mataré ante la puerta de Dafnis. Y tú ya no me llamarás a Gnatoncito, como sueles siempre hacer de broma.
El joven, que tenía un gran corazón y no desconocía las penas amorosas, no pudo resistir que siguiese llorando y volviera a besarle los pies. Le prometió pedirle a Dafnis a su padre y llevarlo a la ciudad a su servicio y al de los amores de Gnatón. Y, asimismo, con el deseo de animarlo le preguntó sonriente si no avergonzaba de querer al hijo de Lamón, sino que hasta se empeñaba en acostarse con un muchacho que andaba apacentado. Y al mismo tiempo hacía gestos simulando repugnancia al olor a chotuno. Pero él, que se sabía de memoria todos los mitos amorosos de tanto andar en juergas con otros calaveras, con bastante tono acertó a responder en su propia defensa y en la de Dafnis:
- Ningún enamorado está pendiente, amo, de esos detalles, sino que, sea cual sea el cuerpo en que se encuentra la belleza, es ya su prisionero. Ésa es la razón de que alguno, incluso, se haya prendado de una planta, de un río o de una fiera. Y, sin embargo, ¿a quién no inspiraría lástima un amante al que su amado ha de infundir espanto? Yo amo un cuerpo de siervo, pero una hermosura propia de un ser libre. ¿Ves cómo su pelo se asemeja al Jacinto y bajo las cejas relucen sus ojos igual que, engastada en oro, una piedra preciosa? ¿Y su rostro cubierto de rubor y su boca con una dentadura blanca como el marfil? ¿Qué enamorado no desearía recibir de ella blancos besos? Si me he prendado de un zagal, he tomado por modelos a los dioses: boyero era Anquises y Afrodita fue su amante; Branco apacentaba cabras y lo amó Apolo; pastor era Ganimedes y Zeus lo raptó. No desdeñemos a un muchacho al que vimos que hasta las cabras como enamoradas prestaban obediencia. Al contrario, por permitir que aún quede en la tierra tal belleza, demos gracias a las águilas de Zeus.
A Ástilo le hizo reír gratamente, sobre todo, esta parte del discurso y, comentando que Amor crea grandes sofistas, se puso a buscar una ocasión en que hablarle de Dafnis a su padre.

Longo: Dafnis y Cloe (Gredos, 1982)
Trad.: Máximo Brioso Sánches y Emilio Crespo Güemes

17 Δεκεμβρίου 2010

ΜΙΑ ΤΡΑΓΙΚΗ ΙΣΤΟΡΙΑ ΑΓΑΠΗΣ


- Larga es mi historia y contiene una gran tragedia.
Habrócomes le pidió que se la contara, prometiéndole narrarle también él la suya. Y él, comenzando desde el principio (pues estaban solos) le contó la historia de su vida.
Yo –le dijo- soy de una familia de Perinto (ciudad cercana a Tracia) de las más poderosas de allí. Sin duda has oído hablar de Perinto como famosa y se sus habitantes como felices.
Allí, cuando era joven, me enamoré de un muchacho bello. El muchacho era también de mi país y su nombre era Hiperantes. Me enamoré de él primeramente en el gimnasio, viéndole luchar vigorosamente, y no pude resistirle. Un día en que se celebraba la fiesta de la ciudad y la velada religiosa, me acerqué a Hiperantes y le supliqué que tuviera compasión de mí. Al oírme el muchacho me prometió todo, compadeciéndose de mí.
Y recorrimos las primeras etapas de del amor: besos, caricias y muchas lágrimas por mi parte y finalmente pudimos, escogiendo la ocasión oportuna, estar a solas uno con el otro, lo que no era sospechoso dada nuestra igual edad. Y tuvimos relaciones mucho tiempo, amándonos ambos extremadamente, hasta que un dios tuvo celos de nosotros.
Llegó un hombre de Bizancio (Bizancio está cerca de Perinto, de los más poderosos de allí, muy orgulloso por su riqueza y opulencia. Se llamaba Aristómaco. Éste nada más poner pie en Perinto, como si hubiese sido enviado contra mí por algún dios, vio a Hiperantes conmigo y al punto se sintió cautivado, lleno de admiración por la belleza del muchacho, que era capaz de atraerse a cualquiera.
Enamorado, no contuvo con moderación su amor, sino que primero se dedicó a enviar mensajes al muchacho, y como esto no le dio resultado (pues Hiperantres por amor a mí no dejaba que nadie se le acercase) convenció a su padre, hombre vil y esclavo del dinero. Y él le entregó a Hiperantes, pretextando que era para lo educase, pues decía que era maestro de oratoria. Y en cuanto lo tuvo en sus manos, primero lo tuvo encerrado y después de esto se marchó a Bizancio.
Yo los seguí, dando de lado todos mis asuntos y cuantas veces podía me unía al muchacho. Pero podía pocas y apenas obtuve algún raro beso y alguna conversación llena de dificultades; estaba vigilado por mucha gente. Finalmente, no pudiendo soportarlo más, excitándome a mí mismo volví a Perinto y, tras vender todas mis posesiones y reunir dinero, me fui a Bizancio y tomando un puñal (de acuerdo también en esto con Hiperantes) entré de noche en casa de Aristómaco y lo encontré acostado con el niño y, lleno de cólera, herí a Aristómaco mortalmente.
Como había tranquilidad y todos reposaban salí sin ser visto, llevándome también a Hiperantes, y después de caminar durante toda la noche hacia Perinto nos embarcamos nada más llegar y navegamos hacia Asia. Y hasta un cierto tiempo se desarrolló la travesía felizmente, pero a final, cuando estábamos junto a Lesbos, cayó sobre nosotros un fuerte vendaval y la nave volcó. Yo nadé con Hiperantes, sosteniéndole, y le hacía más ligero el esfuerzo de nadar. Pero al llegar la noche ya no pudo más el muchacho y abatido por la natación se murió.
Y yo no pude hacer más por él que poner a salvo su cuerpo en tierra y darle sepultura. Y después de derramar muchas lágrimas y lamentarme mucho y de coger algunas reliquias de él, pude conseguir una piedra adecuada y elevé una estela en la tumba, y escribí en recuerdo del desdichado muchacho un epigrama que compuse en aquel mismo momento:

Hipótoo te construyó este sepulcro, glorioso Hiperantes, tumba de muerte, no digna de tan buen ciudadano.
Al abismo desde la tierra bajaste, ilustre flor, al que una vez un dios
arrebató en el piélago, impetuosa soplando la tormenta.

De allí, no pensando volver a Perinto, me dirigí a través de Asia hacia la gran Frigia y Panfilia y allí, por la falta de medios de vida y el desánimo de mi desgracia, me entregué al bandidaje.

Jenofonte de Éfeso: Efesíacas (Gredos, 1979)
Tradu. : Julia Mendoza

11 Δεκεμβρίου 2010

Η ΟΥΣΙΑ ΤΗΣ ΑΠΟΛΑΥΣΗΣ

430 a.C., Staatliche Antikensammlung, Munich
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Pues sin duda los muchachos son menos complicados que las mujeres y su belleza más excitante para el placer [...]
Ignoras, Clitofonte –afirmó Menelao- , la esencia del placer. Ya que siempre es deseable lo que no sacia, puesto que aquello de lo que se disfruta demasiado tiempo, con la saciedad agosta su carácter placentero, mientras que lo que se nos sustrae conlleva siempre novedad y está más en sazón al no hacerse viejo su placer. La belleza, en la medida en que al pasar el tiempo disminuye, en la misma medida crece en cuanto al deseo. Precisamente por esto la rosa es la más linda entre las flores: porque su hermosura es tan efímera. Pues, a mi entender, entre los hombres se dan dos bellezas, una celestial y otra vulgar, igual que las diosas que rigen los coros de la belleza mortal y trata de escapar hacia el cielo prontamente, en tanto que la vulgar está caída aquí abajo y ronda todo el tiempo a los cuerpos. Y si se ha de recurrir a un poeta que dé fe de la ascensión de la belleza celestial, escucha lo que dice Homero:
Los dioses lo arrebataron hacia lo alto para ser copero de Zeus en razón de su hermosura, para que morase entre los inmortales.
En cambio, jamás ha escalado los cielos por su belleza mujer alguna (por más que Zeus también haya tenido relaciones con mujeres), sino que a Alcmena le tocan penas y destierro, a Dánae un arca y el mar, y Sémele fue pasto del fuego. Por el contrario, prendado Zeus de un mancebo frigio, le hace donación del cielo, para que viva con él y tenerlo de escanciador del néctar. Y la que antes le prestaba tal servicio se vio privada de ese honor, siendo el motivo, creo, que era una mujer.
[...] En una mujer todo es fingido, lo mismo las palabras que los gestos. Y, si parece hermosa, no hay en ella otra cosa que el ingenio diligente de los ungüentos: su belleza es la de sus perfumes o la del tinte de su pelo o hasta la de sus potingues. Pero, si la desnudas de esas muchas trampas, es como el grajo desplumado de la fábula. En cambio, la belleza de los muchachos no se riega con fragancias de perfumes ni con olores engañosos ni ajenos, y el sudor de los mocitos tiene mejor aroma que todos los ungüentos perfumados de las mujeres. Se puede, incluso en el momento que procede a la unión amorosa y en el propio gimnasio, encontrarse con uno y abrazarlo a la vista de todos, sin que tales abrazos tengan por qué dar vergüenza. Y no ablanda el contacto erótico con la morbidez se sus carnes, sino que los cuerpos se ofrecen mutua resistencia y pugnan por el placer. Sus besos no poseen la ciencia de las hembras ni menos embrujan con las trampas lascivas de sus labios. Un chico besa según sabe, y sus besos no nacen del artificio, sino de su propia naturaleza. A lo que más se parece el beso de mocito es a esto: sólo obtendrías besos semejantes si el néctar se hiciese sólido y tomara la forma de unos labios. No podrías saciarte de besarlo: cuanto más te llenas, aún sigues con sed de sus besos, y no sabrías apartar tu boca hasta que el deleite mismo no te hace escapar de ellos.
Aquiles Tacio: Leucipa y Clitofonte (Gredos, 1982)
Traducción: Máximo Brioso Sánchez y Emilio Crespo Güemes
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430 a.C, Museo de Arte Jack S. Blanton, Universidad de Texas, Austin

5 Δεκεμβρίου 2010

ΚΛΕΙΝΙΑΣ, Ο "ΣΚΛΑΒΟΣ" ΤΟΥ ΕΡΩΤΑ

510, a.C., Museo J. Paul Getty
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Tenía yo un primo, Clinias, un joven huérfano dos años mayor que yo, iniciado en los misterios del amor. Pero estaba enamorado de un muchacho, y hasta tal punto llegaba su pasión por él que, como hubiese comprado un caballo y el mocito lo elogiase al verlo, al punto se lo llevó como regalo. Por mi parte desde luego me burlaba de él continuamente por su dejadez, por dedicar su tiempo a solo sus amoríos y ser esclavo del deleite amoroso. (…)
En el momento mismo en que él hablaba entra Caricles (que era el nombre del muchacho), todo alborotado y exclamando:
-¡Clinias, estoy perdido!
Y Clinias se puso a gemir a la vez que él, como si su alma estuviese pendiente de la de aquél, y con voz temblorosa dijo:
-¡Me matarás si no hablas! ¿Qué es lo que te aflige? ¿Con quién hay que pelear?
Y Caricles contestó:
-Un casamiento, que me prepara mi padre, y un casamiento con una moza fea para que conviva con un doble desastre. Pues cosa dura es ya una mujer, aunque sea guapa. Si tiene la desgracia de ser fea, es doble el infortunio. Pero mi padre se empeña en la boda con los ojos puestos en su riqueza. Soy un desventurado al que cambian por su dinero, y así venderme en matrimonio.
Al oír esto, Clinias se puso lívido. Animó al muchacho a rechazar el matrimonio, mientras estaba pestes de la especie de las mujeres:
-¿Una boda –le decía- es el regalo que ya te hace tu padre? ¿Qué delito has cometido, que hasta te ponen grilletes? ¿No has oído las palabras de Zeus:
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Yo les daré a cambio del fuego una desgracia
con que todos se alegren el alma, adorando su mal.
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Ése es el placer que nos dan las mujeres, y es bien semejante al de la naturaleza de las Sirenas, pues también ellas asesinan con el deleite de su canto. Puedes comprender la gravedad del infortunio incluso por los preparativos mismos de la boda: el zumbido de las flautas, el batir de las puertas, el trasiego de las antorchas. A la vista de tamaño tumulto cabrá decir: infeliz el que vaya a casarse; a una guerra me parece que lo mandan. Aun si fueses lego en el campo de las Musa, no sabrías de los actos de las mujeres. Pero a otros les podrías contar con cuántos temas han llenado las mujeres dos escenarios: el collar de Erifila, la mesa de Filomela, la calumnia de Estenebea, el hurto de Aérope, el crimen de Procne. Agamenón desea la belleza de Criseida: provoca una plaga sobre los griegos; Aquiles desea la belleza de Briseida: se acarrea un pesar sobre sí mismo; tiene Candaules una guapa esposa: la esposa asesina a Candaules. Pues el fuego de las bodas de Helena prendió otro fuego para ruina de Troya. Y el desposorio con Penélope, la virtuosa, ¿a cuántos pretendientes perdió? Mató a Hipólito Fedra, por amor, pero a Agamenón, por no amarlo, Clitemnestra. ¡Mujeres, para todo osadas!: asesinan, si aman, asesinan si no aman. Debía ser asesinado Agamenón, el hermoso de hermosura celestial, ´de ojos y cabeza parejo de Zeus que en el rayo se deleita´. Y fue esa cabeza la que cortó, ¡oh Zeus!, una mujer. Y esto puede decirse de mujeres bellas, en cuyo caso precisamente la desgracia no llega al colmo, pues la belleza supone un cierto consuelo en los infortunios, y tal cosa es una bendición en medio de una suerte aciaga. Pero si ni siquiera es guapa, según dices, la desgracia se duplica. Y ¿cómo se podría sobrellevar, y además siendo tú un muchacho tan apuesto? ¡No, por los dioses, Caricles!, no te dejes aún esclavizar ni arruines la flor de tu mocedad antes de tiempo. Ya que, junto a lo demás, también el matrimonio supone este infortunio: que agosta la lozanía. ¡No!, te lo ruego, Caricles, no te me dejes marchitar. No le permitas a un fachoso campesino segar rosa tan linda.
Y Caricles replicó:
-Eso correrá a cargo de los dioses y de mí. Pues, además, hasta la fecha fijada para la boda queda un plazo de unos días y son muchas las cosas que pueden ocurrir incluso en una sola noche. Tendremos tiempo para pensarlo. Por el momento voy a montar a caballo, ya, que, desde que me regalaste ese precioso corcel, no he disfrutado aún de tu regalo. El ejercicio aliviará las penas de mi alma.

Aquiles Tacio: Leucipa y Clitofonte (Gredos, 1982)
Traducción: Máximo Brioso Sánchez y Emilio Crespo Güemes

29 Νοεμβρίου 2010

ΜΙΑ ΕΥΓΕΝΙΚΗ ΦΙΛΙΑ

Museo de Arte de San Antonio, c. 425 a.C.
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Υ ocurrió también otro hecho de amistad no sin nobleza: Policarmo, el amigo de Quéreas, durante lo ocurrido no había sido visto entre la gente, sino que incluso había dicho a sus padres:
- Muy querido en vedad, mucho, me lo es Quéreas, pero no hasta el punto de correr con él tan terribles peligros. Por ello, hasta que él parta permaneceré apartado.
Pero cuando la nave se había alejado de tierra se despidió de ellos desde su pòpa, para que ya no pudieran retenerle.

Caritón de Afrodisias: Queréas y Calírroe (Gredos, 1979)
Trad.: Julia Mendoza

23 Νοεμβρίου 2010

Ο ΙΕΡΟΣ ΛΟΧΟΣ ΤΩΝ ΘΗΒΩΝ

El Batallón Sagrado de Tebas (en griego antiguo ἱερὸς λόχος / hieròs lókhos) era una unidad de élite griega formada por 150 parejas de amantes, todos masculinos. El Batallón Sagrado de Tebas fue una parte importante de la infantería griega durante cerca de 33 años. Su mayor derrota sucedió en la Batalla de Queronea, en el 338 a. C. Aunque Plutarco afirma que los 300 componentes del batallón murieron ese día, otros escritores afirman que 250 perecieron y que el resto sólo fueron heridos. Estos datos fueron verificados en su tumba comunal en Queronea, en la cual fueron hallados 254 esqueletos, alineados en siete filas. (es.wikipedia.org)

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IV. [...] se atiende después al amor y respeto con que miró Pelópidas a Epaminondas, con razón y justicia se tendrá a éstos por verdaderos colegas en el gobierno y en la milicia, en comparación de aquellos que toda la vida contendieron más entre sí que con los enemigos. La causa cierta de esta unión fue la virtud, por la cual no buscaban con sus hechos aplausos o riquezas, cosas a las que por naturaleza es inherente una porfiada y rencillosa envidia, sino que, amándose recíprocamente desde el principio con un amor sagrado, dirigían de común acuerdo sus conatos y sus triunfos al placer de ver a su patria elevada por ambos a la mayor grandeza y esplendor. Aunque algunos opinan que esta amistad tan íntima tuvo principio en la expedición de Mantinea, en la que militaron con los Lacedemonios, que todavía les eran amigos y aliados, con motivo de haber la ciudad de Tebas enviándoles socorros. Porque colocados juntos entre la infantería y peleando contra los Árcades, cuando vio el ala derecha de los Lacedemonios que les estaba opuesta, y se desbandó la mayor parte, formando ellos galápago hicieron frente a cuantos los embistieron. Al cabo de poco, Pelópidas, que había recibido cara a cara siete heridas, vino a caer entre multitud de cadáveres de amigos y enemigos, y entonces Epaminondas, no obstante tenerle por muerto, para proteger su persona y sus armas siguió la pelea y el riesgo, solo contra muchos, teniendo por mejor morir en la demanda que abandonar a Pelópidas caído: hasta que, hallándose ya él mismo en el peor estado, herido de una lanzada en el pecho y de una estocada en un brazo, vino en su auxilio de la otra ala Agesípolis, rey de los Espartanos, y contra toda esperanza los recobró a entrambos.

Andrey Ivanov (1805-1806): La muerte de Pelopidas
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XVIII. La cohorte sagrada se dice haber sido Górgidas el primero que la formó de trescientos hombres escogidos, a los que la ciudad les daba cuartel y ración en la ciudadela, por lo que se llamaba asimismo la cohorte cívica; pues, a lo que parece, los de aquel tiempo daban también el nombre de ciudades a los alcázares. Algunos son de opinión que este cuerpo se compuso de amadores y de amados, conservándose en memoria cierto chiste de Pámenes: porque decía que el Néstor de Homero no se había acreditado de táctico cuando ordenó que los Griegos formasen por tribus y por curias. A su curia se agregue cada curia, y con su tribu se una cada tribu. Pues lo que se debía mandar era que el amante tomase formación junto al amado; porque en los riesgos, los de la misma curia o tribu no hacen mucha cuenta unos de otros mientras que la unión establecida por las relaciones de amor es indisoluble e indivisible; pues, temiendo la afrenta, los amantes por los amados, y éstos por aquellos, así perseveran en los peligros los unos por los otros. No debe tenerse esto por extraño, cuando se teme más la afrenta que puede venir de los amantes no presentes que la de cualesquiera otros testigos, como se vio en aquel que estando caído, y para recibir el último golpe de su contrario, le rogó que le pasara la espada por el pecho, para que si su amado le veía muerto no tuviera motivo de avergonzarse, creyéndole herido por la espada. Refiérese asimismo que siendo Yolao amado de Heracles participó también de sus trabajos y le asistió en ellos, y dice Aristóteles que en su tiempo todavía hacían sobre el sepulcro de Yolao sus mutuas promesas los amados y amadores. Era razón, pues, que la cohorte se llamara sagrada, cuando Platón llama al amante amigo divino. Dícese, además, que esta cohorte permaneció invicta hasta la batalla de Queronea, después de la cual, reconociendo Filipo los cadáveres, se paró en el sitio donde habían caído los trescientos que frente a frente se habían opuesto en paraje estrecho a las armas enemigas; y hallólos amontonados entre sí, lo que le causó extrañeza, y cuando supo que aquella era la cohorte de los amadores y los amados, se echó a llorar, y exclamó: “Vayan noramala los que hayan podido pensar que entre semejantes hombres haya podido haber nada reprensible”.

XIX. Por fin, a esta intimidad de los amantes no dio origen entre los Tebanos, como lo dicen los poetas, el desgraciado suceso de Layo , sino los legisladores, quienes, queriendo mitigar y suavizar desde la juventud lo que había en su carácter altivo e indócil, en toda ocupación y juego quisieron que interviniese la flauta, conciliando a la música honor y consideración; y en las palestras procuraron mantener este amor tan provechoso, para templar con él las costumbres de los jóvenes. Por lo mismo, como que concedieron con razón el derecho de ciudad a aquella diosa que se finge nacida de Ares y Afrodita , para que lo pendenciero y belicoso se uniese con lo que participa más especialmente de la persuasión y de las gracias y resultase un gobierno que fuese el más solícito y más arreglado, arreglándolo todo la armonía. Esta cohorte sagrada Górgidas la repartió en la primera fila y la distribuyó por toda la falange entre la infantería, con lo que oscureció la virtud de aquellos varones, y no empleó su fuerza para que obrase en común, pues que estaba como disuelta y confundida con los que eran inferiores; mas Pelópidas, luego que restableció la virtud de aquellos en Tegiras, habiéndolos visto combatir denodadamente a su lado, ya no la dividió o diseminó, sino que, empleando el cuerpo reunido, lo puso delante en los más arriesgados combates. Pues así como los caballos corren con mayor velocidad en los carruajes que solos, no porque en mayor número rompan más fácilmente el aire, sino porque enardece su aliento la reunión y la competencia de unos con otros, creía que de la misma manera los hombres valerosos, tomando entre sí emulación para las acciones brillantes, se hacían más útiles y más ardientes para lo que tenían que hacer en común.

Plutarco: Vidas Paralelas - Pelópidas


Isaak Walraven (1686-1765): La muerte de Epaminondas

17 Νοεμβρίου 2010

ΠΙΝΔΑΡΟΣ 3


A Trasideo de Tebas

Musa, si conviniste en ofrecer, a cambio de paga,
tu voz, obediente a la plata, a ti te corresponde hacerla tremolar
aquí y allá
en honor de Pitónico,
el padre, o de su hijo Trasideo,
cuya felicidad y fama están flameantes.
Hermosa fue su victoria de antaño con el carro
y en Olimpia conquistaron con sus caballos
el rayo veloz de los célebres juegos;
mientras que en Pito, al bajar a la arena para la carrera ligera,
fueron superiores a la helénica concurrencia
por su rapidez. Que no ambicione yo más bienes que los divinos,
con aspiraciones adecuadas a la edad,
pues cuando me encuentro con que en una ciudad
los de enmedio poseen flor de prosperidad más duradera,
censuro el destino de las tiranías.
Dedicado estoy a los logros compartidos: fuera los envidiosos.
Mas cuando uno alcanza la cima
y con pacífica conducta escapa
de la funesta desmesura, puede hacer más bella travesía hasta el límite
de la negra muerte si a su gratísima descendencia
ha proporcionada renombrada gloria, más poderosa que todas las riquezas.
Tal don es el que distingue al hijo de Ificles,
Yolao, el que himnos dedicamos, y al fuerte Cástor,
y a ti, soberano Polideuces, hijos de dioses,
que un día habitáis en la sede de Terapna
y al otro dentro del Olimpo.

[Introducción a la Pítica XI (Fragmento) ]

Píndaro, poeta tebano. Copia romana de original griego de s. V a.C.

A Hagesidamo, niño, vencedor en el pugilato

Leedme en voz alta el nombre del vencedor olímpico,
el hijo de Arquιstrato, a ver en qué parte de mi espíritu
está escrito, pues se me había olvidado que le debía
un dulce canto. Musa, tú y la Verdad,
hija de Zeus, con la mano enderezadora,
rechazad la censura embustera
de que he faltado contra el huésped....

asν también cuando un hombre, Hagesidamo,
que ha conseguido victorias llega al predio de Hades
sin ser cantado, con vana aspiración ha obtenido para su esfuerzo
placer breve; pero sobre ti la lira de grata voz
y la dulce flauta esparcen su encanto.
Nodriza de tu ancha fama
son las Piérides, hijas de Zeus.
Yo he emprendido esta tarea con afán y me he posado
sobre el glorioso pueblo locro, para verter
miel sobre esta viril ciudad.
Al hijo seductor de Arquéstrato
he elogiado, pues le vi vencer con la fuerza de su puρo
junto al altar de Olimpia
en aquella ocasión:
poseía esa mezcla de hermosura externa
y lozanía que antaρo a Ganímedes
libro de la muerte, que a nadie respeta
con la ayuda de la Cípride.

[Introducción a la Olímpica X (Fragmento) ]
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(*) La Cípride es Afrodita, diosa del amor. Ganímedes fue raptado por Zeus en plena adolescencia al haberse enamorado el Dios del Olimpo del joven príncipe, y destinado a ser su copero, con vida y juventud eternas. La equiparación del vencedor con Ganímedes no puede ser mas elogiosa.
(islaternura.com)

+ sobre Píndaro aquí:

ΠΙΝΔΑΡΟΣ 1. ΟΛΥΜΠΙΟΝΙΚΟΙ

ΠΙΝΔΑΡΟΣ 2. ΕΓΚΩΜΙΟ ΤΟΥ ΘΕΟΞΕΝΟΥ ΤΟΥ ΤΕΝΕΔΙΟΥ

11 Νοεμβρίου 2010

ΝΑΡΚΙΣΣΟΣ ΚΑΙ ΑΜΕΙΝΙΑΣ - ΗΡΑΚΛΗΣ ΚΑΙ ΙΟΛΑΟΣ

Narciso, por Caravaggio -Narciso por Adolf Joseph Grass - Narciso por Ib Monrad Hansen
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En la mitología griega, Narciso (en griego Νάρκισσος) era un joven conocido por su gran belleza.
Versión helénica
Se trata de una historia moral en la que el orgulloso e insensible Narciso es castigado por los dioses por haber rechazado a sus pretendientes masculinos. Se cree que es una historia moralizante dirigida a los adolescentes griegos de la época. Hasta hace poco la única fuente de esta versión era un fragmento de Pausanias (9.31.7), 150 años posterior a Ovidio. Una versión muy similar fue descubierta en el llamado "Papiro de Oxyrhynchus" en el año 2004, una versión muy anterior a la de Ovidio en al menos unos cincuenta años.
En la historia helénica el joven Ameinias ama a Narciso pero es rechazado cruelmente por él. Como una forma de burlarse de Ameinias, Narciso le entrega una espada, que Ameinias utiliza para suicidarse ante las puertas de la casa de Narciso, mientras reza a la diosa Némesis pidiéndole que Narciso un día conozca el dolor del amor no correspondido. Esta maldición se cumple cuando Narciso se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque e intenta seducir al hermoso joven sin darse cuenta de que se trata de él mismo hasta que intenta besarlo. Entristecido de dolor, Narciso se suicida con su espada y su cuerpo se convierte en una flor
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Heracles, Yolao y Atena, 540 a.C.
Heracles (a la derecha) y Iolao (a la izquierda). Enócoe ática de figuras negras y de fondo blanco, 500-490 a.C.
Heracles con su amante Yolao, unidos por Eros. Vaso etrusco.
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En la mitología griega Yolao, Iolas o Iolao (en griego antiguo Ίόλαος), hijo de Ificles y Automedusa, era uno de los más fieles compañeros de su tío Heracles, a quien solía conducir el carro. Plutarco y Eurípides le presentan incluso como su erómeno (amante).
Mitología
Ayudó a su tío a matar a la hidra de Lerna (cauterizando sus muchos cuellos a medida que Heracles los decapitaba para impedir que las cabezas se regenerasen) y a capturar el ganado de Gerión. Tomó parte en la expedición de los argonautas y también en la caza del jabalí de Calidón. También ganó en los primeros Juegos Olímpicos, instituidos por Heracles, conduciendo los caballos de éste.
Se casó con Mégara, a quien le había cedido su tío porque le recordaba el asesinato de los hijos de ambos, y tuvo con ella una hija, Leipefilena. Fue enviado por Heracles a Cerdeña al mando de los hijos que había tenido con las hijas de Tespio, los tespíadas, con la orden de fundar una colonia. Allí tomó de los habitantes salvajes las mejores regiones del país, las civilizó, y sería más tarde adorado en ellas. De Cerdeña fue a Sicilia, y luego volvió con Heracles poco antes de la muerte de éste.
Después de que Deyanira envenenase a su esposo Heracles, creyendo que le era infiel con Yole, Yolao prendió la pira funeraria en la que se inmoló (si bien otras versiones dicen que fue Filoctetes). Tras esto, cuando sus restos no pudieron ser descubiertos (porque había sido ascendido al Olimpo), Yolao fue el primero que le ofreció sacrificios como un semidiós.
Según Pausanias Yolao murió en Cerdeña, mientras que según Píndaro y otras fuentes fue enterrado en la tumba de su abuelo, Anfitrión, donde fue adorado como un héroe. Sus descendientes en Cerdeña fueron llamados Ίολαεις (Estrabón v, p.225) y yolaenses.
Tal era su apego por los hijos de Heracles que tras su muerte, cuando Euristeo exigió a los atenienses la rendición de éstos, que habían sido amablemente recibidos en la ciudad, Yolao pidió a los dioses del inframundo permiso para recuperar por una hora su juventud y volver de nuevo a la tierra para ayudarles. El permiso le fue concedido y así mató a Euristeo.
Culto
Según Diodoro Sículo, Yolao fue objeto de un culto heroico en Sicilia, donde Heracles le había consagrado un bosque y distintos sacrificios. Se le veneraba especialmente en la ciudad de Agira:
Los que permanecen en la ciudad de Agira dedican su cabellera a Yolao y la dejan crecer cuidadosamente hasta que está en condiciones de ser ofrecida a este dios con grandes ceremonias. Su templo es tan santo y respetable que los que faltan a los sacrificios acostumbrados pierden la voz y pasan a estar como muertos. Sin embargo vuelven a su estado original en cuanto hacen voto de satisfacer este deber y dan las seguridades convenientes. Los habitantes de Agira llaman Herculana a la puerta ante la que hacen sus ofrendas a Yolao. Celebran su fiesta todos los años con la misma solemnidad, con ejercicios de lucha y carreras de caballos, sin distinguir en ellas a los amos de los esclavos, admitiéndolos a las mismas danzas, mesas y sacrificios.
En la época de Pausanias aún existía una ciudad llamada Iolaïa en Cerdeña, donde Yolao era adorado como un héro.
En Tebas, donde se le reconocía como el erómenos de Heracles, había una tumba en su honor, a la que los amantes acudían a proclamar fidelidad a su pareja y al héroe, y el amante regalaba a su amado una armadura cuando éste alcanzaba la mayoría de edad. Esta tumba todavía existía en el siglo II a. C. Los dos gimnasios de Tebas estaban dedicados uno a Heracles y otro a Yolao. Para honrar a este último, los tebanos crearon un festival atlético anual llamado "la yolea".
(es.wikipedia.org)

5 Νοεμβρίου 2010

Η ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΘΗΒΑ

La pederastia tebana era una costumbre social que consistía en educar a los adolescentes tebanos de clase alta para que enfrentasen las responsabilidades de la vida adulta a través de una relación amorosa y sexual con un aristócrata adulto. Se cree que dicha costumbre se introdujo en los tiempos de la invasión doria, alrededor del 1200 a. C., o en la Época Arcaica, poco después del 630 a. C., que fue el año en que se introdujo en Creta según otra teoría.
Esta costumbre se reflejaba en la religión, como lo indican varios mitos de temática pederasta. También estaba integrada en la vida militar de la ciudad, tanto en el entrenamiento de los soldados como en la propia guerra.
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Mosaico romano que representa a Heracles y Yolao
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Mitología
En Tebas, la principal polis de la región de Beocia, un famoso foco pederasta, esta práctica ya estaba en el mito de la fundación de la ciudad. Dicho mito pretendía enseñar su moraleja a través de un contraejemplo: muestra a Layo, un héroe divino y uno de los ancestros míticos de los tebanos, en el papel de un amante que traiciona a su padre y viola a su hijo, Crisipo. Los dioses le dieron un castigo ejemplar por este doble delito, y este castigo no sólo lo sufrió Layo sino también su propio hijo, Edipo, y los hijos de éste. En lo que parece un intento de enfatizar el crimen de Layo, los antiguos no representaban a su víctima como un adolescente -como solían aparecer los erómenoi en la cerámica griega- sino como un niño, en referencia al desprecio que sentían los griegos por los hombres que perseguían a menores de edad. El mito de Layo y Crisipo le valió a Tebas la distinción de ser, dentro del continente griego, la "fuente legendaria de la pederastia".
Otro mito beocio de temática pederasta es la historia del héroe Narciso de Tespias, un mito que, en su forma arcaica, advertía a los adolescentes de que no debían ser crueles con sus amantes.
Yolao era otro héroe pederasta al que honraban en Tebas. Allí se le reconocía como el erómenos de Heracles y tenía una tumba en su honor, a la que los amantes acudían a proclamar fidelidad a su pareja y al héroe, y el amante regalaba a su amado una armadura cuando éste alcanzaba la mayoría de edad. Esta tumba todavía existía en el siglo II a. C. Los dos gimnasios de Tebas estaban dedicados uno a Heracles y otro a Yolao. Para honrar a este último, los tebanos crearon un festival atlético anual llamado "la yolea".
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Louis Gallait - The Death of Epaminondas
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Historia y práctica
La pederastia tebana no fue el resultado del "desastre de Layo", sino que fueron los legisladores tebanos los que instituyeron la pederastia como un instrumento educacional para muchachos, con el objetivo de "ablandar, mientras fueran jóvenes, su fiereza natural," y "templar las maneras y caracteres de la juventud." Jenofonte señala que "entre los beocios, hombre y muchacho viven juntos, como personas casadas." Cuando el muchacho alcanzaba la edad necesaria para servir en el ejército, su amante le presentaba todas las armas que requeriría.
Un legislador tebano famoso por su relación homoerótica fue Filolao de Crotona, un corintio que se asentó en Tebas y que tuvo en su amado al atleta olímpico también corintio Diocles. Su relación duró toda la vida y pudo no haber sido pederasta.
Hacia el final del periodo clásico de la historia tebana, Górgidas, un conocido hombre de estado y general formó un batallón militar compuesto de 150 parejas de hombres junto a sus jóvenes amantes, conocido como el Batallón Sagrado de Tebas, que mantuvo la reputación de imbatibilidad hasta que cayó en la batalla contra Filipo II de Macedonia en Queronea en el 338 a. C.
Las fuentes contemporáneas (en su mayoría atenienses) parecen indicar que la pederastia en Tebas era más libre que en otras ciudades (de hecho, no tenía obstáculos), y en su mayoría se refieren a los tebanos como los "marranos beocios" por sus maneras rurales. En El banquete de Platón, el personaje de Pausanias explica que las reglas de Tebas animan a los muchachos a satisfacer a sus amantes sexualmente, para librar a los hombres de la carga de tener que convencer a los muchachos (supuestamente, más difícil para los tebanos a tenor de sus pobres habilidades oratorias). Los contextos cómicos y filosóficos del trabajo de Platón, sin embargo, deben tenerse en cuenta a la hora de considerar la veracidad de esta afirmación. Los estudios comparativos modernos sugieren que esta panorámica de la pederastia tebana es inexacta, resultado de las actitudes nacionalistas y xenófobas por parte de los escritores.
Píndaro, un poeta tebano que es una de las escasas fuentes primarias de la pederastia tebana, presenta una visión más convencional, en la que el atletismo y el deseo sexual están íntimamente relacionados. De la misma manera, las pinturas en cerámicas parecen mostrar una serie de prácticas similares a las que se aprecian en las vasijas de Atenas y Corinto.

Amantes famosos
Epaminondas intimó con un joven de nombre Micitos. Plutarco también menciona a dos de sus amados (erómenos): Asópico, quien peleó junto a él en la batalla de Leuctra, donde se distinguió sobremanera; y Capisdoros, quien cayó junto a Epaminondas en Matinea y fue enterrado a su lado. (es.wikipedia.org)

30 Οκτωβρίου 2010

ΙΠΠΟΘΑΛΗΣ - ΛΥΣΙΣ. Ο ΕΥΓΕΝΗΣ ΕΡΩΣ

450 a.C., Staatliche Antikensammlung, Múnich
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Iba de la Academia al Liceo por el camino de las afueras a lo largo de las murallas, cuando al llegar cerca de la puerta pequeña que se encuentra en el origen del Panopo, encontré a Hipotales, hijo de Hierónimo, y a Ctesipo del pueblo de Peanea, en medio de un grupo numeroso de jóvenes.
[...]
—Hipotales, hijo de Hierónimo, le dije, no tengo necesidad de que me digas, si amas o no amas; me consta, no sólo que tú amas, sino también que has llevado muy adelante tus amores. Es cierto que en todas las demás cosas soy un hombre inútil y nulo, pero Dios me ha hecho gracia de un don particular que es el de conocer a primer golpe de vista el que ama y el que es amado.
Al oír estas palabras, se ruborizó mucho más.
—¡Vaya una cosa singular! Hipotales, dijo Ctesipo. Te ruborizas delante de Sócrates y tienes reparo en descubrir el nombre que quiere saber, cuando por poco tiempo que permanezca cerca de tí, se fastidiará hasta la saciedad de oírtelo repetir. Sí, Sócrates, nos tiene llenos y hasta ensordecidos con el nombre de Lisis; y sobre todo, cuando se excede algo en la bebida, se nos figura, al despertar al día siguiente, estar oyendo el nombre de Lisis. Y todavía es disimulable, cuando sólo lo hace en prosa en la conversación, pero no se limita a esto, sino que nos inunda con sus piezas en verso. Y lo intolerable es el oírle cantar en loor de su querido con una voz admirable; sin embargo, nos precisa a escucharle. Y ahora viene ruborizándose al oír tus preguntas.
—Ese Lisis, le dije, es muy joven a mi entender. Supongo esto, porque al nombrarle tú, no he podido recordarle.
—En efecto, sólo se le conoce con el nombre de su padre, que todos saben quién es. Pero debes conocerle de vista, porque para esto basta haberle visto una vez.
—Dime, ¿de quién es hijo?
—Es el hijo mayor de Demócrates, del pueblo de Exonea.
—Tus amores, Hipotales, son nobles, y te honran en todos conceptos

Platón: Lisis

(todo el texto aquí)

24 Οκτωβρίου 2010

ΑΡΜΟΔΙΟΣ ΚΑΙ ΑΡΙΣΤΟΓΕΙΤΩΝ. ΟΙ ΕΡΩΤΕΥΜΕΝΟΙ ΤΥΡΑΝΝΟΚΤΟΝΟΙ 2

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A la muerte de Pisístrato retuvieron el poder sus hijos, y llevaban adelante los asuntos públicos de la misma manera. Eran de su esposa legítima dos, Hipias e Hiparco, y dos de la argiva, Iofón y Hegesñistrato, cuyo sobrenombre esra Tésalo. (…) Eran soberanos en los asuntos públicos, por su dignidad y por su edad, Hiparco e Hipias; siendo el mayor Hipias y de natural político y prudente, estaba al frente del poder. Hiparco eran amigo de diversiones, enamoradizo y amante de la musas (éste fue el que invitó a Anacreonte, a Simónides y a los demás poetas). Tésalo era mucho más joven, y en sus maneras atrevido e insolente, de lo cual les sobrevino el comienzo de todos los males. Pues se enamoró de Harmodio, y fracasando en su amor, no contuvo la ira, sino que la manifestó amargamente en todo; y, por fin, cuando la hermana de aquél iba a llevar la canastilla en las Panateneas, se lo impidió tildando a Harmodio y que con Aristogitón llevasen a cabo la hazaña con la participación de muchos: en las Panateneas, vigilaban a Hipias en la Acrópolis (pues era éste casualmente el que recibía la procesión, e Hiparco era el que la conducía), y al ver a uno de los cómplices en la traición que se comunicaba con Hipias afablemente, y pensando que los estaba denunciando, quisieron hacer algo antes de ser apresados, bajaron y se dieron muerte a Hiparco que ordenaba la procesión junto al Leocoreo, pero estropearon todo lo tramado. De ellos, Harmodio murió inmediatamente a manos de los de la Guardia, y Aristogitón fue apresado más tarde y durante mucho tiempo maltratado. Acusó en las torturas a muchos que eran por nacimiento distinguidos y amigos de los tiranos. Así no pudieron de momento encontrar ninguna huella de la conspiración; pero la historia que se cuente de que Hipias despojando de las armas a los de la procesión decubrió los que tenían puñales, no es verdadera, pues no iban entonces en la procesión con armas, sino que esto lo dispuso el pueblo más tarde. Acusó a los amigos del tirano, según dicen los de las clases populares, deliberadamente, para que incurrieran en impiedad y, al mismo tiempo, se debilitaran, dando muerte a inocentes y a sus propios amigos; pero según algunos dicen, no inventó, sino que denunció a los cómplices. Finalmente, viendo que no podía morir por mucho que hiciera, prometió que iba a denunciar a otros muchos y persuadió a Hipias de que, en prueba de confianza, le diera la mano. Una vez que la cogió, le reprochó el haber dado el haber dado la mano al asesino de su hermano, y exasperó tanto a Hipias, que no se contuvo y sacando la espada lo mató.
Después de esto, sucedió que la tiranía se hizo mucho más dura, pues por vengar a su hermano y por haber matado y desterrado a muchos, se hizo para todos no digno de fiar y cruel.

Aristóteles: Constitución de los Atenienses (Gredos, 1984)
Trad.: Manuela García Valdés

Cabeza de Harmodio (copia romana), Museo Metropolitano, Nueva York
Cabeza de Aristogitón (copia romana), Museo Archeologico de Campi Flegrei
Tiranicidas (ca. 400 a.C), Museo de Bellas Artes, Boston

18 Οκτωβρίου 2010

ΑΡΜΟΔΙΟΣ ΚΑΙ ΑΡΙΣΤΟΓΕΙΤΩΝ. ΟΙ ΕΡΩΤΕΥΜΕΝΟΙ ΤΥΡΑΝΝΟΚΤΟΝΟΙ 1

54. La proeza de Aristogitón y Harmodio tuvo su origen en un caso de amor, caso con el que, extendiéndome algo más, demostraré que ni los propios atenienses ni los demás hablan con exactitud ni de sus tiranos ni de lo sucedido. Cuando murió Pisístrato, ya anciano, detentando la tiranía, obtuvo el poder no Hiparco, como muchos creen, sino Hipias, que era el mayor. Como Harmodio estaba en la flor de la edad, Aristogitón, un ciudadano de clase media, se enamoró y estuvo ligado a él. Objeto Harmodio de los tanteos amorosos de Hiparco, no se deja persuadir y se lo revela a Aristogitón. Éste, muy dolido por su amor y lleno de temor ante el poder de Hiparco, por si intenta atraérselo por la fuerza, empieza a tramar el derrocamiento de la tiranía recurriendo al prestigio de que goza.
Entre tanto, Hiparco, como tras nuevos intentos no consiguió por ello persuadir más a Harmodio sin recurrir a acciones violentas, buscaba un modo encubierto de vilipendiarle y que no diese a entender que era por eso.
Ni siquiera resultaba molesto para la mayoría en las otras facetas del ejercicio de su poder, sino que su actitud no provocaba antipatías. Esos tiranos actuaron en la inmensa mayoría de los casos con generosidad e inteligencia, y, exigiendo a los atenienses tan sólo la vigésima parte de sus productos, embellecieron su ciudad, sostuvieron las guerras y continuaron con los sacrificios. Por lo demás la ciudad seguía gobernándose por las leyes vigentes antaño, con la única excepción de que procuraban ejercer siempre algún caso. (…)
55. (…) Fue Hiparco, debido al renombre que alcanzó por su desgracia sentimental, quien en tiempos posteriores fue considerado tirano.
56. el caso es que Hiparco, tal como había planeado, humilló a Harmodio por haber rechazado sus intentos. Efectivamente, después de haber invitado como canéfora de una procesión a una hermana suya que estaba soltera, la despidió diciendo que para empezar ni siquiera se la había invitado por no creerla digna de ello. Aunque Harmodio lo tomó a mal, mucho más se enojó Aristogitón por su causa. Habían llevado a cabo todos los preparativos junto con los que colaboraban en la empresa, pero aguardaban a las Grandes Panateneas, único día en el que no resultaba sospechoso que formaran grupos armados los ciudadanos que participaban en la procesión. Ellos deberían empezar y enseguida les apoyarían en su lucha contra su escolta. Por rezones de seguridad no eran muchos los conjurados, pues esperaban que incluso quienes no lo supiesen de antemano, mientras tuvieran armas, querrían al instante colaborar con ellos a la propia liberación en cualquier golpe de audacia que intentasen.
57. el día de la fiesta, Mientras Hipias estaba en las afueras, en el llamado Cerámico, acompañado de su escolta, Harmodio y Aristogitón armados de puñales se aprestaban a la acción. Pero cuando vieron que uno de los conjurados hablaba familiarmente con Hipias, pues era fácil abordarle, se llenaron de temor pensando que habían sido delatados y prácticamente estaban presos. Entonces, antes de que fueran apresados, quisieron tomar venganza, si podían, del que había causado su aflicción y por cuya culpa corrían peligro. Sin más, se lanzaron puertas adentro y encontraron a Hiparco junto al denominado Leocorio; atacándole de inmediato de manera irreflexiva y airada, el uno por amor, el otro por el ultraje, le hirieron repetidamente hasta matarle. De momento, Aristogitón logró escabullirse de la escolta, al arremolinarse la muchedumbre, pero apresado después, no fue tratado de modo agradable. Harmodio pereció allí mismo al instante.
58. Cuando se informó a Hipias en el Cerámico. Este no fue enseguida al lugar del suceso, sino a donde estaban los hoplitas de la procesión, antes de que se enterasen, ya que se encontraban lejos. Fingiendo de modo que no se revelasen en su rostro la desgracia, les indicó un lugar y les dio orden de que acudiesen allí sin las armas.
Ellos fueron por creer que les iba a decir algo importante; pero Hipias, después de ordenar a su escolta que recogiese las armas, empezó a sacar a quienes creía culpable así como a todos el que se encontró con un puñal, ya que era costumbre participar en la procesión armado de lanza y escudo.
59. De este modo, por una pena de amor, se inició la conspiración y se dio en Harmodio y Aristogitón un atrevimiento irreflexivo motivado por el pánico del momento.
Después de esos hechos la tiranía se hizo más dura para los atenienses, y Hipias, con más recelos que antes, llevaba a la muerte a muchos ciudadanos mientras empezaba a dirigir su atención al exterior, por si encontraba en alguna parte seguridad para sí en caso de cambio político.

Tucídides: Historia de la Guerra del Peloponeso (Cátedra, 1988)
Traducción: Francisco Romero Cruz
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Harmodio y Aristogitón, copia romana de la estatua Ateniense de Kritios y Nesiotes

12 Οκτωβρίου 2010

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 4


Homofíla y actividades gímnicas.
Las relaciones entre las actividades del gimnasio y el amor por los jóvenes están confirmadas incluso por una ley de Solón, que nos remonta a comienzos del siglo VI. Citada por Esqines en el s. IV esta disposición prohibía a los esclavos practicar los ejercicios del gimnasio y establecer allí relaciones amorosas (paiderastein ou eran) con los adolescentes de condición libre. La anécdota cuenta que el tirano Polícrates de Samos habría hecho destruir las palestras para poner fin a las relaciones eróticas, y en consecuencia, a las philíai que allí se entablaban. Paradójico para quien haya leído a Íbico, este relato anecdótico va en el mismo sentido. En cuanto a los metecos, hombres libres privados de la ciudadanía, acabamos de ver que el culto les reservaba un Eros rival.
Es evidentemente desde la perspectiva de esta referencia institucional como hay que leer las numerosas desapariciones prematuras de adolescentes, eromenoi murtos accidentalmente, o raptados por un erastés en el curso de un ejercicio de gimnasio. Ya se trate del tierno Jacinto alcanzado por el disco que lanzó la mano de su erastés Apolo, o de Crisipo, el hijo de Pélope raptado por Layo, que se prendó del joven cuando le ensañaba el arte de conducir carros, o, mucho más tarde, del joven troyano Anteo, amado de Paris y muerto a manos de su amante durante unos juegos gímnicos, esas muertes o raptos, menos iniciáticos y narrativos, fijan la atención del oyente sobre la combinación de la relación de homofilia con la educación recibida por medio de las actividades del gimnasio. Es también éste el momento de recordar la figura de Yolao, el joven tebano amado y ayudante de Heracles. Venerado especialmente en Tebas durante una fiesta atlética que llevaba su nombre, tenía allí su sepulcro; situado en el exterior de la puerta Prétide, este mnema estaba cercano al estadio y a un gimnasio bautizado también con el nombre de Yolao. Era allí, donde, según nos dice Aristóteles, los erastaí y los erómenoi prestaban juramento de fidelidad (písteis).
Por otra parte, la iconografía de fines de la época arcaica y de los comienzos de la época clásica dibuja mediante los signos distintivos el segundo espacio, junto al banquete, que sirve de decoración a las escenas de cortejo y del amor homófilo. Escenas en general marcadas por la presencia de un animal, de corral o salvaje, pero domesticado. Este animal, regalo del adulto al erómenos, parece de materializar el contrato de philía propuesto al joven, él también domesticado desde ese momento. Se encontrará así en el regalo del animal la correspondencia icónica de la metáfora textual del erastés sometiendo al yugo y domesticando al erómenos. Sin duda, al hacernos asistir con preferencia a la caza de esos animales domesticados en las escenas de cortejo, los ilustradores del período arcaico parecen haber sido sensibles a una fase anterior al contrato erótico entre adulto y adolescente; el hecho mismo de que esas panteras o esas liebres sean cazadas y después domadas no por los adolescentes, sino por los adultos, impide darles a estas imágenes la interpretación iniciática que sugieren. ¡Si hay iniciación, tiene lugar no en la caza, sino en el gimnasio o en sus cercanías!
Más allá de la distancia satírica que adoptan respecto a las prácticas homoeróticas, sobre la que volveremos a tratar, los textos de Aristófanes contienen testimonios de la influencia de las actividades del gimnasio en el desarrollo de las relaciones homófilas. (…) Al indagar sobre el origen del amor por los bellos jóvenes, Cicerón lo encuentra naturalmente en los gimnasios de los griegos, «in quibus isti liberi et concessisunt amores».

Claude Calame: Eros en la Antigua Grecia (Akal, 2002)

6 Οκτωβρίου 2010

Η ΑΝΔΡΙΚΗ ΟΜΟΦΥΛΟΦΙΛΙΑ ΣΤΗΝ ΑΡΧΑΙΑ ΕΛΛΑΔΑ 3

475 a.C, Museo de Vaticano
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La Homosexualidad masculina en la Antigua Grecia 3

Las relaciones homosexuales griegas en su vertiente pederástica se contemplaban dentro de la sociedad griega como una relación sexual normal y practicada por la mayoría de los individuos.
Este tipo de relaciones estaban estrechamente ligadas a la sociabilidad masculina, al mundo del banquete, del que se excluían las mujeres decentes, las esposas. Por tanto, no es de extrañar que en la perspectiva griega este tipo de relación amorosa se considerase superior a la mantenida con las mujeres puesto que estas no podían ser compañeras de la vida social masculina.
En el centro de la organización social se situaba la relación homosexual que daba la vida al varón adulto dentro del grupo social, en tanto que por medio de ella se creaba el hombre como individuo social, como adulto con derechos y no ya como un niño.
Dado el carácter pederástico de este tipo de relaciones, las ciudades, como, por ejemplo, Atenas, se esforzaron por garantizar que éstas se desarrollasen dentro de los límites de la educación de los jóvenes. Las relaciones homosexuales entre jóvenes y adultos duraban un período de tiempo delimitado que finalizaba una vez que el muchacho había alcanzado la madurez, con la cual debía abandonar su papel sexual pasivo como amado para pasar a asumir su paèl bisexual activo de amante, como esposo y como educador de un joven.
Es, precisamente, en esta diferenciación entre papelas sexuales activos y pasivos donde radica, fundamentalmente la crítica griega a la relación homosexual no pederástica o a la prostitución masculina. En ambas, el varón adulto que aceptaba jugar un papel pasivo contravenía el rol sexual que socialmente le correspondía. Así pues, podríamos definir este tipo de relación homosexual no pederástica como improductiva, puesto que tiene por fin la satisfacción sexual y amorosa de ambos individuos pero no supone labor educativa alguna.
La pederastia griega puede, por tanto, ser definida como una relación sexual productiva puesto que, por medio de ella, los muchachos llegaban a hacerse hombres, era como una especie de rito iniciático en el que el joven completaba su educación con vistas a su futuro papel de ciudadano.
Frente a la relación heterosexual, encargada, evidentemente, de traer nuevos individuos al mundo, la homosexualidad pederástica griega era la relación sexual por medio de la cual se aportaban ciudadanos a la comunidad política. Con ella se producía el proceso que podíamos denominar como de nacimiento social, a cuya finalización el muchacho abandonaba el indefinido mundo de la infancia para ingresar en el mundo de los hombres, en la ciudad y en la vida política. (…)

Francisco Javier González García: Mito e ideología. Supremacía masculina y sometimiento femenino en el mundo griego antiguo
en Los orígenes de la mitología griega (Acal, 1996)
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